El resbaladero
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El resbaladero
La vida es un equilibrio muy delicado. Dicen en el Instituto Santa Fe que la vida se da solo en “el borde del caos termodinámico”. Para decirlo fácil, la vida se da en la cima de un resbaladero. Te puedes caer al subir la escalera o te puedes resbalar hacia el suelo en un instante.
En la vida del ser humano, este resbaladero tiene muchas bajadas. La más pronunciada es dejar de respirar. En tres minutos sin oxígeno, te mueres. De esa resbalada nadie se salva. También dejar de tomar agua, o dejar de comer, aunque llevan más tiempo.
Los negocios son otra forma de resbaladeros. Subes por una escalera creando estructura para sentarte a cosechar los frutos de tu trabajo en la cima. Un mal producto, o un mal servicio, y te deslizas vertiginosamente por el resbaladero hacia la ruina, la quiebra o el cierre.
Tratándose del gobierno que tenemos, la experiencia dice que hay tres tipos de gobiernos, uno en cada esquina de un triángulo. Arriba, digamos en el asiento del resbaladero, está el gobierno democrático. Ese se construye con estructuras sólidas que requieren trabajo guiado por inteligencia. Al inicio de la escalera está el autoritarismo, por ejemplo el del PRI. En la otra esquina el fondo del resbaladero: el desorden total, tipo Morena o PRD. Ya en el suelo, es muy fácil pasar del desorden al autoritarismo o viceversa. Estos dos estados son los más probables y se comunican fácilmente. Para mantener el equilibrio en la cima se requiere mucho orden y trabajo, un equilibrio que el PAN no supo apuntalar.
México se estaba queriendo acercar a la cima, a un estado moderno de derecho. Sin embargo, hubo mucha falsedad, simulación e incompetencia. Y el que llegó a la cima fue Andrés. Todo indica, sin embargo que le durará poco el gusto.
El gobierno de Andrés, democrático no es. Tampoco goza de la vocación necesaria para mantener el equilibrio. De hecho, a ratos resbala hacia el desorden. Luego, para recuperarse, se cuelga de la escalera y en lugar de subir baja en dirección a la dictadura. El hecho es que ya sea resbalando por el caos, o bajando por la escalera, la utópica cima del triángulo se va alejando día con día.
El equilibrio del Estado democrático es difícil de lograr. La gran mayoría de los países están en la dictadura o el desorden, o combinan ambos. Para estar allí no requieren de gran esfuerzo o conocimiento. Caos es la degradación de toda estructura, lo que le pasa al ser humano que deja de respirar. La dictadura o falta de libertad se asemeja a un cuerpo embalsamado. La momia no se desintegra pero tampoco va a ningún lado.
En un mundo competitivo, las reglas de juego nos llegan de afuera. Los Chinos y Rusos compiten en el mundo capitalista, pero no tienen libertad individual. Andrés sigue terco contra el neoliberalismo y por eso resbala hacia el socialismo de Cuba, Nicaragua y recientemente Venezuela.
A la gran mayoría de los mexicanos les gustaría vivir como gringos. Les gusta comer bien, el aire acondicionado, la comodidad, los buenos autos, los grandes espectáculos. No entiendo por qué votaron por Andrés. Será que prevalece una cultura de que queremos lo bueno, pero más queremos lo fácil, como Andrés lo promete. En contraste, quienes están dispuestos a pagar el precio, sacan su visa de turista y ya no regresan.
Podríamos todos los mexicanos vivir como magos en la cima del resbaladero. Pero, insisto, se requiere inteligencia, organización y mucho trabajo ordenado.
Nada de esto se le da a Andrés. Él no es un agente del orden, sino del desorden, y se bambolea hacia el autoritarismo. Vamos cayendo, pero no sé a cuál de los dos picos inferiores del triángulo llegaremos primero. Lo que sí sé es que la cima del Estado democrático de derecho la podemos ir descartando.
El señor no entiende, ni sabe, ni quiere entender. Encabeza una transformación que nos lleva rebote y rebote hacia el fondo de un pozo muy hondo en el que solo hay dictaduras o desorden, o la combinación de ambas.