El poder burocrático
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El poder burocrático
80 años de partido hegemónico hubieran podido servir como un modelo perfecto de dominio sobre un pueblo orgulloso de sus orígenes y sujeto de constantes rebeliones a través de la historia, desde la conquista hasta nuestros días. Son 80 años, en los que deben incluirse los 12 en que el Ejecutivo federal estuvo en manos de un partido opositor.
Los priístas jugaron siempre desde todos los campos en contra de cualquier posibilidad de avance y el PRI como oposición lo fue en todo lo que significa la palabra: se opuso a todo, pero no nada más fue negativo sino que también propuso cambios que hábilmente disfrazó de democracia.
El PRI aprobó, aunque a regañadientes, la creación del Instituto Federal Electoral así como decenas de instituciones para vigilar y castigar a los corruptos, para salvaguardar los derechos humanos, proteger a los animales, asegurar a las mujeres un pedacito del pastel, en fin, controlar lo político, lo económico, lo ideológico.
Claro que debió reorganizarse el grupo en el poder para hacer los cambios que tuvo la obligación de aceptar. Si el Ejecutivo es un monarca (del griego “único poder”), ahora en el legislativo había partidos que realmente podían participar y lo hacían.
Los diputados y senadores mostraron una gran incapacidad para cambiar el País desde su “poder”, que en teoría sería uno de tres poderes. Se burocratizó con rapidez y una buena parte de los legisladores optó por no pensar ni representar a nadie sino a obedecer a los líderes de sus respectivos partidos. ¿Por qué éstos debieron rendirse ante su posibilidad histórica?, porque las bosas millonarias que se otorgaron a sí mismos desde las Cámaras tienen su propia lógica que los obliga a tener una forma de actuación: crearon el IFE (ahora INE) para controlar a los partidos pero sabiendo que el INE es manejado en todo por ellos mismos.
Veamos en ejemplos el funcionamiento de las nuevas formas de ejercer el poder. El gobernador de Veracruz, Javier Duarte, es un delincuente y además va a dejar en la ruina a su Estado. La deuda veracruzana es casi tres veces mayor que la que dejó Humberto Moreira en Coahuila. Jamás saldrán de esto. ¿Qué han hecho los tres poderes contra Duarte? Nada. Si vamos un poco atrás preguntaremos ¿qué sucedió a Tomás Yarrington, que tuvo el Estado de la Federación más violento (en lo que él mismo se involucró)? Nada. Ese es el PRI y esos nuestros tres poderes. Estamos en manos de los partidos porque el PRI les encontró a todos la mejor de las suertes, la de vivir como reyes mientras les dure el cargo y después a gozar de lo acumulado. ¿Qué le sucedió a Rodrigo Medina, la rata más desvergonzada de Nuevo León? Nada. Todos priístas y ningún escarmiento.
En las listas de gustos y rechazos de los mexicanos sobre las instituciones (¿cuál es la que te da mayor seguridad?) siempre estuvo la Iglesia seguida por el Ejército. La más vilipendiada era la Policía Judicial.
Ahora la más aceptada es la Universidad y la más detestada los partidos políticos. Se han ganado con creces el odio ciudadano.
¿Les preocupa?, para nada, mientras sus miembros estén cobrando. Así funciona ahora el priísmo, apoyado por sus “opositores”. Todo parece indicar que ahora hay en México alrededor de 30 PRIs. Y esto se repite en cada uno de los niveles: federal, estatales y municipales. Vea usted cómo funcionan los cabildos.
Los avances en este nuevo rumbo son efímeros, lo que significa que tienen una temporalidad muy corta. Durarán esas nuevas instituciones (como el ICAI) mientras sirvan el Ejecutivo en el cargo. Los enormes sueldos de sus burócratas certifican su fidelidad. Pero en el papel son independientes, ¿lo son?, es dudoso. El Presidente crea un puesto para que lo vigilen a él mismo y se lo otorga a un amigo cuyo encargo es justificarle todo.
Es difícil seguir recorriendo el camino de las actuales instituciones. Todavía no tenemos la capacidad de verlas en todo lo que realmente significan. Pero de que no están siendo patrióticas es una evidencia. Somos un País muy nacionalista al mismo tiempo que muy indolente. Lo nacionalista le funciona de maravilla a quienes gobiernan, lo indolentes nos condena a todos los demás.