‘El Depredador’, su propia bestia

Usted está aquí

‘El Depredador’, su propia bestia

Foto: Especial
Sin el ingenio de Shane Black, ni la tensión de la primera película, esta secuela es una comedia simple y, aunque parezca asombroso, sí es divertida

​Calificación: 7.4 de 10

Debe haber una regla universal para los blockbusters estúpidos de Hollywood: si entretiene se aprueba su idiotez y se justifica su existencia. ¿Qué otra cosa se puede esperar de un filme de acción de alto presupuesto, ya sea sobre un alienígena asesino, superhéroes, espías, etc? Mínimo que sea entretenido, nada más, para eso se hicieron, ¿no? Y bueno se estrenan miles de estas cintas al año, quizá la mayoría productos desechables. Tal es el caso de “El Depredador” (“The Predator”), cuarto filme en la saga del extraterrestre cazador que se vuelve invisible y tiene visión térmica (sexto si contamos los dos de “Alien vs Predator”). Esta franquicia sufre de un mal común: la primera es una obra maestra y todas las secuelas son malas tirándole a pésimas. Así pues, las expectativas deberían ser bajas para esta entrega, salvo que la presencia de Shane Black en la dirección y el guion nos da algo de esperanza. Pero no se deje engañar, esta no es una buena cinta, sin embargo, aunque parezca sorprendente, cumple con la regla antes mencionada. Es una comedia de horror que divierte lo suficiente para que valga la pena pagar el boleto.

La historia comienza con una nave espacial escapando de otra. Obviamente termina por estrellarse en la Tierra, justo donde el francotirador Quinn McKenna (Boyd Holbrook) se encuentra en una misión especial matando unos narcotraficantes. La creatura que la pilotea termina en un laboratorio secreto del gobierno, así como buena parte de sus aditamentos y el militar interrogado y encerrado. Sin embargo, antes de llegar a este punto, el tipo manda parte del traje del alien por correo a casa de su hijo (Jacob Tremblay) y su exmujer (Yvonne Strahovski), porque está convencido de que nadie le iba a creer su historia. No contaba con que el autismo del niño sería capaz de activar estos extraños aditamentos haciendo que la guerra intergaláctica del principio continúe. McKenna conoce a otro grupo de soldados dementes, también encerrados, quienes lo ayudarán a proteger a su hijo y de paso enfrentarse a unas creaturas cazadoras de hombres cuya misión quizá va mucho más allá que un simple deporte.

Primero que nada, baje usted sus expectativas. “Predator” (1987) es una obra maestra que a lo largo de los años ha probado ser insuperable. No, este no es un regreso al filme protagonizado por Arnold Schwarzenegger, ni en calidad, ni en tono, ni nada. Shane Black, director de “El Depredador”, de hecho, aparece en aquella película en el papel de Rick Hawkins, esto en el mismo año que se estrenó “Lethal Weapon”, hecha con su primer guion. A partir de ahí Black se convirtió en un nombre de culto para las comedias de acción, hasta que en 2005 dirigió su primera película: “Kiss Kiss Bang Bang”. Diálogos ágiles, comedia inteligente y personajes violentos y complejos formaron su estilo y lo siguieron también en “The Nice Guys” (2016) y su esencia se mantuvo incluso en su intervención con Marvel Studios en “Iron Man 3” (2013). Shane Black se volvió un nombre respetado y de cierto prestigio, si alguien iba a hacer una buena secuela de Depredador, ¿quién mejor que él, que incluso aparece en la mismísima cinta que inició todo?

Pero no, la vida real no es tan generosa, menos Hollywood. “El Depredador” es demasiado tonta para Shane Black y demasiado exagerada para la primera película. Es su propia bestia absurda, que funciona casi en su propio mundo. Es una fórmula hecha para decepcionar, tanto a quienes esperan una buena cinta de Black, como a quienes quieren una buena cinta del Depredador. No es ninguna de las dos. A veces las expectativas son dañinas, este es uno de esos casos donde se debe advertir: manténgalas bajas. La idea no es del todo mala y tiene potencial para la fórmula del afamado cineasta: un grupo de soldados renegados tienen que enfrentar a una fuerza destructora del espacio exterior. Bien, pues eso es lo que ocurre, salvo que ninguno tiene el carisma o siquiera las líneas ingeniosas que caracterizan los guiones de Black. No es la primera vez que él colabora con alguien más en la escritura, de hecho, aquí trabaja otra vez junto a Fred Dekker, con quien colaboró en el mismo ámbito para su cinta “The Monster Squad” (1987).

Yo entendí que estaba ante una comedia que no había que hacerle demasiadas preguntas, cuando el Depredador muestra un brazo cercenado con el pulgar arriba. Creo que, fuera de todo lo que pudo ser, esta cinta deja claro lo que es y nunca ambiciona ser nada más. Me atrevería a afirmar que es, por mucho, la secuela más consistente de este universo. Abraza su tonalidad y le da lleno a lo que busca que es hacer reír a su público y entretenerlo, sin tomarse a sí misma con mucha seriedad. Claro que no tiene sentido que tengamos que ver la subtrama del niño o que el grupo de científicos del gobierno parezcan tan incompetentes o que los soldados locos platiquen en voz alta de su plan para escapar del encierro. Pues no, pero se llega a un punto en el que uno acepta todas estas inconsistencias. ¿Por qué? Pues porque una vez que arranca la acción la cinta no para. Es ágil, en ningún momento aburrida y si se tiene suficiente disposición puede brindarnos un par de carcajadas. Es una comedia de acción, ¿tonta?, sí, ¿exagerada?, también.

Claro que esta fórmula no será del gusto de todos. Habrá quien vea en esta falta de seriedad, una falta de calidad y supongo que está bien. Si el horror es un género complicado, la comedia más y si se combinan ambos elementos, cuesta trabajo complacer. No justifico que esta sea una película descerebrada y hasta medio torpe en algunos pasos que da, pero sí acepto lo que me da porque no creo que esté disfrazado de otra cosa. Y, sobre todo, porque no esperaba reírme tanto y lo hice, ¿qué más da todo lo demás? Hay mucha violencia y diversión, cualidades que siempre le vienen bien al terror y la ciencia ficción. Creo que me ocurrió algo muy similar (ya que hablamos de horror espacial) que con “Alien Resurrection” (1997), una cinta vapuleada y de pésima reputación, que me parece muy disfrutable. Al igual que “El Depredador”, creo que es su propio bicho, casi ajeno al resto de las películas. Como un juego de niños o como la misma nueva especie alienígena, que ha evolucionado en un monstruo irracional. No pretendan encontrarle cualidades a este “ugly motherfucker”, simplemente déjenlo ser.

EL DATO

Director: Shane Black

Elenco: Boyd Holbrook, Trevante Rhodes, Jacob Tremblay, Keegan-Michael Key, Olivia Munn, Thomas Jane, Alfie Allen, Sterling K. Brown.

Género: Acción / Comedia

Clasificación: B15