El Instituto Mocha Celis apoya a los transexuales en Argentina

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El Instituto Mocha Celis apoya a los transexuales en Argentina

El Bachillerato Popular Trans “Mocha Celis” es un espacio educativo especialmente dirigido, de manera inclusiva, a personas travestis, transexuales. Foto mapa.reevo.org
En torno al 70 por ciento de los transexuales, transgénero y travestis de Argentina trabajan en el mundo de la prostitución.

Hoy se celebra el día internacional contra la homofobia, transfobia y bifobia. En Argentina, donde muchos transexuales viven de la prostitución, un instituto intenta formarlos para que encuentren otro trabajo.

Ataviada un top rosa y tacones, una rubia espigada peina el cabello teñido de lila de una amiga mientras en un sofá gastado un grupo pasa el tiempo fumando.

"Mi género y mi identidad sexual no determinan mis capacidades" puede leerse en un póster del quinto piso de la escuela para adultos Mocha Celis, situada junto a la estación Federico Lacroze de Buenos Aires.

La mayor parte de quienes asisten a clase son hombres y mujeres transexuales y transgénero que viven de la prostitución. En torno al 70 por ciento de los transexuales, transgénero y travestis de Argentina trabajan en el mundo de la prostitución, según una encuesta de 2012 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI).

El instituto Mocha Celis lleva el nombre de una travesti analfabeta que murió a tiros en 1995 mientras ejercia la prostitución. Según el director del centro, Francisco Quiñones, se trata de la primera escuela trans del mundo. "La idea inicial fue proporcionar a los transexuales una salida del mundo de la prostitución", explica Quiñones.

Ahora, entre los 107 alumnos inscritos también hay migrantes, madres solteras y miembros de otras minorías. El proyecto fue reconocido oficialmente en 2013 por la ciudad de Buenos Aires y desde 2014 los maestros perciben un salario fijo.

Aun así falta financiación por todas partes, dice Quiñones. Y no se puede pensar en pedir a los alumnos que paguen una cuota. "Muchos transexuales nunca terminaron el colegio debido a sus problemas financieros. Es una de las barreras que queremos desmontar, para devolverlos al sistema educativo", añade.

Maryanne Lettieri enseña ingles en Mocha Celis e imparte un curso de preparación para el mercado laboral en el que se aprende a escribir un currículum y derecho laboral. Lettiere cambió de sexo y está familiarizada con la discriminación a la que se enfrentan los transexuales. "Lo que más me motiva de mi trabajo acá es que apoyo a mis alumnos en la integración social", cuenta mientras se aparta unos mechones rubios de la cara.

Pero a pesar de los esfuerzos de los 20 miembros del equipo de Mocha Celis, sigue siendo un gran reto proporcionar un trabajo al colectivo trans en Argentina. Por el momento, el diploma obtenido ha ayudado a insertarse en el mercado laboral a cinco estudiantes de dos promociones.

El Bachillerato Popular Trans “Mocha Celis” es un espacio educativo especialmente dirigido, de manera inclusiva, a personas travestis, transexuales. Foto spioradsaorel.blogspot.com

Algunos estudiarán en la universidad pero la gran mayoría sigue viviendo en condiciones precarias. "La triste realidad es que las empresas privadas no quieren emplear a transexuales o transgénero", apunta Quiñones, para quien falta apoyo político.

Dolores Olivares Guadalupe conoce el problema demasiado bien. Con 17 años terminó su educación escolar y ese mismo año se fue de casa. En la cocina de una amiga y sólo con anestesia local, dejó que le inyectasen en los pechos una mezcla de silicona, una práctica peligrosa pero barata muy extendida en la comunidad trans.

Al contrario que algunos de sus concidos, Olivares superó la intervención y hoy es feliz con su cuerpo, que sin embargo se ha interpuesto a menudo en su búsqueda de trabajo.

"Por supuesto, el dueño de un restaurante no te dice que no te quiere contratar porque tiene miedo de que ahuyentes a los clientes. Simplemente dicen 'ya le avisaremos' y nunca volvés a saber de ellos", afirma la joven de 28 años.

Así es como cayó en la prostitución, primero trabajando algunos años en un burdel y después en la calle. "Al principio está bien. De repente te podés permitir cosas y por supuesto que en algunas fiestas la pasé muy bien", cuenta.

Pero en enero del año pasado se vio física y psíquicamente al límite y decidió dejar la prostiución en la calle. Encontró trabajo como camarera en un bar gay pero cada mes sigue recibiendo a dos o tres clientes que pagan especialmente bien. Además, actuó en la película "La Noche", de Edgardo Castro, que fue premiada en el Buenos Aires Festival de Cine Independiente (BAFICI).

La mayor parte de los alumnos del instituto Mocha Celis todavía no dejó la calle. Cuando terminan las clases, salen corriendo de las aulas en dirección al subte (metro). "No tengo tiempo para una entrevista", asegura una alumna muy maquillada. "El trabajo llama".