‘El Chapo’ y el ruido alrededor
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‘El Chapo’ y el ruido alrededor
Como ya se ha dicho, las circunstancias que rodearon la recaptura del líder criminal Joaquín Guzmán Loera -particularmente la publicación de la entrevista que le hicieran los actores Sean Penn y Kate del Castillo- ha provocado que al caso, más allá de la relevancia que tiene en materia de seguridad, se le hayan dedicado ríos de tinta y miles de horas de “análisis”.
No es para menos: la revelación de presuntas conversaciones en las cuales pareciera traslucirse la existencia de lazos afectivos entre Kate del Castillo y el capo sirven para alimentar por igual las columnas de análisis político que las páginas de la prensa del corazón.
La provocación surtió efecto ayer mismo en la protagonista de la historia, quien decidió salir a dar la cara -a través de redes sociales- para fijar posición y decir que la historia contada hasta ahora ha sido “manipulada” y que pronto contará su versión.
El morbo no hará sino incrementarse de aquí a que la actriz -y ahora también productora- decida aparecer en escena para contar su versión de este episodio de la vida pública.
Y cuando decida aparecer, lo que diga -no importa qué sea- provocará un nuevo alud de comentarios, análisis, investigaciones y debates que seguramente nos ocuparán durante varias semanas.
Pero todo este “ruido” que se ha formado alrededor de la más reciente captura del criminal más buscado de México carece de relevancia más allá de lo anecdótico, y solamente puede volverse importante si la Procuraduría General de la República decide que los actores metidos a periodistas cometieron algún delito y se les perseguirá por ello.
Y es que en tanto no se plantee la posibilidad de que lo hecho por Kate del Castillo -incluso si ello implicara la existencia de una relación sentimental con “El Chapo” Guzmán- y por Sean Penn son conductas que traspasan el límite de lo legal, habrá que considerar que ellos actuaron en pleno ejercicio de sus derechos fundamentales, entre ellos los de tránsito y expresión.
La historia se torna más “apetitosa” conforme más detalles morbosos son puestos en circulación -mediante el siempre útil recurso de la “filtración”-, pero eso sirve sólo para vender la amplísima gama de productos que constituyen el catálogo del sensacionalismo.
Personalmente cada quien puede aprobar o desaprobar lo hecho por Penn y Del Castillo, de la misma forma que se puede estar o no de acuerdo en que alguien se haga un tatuaje, promueva un amparo para que se le deje fumar mariguana o grabe un video pornográfico.
Tal discusión puede ser útil, desde luego, pero no en términos de lo que resulta importante en este caso: la forma en la cual se va a garantizar la permanencia de Guzmán Loera en la cárcel y si el Gobierno de la República decidirá entregarlo o no a las autoridades de los Estados Unidos.