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El incendio: cambio de enfoque
El fuego no se ha ido. Y en el Día Mundial del Agua, es el agua quien se entrega. Allí van de nuevo las libélulas que son los helicópteros, para abrir los vientres plásticos de cargas de agua, que al caer, podrían dislocar a un ser vivo. Sí, van otra vez las personas que se atavían como combatientes en este incendio que lleva seis días de extender sus llamas.
¿Qué es lo que vale aquí, cuánto vale y por qué? Si arbusto, hierba o pino, significan en relación con las interacciones que generan vida, una vida entre la que también se encuentra la de comunidades que allí se sostienen.
Parece una fotografía, parece humo lejano, parecen noticias que no tocan a la ciudad. Pero, ¿podríamos imaginar nuestra casa cercada por las llamas? ¿que alguien nos saque y nos lleve fuera de comodidades?, ¿a alguien que nos diga que tenemos qué salir sin pausa y dejar todo atrás? ¿ se podía imaginar que nosotros somos esos desplazados, los que han perdido pertenencias, campos de cultivo, el hato de animales o recuerdos familiares? Sería un ejercicio más sencillo que imaginarnos venados o ratones de campo, pero también sería posible. O imaginar ser “arbol clavado en la tierra, /al que se aproxima un incendio. // Hierba arrollada por el correr de incomprensibles sucesos”, como dijera la poeta Wislawa Szymborska. Convivimos con lo que permanece y también con lo que se perdió.
Y la comunidad urbana se suma, como lo ha hecho en ocasiones anteriores, para atender el llamado de entrega de donativos que hacen asociaciones, voluntarios y empresas. Hay puntos diversos a donde se llevan donaciones de alimento, agua y sustento que se entregan a soldados y brigadas y a los desplazados de las comunidades más afectadas, como San Rafael, Los Lirios y El Baratillo, entre otras.
Más de 800 voluntades buscan cortar el paso al fuego. En este número está reflejada incluso la participación de pobladores de los sitios siniestrados. Todos ellos suben apenas clarea, para estar frente al ardor que avanza por encima, por la hondura y lo profundo. Pavesas que navegan el viento.
En incendios provocados por descuidos o indolencias, el foco de atención mediática de la afectación ha sido, por lo general, la biodiversidad sin incluir a las comunidades humanas. Ahora, con los recientes incendios de esta misma región de la Sierra Madre Oriental, el alcance obliga a incluir en la narrativa pública, a quienes allí viven. Son miles de afectados de los pueblos, quienes observan con tristeza y dolor lo que les acaba de pasar.
Sigue pendiente la restitución o fortaleza de contenidos ecológicos -que no biológicos-, en la educación pública y privada, de campañas de difusión con carácter permanente considerando las condiciones de sequía en la entidad. También es una deuda el establecimiento de medidas a cumplir que se signen junto a los contratos de compraventa de terrenos campestres. Si hubiese cláusulas en esos contratos que den cuenta de distancias y condiciones en las que se puede encender el fuego, de cumplimiento de vedas, de procesos de construcción y observación de cumplimiento en estas, o de sanciones en caso contrario, se avanzaría otro poco. Incluso, está pendiente la obligatoriedad de firmas de quienes ingresamos a honduras verdes en búsqueda de esparcimiento, para que nos sepamos sujetos a normas a cumplir, y de sanciones a recibir en caso de no seguirlas. Parece poco, pero sería un paso más
Y es que si una empresa es dañada, se consigna al infractor; si alguien arruina una propiedad de gobierno, es consignado a las autoridades . Es claro que no hay manera de considerarlo opcional, ya que se salvaguarda lo invertido por privados o por la ciudadanía. ¿Qué procederá hacer en estos casos? ¿Qué de lo que se haga, será realmente propositivo y generador de conciencia en todos nosotros? ¿Es que seguiremos entendiendo solo con multas económicas, privación de la libertad o resguardándonos en nexos de poder para evadir responsabilidades? Hay por otra parte, quienes piensan que la indignación colectiva no tiene fundamento y también quienes son indiferentes, pues desconocen las interrelaciones que nos dan soporte.
Mientras se debate el qué y el cómo entre quienes opinan, sigue el real trabajo de voluntades que se suman, sigue el afán en las cocinas y sus humeantes guisos para los combatientes y la presencia de mujeres que apenas duermen para coordinar operativos y mantener a salvo a quienes permanecen atajando las llamas.