El juego alegre del León
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El juego alegre del León
El León de Pizzi se parece al de Matosas, pero está más asentado. Conserva ese ADN futbolístico llanero y plagado de virtudes, vértigo no le falta, cada pieza encaja en su lugar y propone un juego generoso, directo y, por momentos, estético.
Cuando el León saca su manual de cualidades y procede en consecuencia, da gusto verlo en la cancha. Al América lo liquidó en el primer tiempo y si no lo humilló más fue porque no quiso. Lo arrastró hacia un trámite abierto, ligero y asfixiante, y en este escenario ningún rival le ofrece resistencia.
La diferencia con aquel cuadro de Matosas, en todo caso, está en la madurez de sus componentes y en cierto conformismo. Este León es más confiado frente a rivales medianos ante quienes gradúa su nivel de exigencia. Lo cachetazos ante Chiapas y Querétaro, sus dos últimas visitas, confirman tal percepción.
Pero lo del León es un culto al futbol de barrio. Va al frente por naturaleza. Asume riesgos, pero sus defectos son aislados comparado con su colección de atributos. Es un equipo que siempre coquetea entre el equilibrio general y el desequilibrio ofensivo, según lo requieran las circunstancias.
Posee tantos futbolistas vinculados a la tarea de reducirle la creatividad al adversario, como jugadores dispuestos a desarmar defensas contrarias con movimientos indescifrables. En el León, el orden tiene su infaltable cuota de desorden, tal y como lo reclama la teoría del futbol de estos tiempos.
Decir que es hoy el mejor equipo del torneo mexicano no es ninguna exageración. No hay otra formación que exhiba un reparto de roles tan claro y compatibles como el León.
Un cuadro que se sostiene tanto en la producción colectiva como en la inspiración individual. Tiene un juego alegre, práctico y frontal. Su estilo es democrático, netamente ofensivo y se rebela ante los números tácticos.
Con el mediocampo más versátil y profundo de México –Vázquez, Peña y Montes- el León articula todo los mecanismos entre defensa y ataque. Elías Hernández y Burbano llevan la furia por los costados y actúan como complemento de esa sala de máquinas. Se nutren de esa generación para tomar decisiones correctas en zonas de peligro.
Todos se involucran en la elaboración. Con una serie de pases y temporizaciones le dieron un repaso al América. Casi siempre las coordinaciones terminan en Boselli, el goleador y referencia de área.
Sin embargo, cuando llegar hasta el argentino no se puede, el León tiene otros recursos que asoman desde atrás. Si no es Peña, es Montes, o en su defecto, Vázquez. Cualquiera de los tres pueden quedar en posición de gol porque sus respectivas funciones no sólo se limitan a construir sino también a definir la jugada.
Así, con esta carta de presentación y con un viento de cola que lo mantiene en las alturas, el León llega este fin de semana a la casa de Rayados. Un Monterrey frágil y desorientado que en la balanza comparativa es todo lo opuesto, empezando por la ausencia de un equipo que opere como tal.
Si Mohamed pensó en cinco defensas para protegerse sólo de Bravo en el duelo ante Chivas, los temores que le puede disparar el León tendrían que traducirse en un planteamiento ultra conservador. O lo que es lo mismo, en un parado suicida que podría dejar a Rayados en ruinas frente al ataque más fogoso del torneo.