El cultivo de la violencia
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El cultivo de la violencia
¿La persona agresiva nace o se hace? Es quizá una pregunta antiquísima que se han hecho especialistas de todo tipo. Hay diferentes estudios que hablan de la relación del entorno con la violencia.
El tema se da a propósito de los hechos violentos en Villa Unión que dejaron 25 personas muertas, 19 de ellos presuntos delincuentes, y del discurso que “grupos criminales buscan entrar a Coahuila”.
Esa retórica también fue usada por el exgobernador de Coahuila, Rubén Moreira, pero bajo otro ángulo: “la violencia vino de fuera”, en referencia siempre a que los cárteles vinieron de otras partes a Coahuila a destruir la paz que reinaba en el estado.
Cuando escucho y recuerdo esos discursos y declaraciones, siento como si Coahuila fuera un lugar exento de cualquier tipo de violencia, de consumo y trasiego de drogas, y de un momento a otro llegaron –o quieren llegar– unos extraterrestres a inocular la violencia. Ojo, que es algo peligroso.
Debra Niehoff, autora de la “Biología de la Violencia”, menciona que la misma es el resultado de un proceso de desarrollo, una interacción entre el cerebro y el entorno.
Pongamos en perspectiva nuestro entorno:
Coahuila ocupa el sexto lugar del País con la mayor cantidad de carpetas abiertas por el delito de violencia familiar, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Hasta octubre de este año sumaban 9 mil 355 expedientes, 11.7 por ciento más que el mismo periodo pero de 2018. También se han registrado mil 855 presuntas víctimas mujeres por lesiones dolosas, lo que ubica a la entidad en el noveno lugar del País, una tasa de 116.6 víctimas por cada 100 mil habitantes.
Las denuncias por violencia de género han registrado un aumento del 411.4 por ciento en Coahuila, según la última cifra del SESNSP, lo que traduce al estado en el tercer lugar del País con la mayor cantidad.
Hasta octubre ya se registraban 179 carpetas abiertas, contra 35 en el mismo periodo pero de 2018. Además, en todo el año pasado, la cifra fue de 51 denuncias.
Las denuncias por violencia de género se suman a los 21 casos tipificados hasta el momento como feminicidios, nueve más que todo lo contabilizado en 2018.
Coahuila también ocupa el sexto lugar con la mayor cantidad de llamadas de emergencia relacionadas con incidentes de violencia contra la mujer, al sumar 7 mil 212 en 10 meses, pero ocupa el segundo lugar con una tasa de 453.2 por cada 100 mil habitantes. En cuanto a llamadas de emergencia relacionadas con incidentes de violencia de pareja, en la entidad se contabilizaron 4 mil 189; mientras que llamadas de emergencia por violencia familiar sumaron 30 mil 529, lo que sitúa al estado en el séptimo de este rubro.
Prácticamente cada día se registran 102 llamadas por situaciones de violencia familiar en la entidad.
En palabras de Marco Zamarripa, director del Consejo Cívico de las Instituciones (CCI) Laguna, problemáticas como la violencia familiar son gestoras de conductas delictivas o conductas antisociales.
Recordemos a Niehoff: interacción cerebro-entorno.
AL TIRO
En días pasados, una declaración del gobernador Miguel Riquelme –a propósito de los hechos en Villa Unión– pasó un tanto desapercibida: “a partir de ahora se buscará terminar las carpetas de judicialización y nos dedicaremos a buscar a la gente que dio apoyo a los delincuentes, desde ‘halcones’ hasta miembros de células que sembraron con anticipación”.
Es decir, se reconoce que existen células y esas células no están compuestas por gente extraterrestre, o como dicen, “gente de fuera”, sino que son coahuilenses. Se sembraron aquí, se gestó aquí la violencia. ¿Qué trabajo se hizo para evitar se constituyeran esas “células”?
En la semana el Gobierno del Estado anunció una inversión millonaria en equipamiento, patrullas, armas, bases militares. Está bien. Pero qué hay de invertir donde se está gestando violencia en estos momentos.
Según el presupuesto de egresos de 2019, se destinaría 32.3 millones de pesos a la prevención social de la violencia contra las mujeres y la delincuencia; 38.5 millones para temas de igualdad de género y 25.9 millones para atención, capacitación, prevención y orientación para la erradicación de la violencia. Una miseria si se compara con otros temas.
El discurso de que la violencia viene de fuera es obsoleto y maniqueo. La violencia se gesta en casa y se gesta todos los días. Las cifras allí están.
Otro cuestionamiento que debería cimbrar en el Gobierno y si realmente se está preocupado por la gestación de violencia: ¿Cuánto se invirtió en la atención de los huérfanos de la violencia, de los niños que viven violencia, de los jóvenes a los que les mataron a un hermano en 2011-2012? ¿Qué fue de todos esos niños que hace 7, 8, 9 años decían abiertamente que querían ser matones? ¿Qué fue de esos niños que todos los días escuchaban balazos o que vieron como asesinaban a su vecino? ¿Qué fue de esos niños que dibujaban gente muerte, que dibujaban armas o sangre? ¿Dónde se cultivó la violencia que vivimos ahora?
Reflector
Francisco J. Rodríguez