El PRI ya no es revolucionario

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El PRI ya no es revolucionario

Decir que el PRI ya no es revolucionario debe ser una realidad punzante para todos aquellos militantes que aún piensan que su partido es el heredero de aquella Revolución que derrocó a la dictadura porfirista. También es cierto que el PRI ya no es un partido de clases como la obrera, la campesina y la popular, clases sociales inexistentes para una opción neoliberal, donde se rechaza cualquier indicio de lucha de clases, un partido que se encuentra en la orfandad ideológica, en plena crisis de credibilidad, dirigido por tecnócratas y fulleros como el tal “Clavillazo”, peor aún, en vías de postular a un personaje externo como candidato presidencial, a un digno representante del “PRIAN”, mismo que lleva el apellido compuesto de Kuribreña, familiar directo de don Daniel Kuri Breña, reconocido entre los fundadores del PAN.

Y nada tiene de extraño que dos partidos de la derecha se unan para enfrentar a López Obrador, la verdadera opción de izquierda que parece imbatible en el 2018, porque es cierto, se ha vuelto común que viejos priístas engrosen las filas del PAN (Yunes, Aispuro, Joaquín, Malova) y viceversa, como es el caso emblemático de José Antonio Meade Kuribreña, cinco veces secretario de Estado del “PRIAN”.

Esto, aunado a que el actual secretario de Hacienda es hijo de don Dionisio Meade, creador del IPAB, el instituto que convirtió en deuda pública los pasivos del Fobaproa, el rescate de los banqueros en quiebra, latrocinio incalculable que unió al PRI y al PAN en contra de la izquierda y del pueblo, como sucedió en la crisis electoral del 88, donde se unieron para reconocer a Salinas y, de igual forma, unidos para legitimar a Calderón en contra de López Obrador.

Y en eso consiste el extravío político del PRI, un partido que ha dado bandazos entre izquierda y derecha, que ha transitado entre los extremos de Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán, entre la “izquierda” de López Mateos, y la extrema derecha de Díaz Ordaz. Entre el avión de la muerte de Madrazo y el asesinato de Colosio.

Al momento de escribir estas líneas no sabemos aún los acuerdos de la 22 Asamblea Nacional del PRI, a la que, por cierto, se ha colado el precandidato presidencial no priísta, José Antonio Meade Kuribreña, fiel representante del “PRIAN”, de la tecnocracia gobernante, de los chicos del ITAM en el poder.

¿Por qué el PRI tiene que recurrir a los tecnócratas itamitas –Meade, Nuño (Ibero) o Videgaray– como sus precandidatos presidenciales? Porque el PRI ya no tiene políticos del nivel de Reyes Heroles, Olivares Santana o Hank González, así de simple, porque ya se burocratizó, mucho antes que el PAN y el PRD de los “Chuchos”, los tres partidos que no caminan por la derecha ni por la izquierda y tampoco por el centro, sino todo lo contrario, son nomenclaturas aferradas al poder y empeñadas en combatir a un animal político llamado López Obrador.

¿Qué nos traerá la 22 Asamblea del PRI? Cumplir con los ritos de siempre; Hacer el tímido circo de la disidencia (Ivonne Ortega), “conocer y aprobar, en su caso, las reformas bla, bla, bla” (lo que ha ordenado Peña Nieto contra los “candados Kuribreña”).

Hoy, cuando un indefenso profesor ha sido asesinado por salvajes cuicos, si Balzac viviera diría que la policía es eterna. Lo mismo dirá “Clavillazo” al final de su Asamblea; “¡El PRI es eterno y pura vida…nomaaaas!”.