El PVEM apesta a corrupción
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El PVEM apesta a corrupción
Uno de los primeros partidos “Verdes” que se formaron en el mundo fue en Alemania, donde un grupo de ciudadanos interesados en el medio ambiente formaron una asociación ecologista que luego derivó en un partido político de tendencia socialdemócrata, con militantes de una formación ideológica progresista, no sólo en su tema, sino en asuntos económicos, sociales y de bienestar para las mayorías.
En cambio, guardando proporciones pertinentes, el surgimiento del Partido Verde Ecologista en Parras tuvo un origen similar al del nacimiento del PVEM en este País: como satélite del PRI para dispersar el voto de la oposición, por ambiciones personales de dinero y poder, y por una burda ambición de Evaristo Madero Marcos que, al traicionar al PAN, se vio obligado a buscar las siglas del PVEM dando vida así a una criatura digna del doctor Frankenstein, un ente descerebrado cuyo cuerpo deforme está hecho con un Madero Marcos analfabeta, un Rodolfo Reyna Jaramillo, como cirujano carnicero, el “Chato” Jaramillo, cocinero de amplia estufa, el “Toto” Salas, reconocido lenón, y Hugo Jaramillo, un médico dedicado a la venta de verdura en el mercado municipal, lo más cercano al tema “Verde” de ese partido que hoy le saca el jugo a Parras.
Hay que hacer hincapié que el PVEM es un fraude en sí mismo, una vil parodia, o sea, una imitación burlesca de los partidos “Verdes” del mundo, mismos que han desconocido a este partido fraudulento de México como parte del movimiento ecológico mundial.
Y si el Partido Verde a nivel nacional es una estafa, la militancia del PVEM en Parras es la prueba antropológica viviente de aquel eslabón que por siglos se había considerado perdido y que ahora ha sido encontrado en el Pueblo Mágico de Parras, donde sus militantes con apodos de animales son dignos de un circo de esperpentos y otros, de plano más siniestros, son entidades vivientes del lado más oscuro de los bajos fondos, como el “Coco”, el “Cuco”, la “Chata”, la “Popa”, el “Tito”, el “Toto”, el “Huguis”, el “Guachis” y la “Pau”.
Eso sí, estos militantes del Verde conocen al pie de la letra los estatutos de tan exuberante partido, como es su declaración de principios, cuyo punto número uno nos habla de esa cosa tan esplendorosa que es el amor, un valor fundamental en sus preceptos.
Citemos, pues, el artículo primero de tan meloso mamotreto: “El amor es el principio motor de las acciones del Partido Verde Ecologista de México”, y continúa enumerando todo aquello que los verdes aman: a sus semejantes, a los animales, los vegetales y, por favor, aplauda usted, ¡hasta los minerales!, así lo dice el estatuto, por lo que uno luego piensa en el oro y la plata, los metales de los políticos.
Y cierto es que los militantes del Verde en Parras cumplen fielmente con el amor, que es el primer mandamiento de su estatuto político. Ahí tiene usted por ejemplo a Evaristo Madero, que por amor ha llevado hasta el altar del Cabildo a su prenda más querida. Asimismo al “Coco” Dávila, que por amor a Sonia Guerrero, le ha asignado el sueldo más alto de las damas del DIF en el Estado.
De igual forma los funcionarios del Gobierno del Verde en Parras, Joaquín Cortés y Miguel Salas, que dan trabajo en sus antros de vicio a meretrices y mesoneras para la venta de amor, que es lo que más rifa en dicho partido, como las teiboleras que rifó Evaristo en una celebración del Día del Abuelo, todo un poema de amor del Partido Verde Ecologista de México.