El ‘partidazo’ y la defensa

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El ‘partidazo’ y la defensa

La impresión siempre es la misma: un juego donde hay muchos goles se considera un “partidazo”. Sin embargo, frecuentemente se confunde el factor emotivo con el argumento futbolístico.

El Morelia-Tigres ofreció singularidades que vale la pena subrayar: fue un partido exageradamente abierto, con una sobredosis de opciones de gol sobre las áreas, pero nunca un trámite será electrizante sin la complicidad de los errores.

El 3-3 reflejó dos cuestiones. Por un lado, ambos equipos renunciaron a la burocracia del control y fueron más verticales con ataques dispuestos a gatillar apoyados en virtudes individuales.

Por otra parte, para que lo anterior se pueda capitalizar, necesariamente se debe contar con defensas generosas que ofrezcan ventajas. Morelia retrocedió sin orden y Tigres, con tres centrales y dos carrileros, marcó muy mal.

Por lo tanto, el “partidazo” no siempre se le atribuye a un desarrollo bien ejecutado, sino más bien al disparador emocional que, al final de cuentas para la tribuna, una secuencia ilimitada de goles siempre será recibida con agrado.

Ahora bien, ¿jugó mejor Tigres y mereció más? Se puede resumir en que no fue completamente eficiente. Tuvo muy buenas aportaciones ofensivas, pero numerosas desatenciones defensivas que, para efectos de equilibrio, la valoración no es positiva.

Si Tigres presumió poder, clase y gol en ataque –la primera anotación de Aquino justificó pagar un boleto- no precisamente fue sinónimo de jugar bien o mejor que su adversario. En todo caso, el equipo fue consecuente con los atributos que dispone y lo que hace con ellos.

No se puede decir lo mismo de su retaguardia. A Tigres le siguen llegando mucho y le anotan bastante. En la última semana, entre Zacatepec y Morelia le firmaron seis goles a Guzmán aprovechando un sistema que ya exhibe grietas y continúa sin sostenerse en el medio.

Parece que ya se terminaron los tiempos en donde lo que se suponía de la defensa de Tigres se confirmaba en la cancha. Ayala, Juninho y Torres Nilo ya no son lo que alguna vez fueron.

Los años, el desgaste y los niveles de exigencia en algún momento pasan factura y a la histórica defensa de Tigres parece que le llegó el tiempo de virar hacia otro modelo más fresco.

El recambio generacional pide a gritos un lugar en este equipo porque Tigres podrá seguir haciendo goles, pero ya se vio todo lo que le cuesta hoy tratar de evitarlos.