El cartero
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El cartero
El correo postal ha existido, aún en las civilizaciones más antiguas, como un servicio público en la mayoría de los países. Se encarga de la correspondencia oficial y particular, la envía a su destino y la distribuye entre sus destinatarios. A través de todas las épocas, el sistema de correos ha cubierto las necesidades de comunicación entre reyes y súbditos de dilatados imperios, entre generales y sus ejércitos en tiempos de guerra, y entre familiares y amigos dispersos en distintos lugares, mediante corredores, emisarios, mensajeros y carteros, que cumplen una de las funciones sociales más nobles.
Una repasada a su historia gloriosa nos da idea de la complejidad de su administración en un sistema mundial, apoyado en leyes y decretos que contribuyeron a su progreso y difusión. Hasta 1840, por ejemplo, el porte o costo era pagado por el destinatario. Cualquier ciudadano podía depositar una carta en el correo, pero si la persona a la que iba dirigida se negaba a pagar, la carta se devolvía a su lugar de origen. Mediante claves escritas en los sobres, los miembros de una familia modesta que no quería pagar el porte, podían darse cuenta del estado de sus parientes con sólo mirar y remirar el sobre antes de devolverlo al cartero. Desde mediados del siglo XIX, el porte es pagado por el remitente.
Todavía hace unas tres décadas, el cartero ocupaba lugar importante en cualquier comunidad social. Junto con la del policía y la del bombero, su figura aparecía hasta en el juego de lotería. Era el prototipo del servidor público por excelencia, equiparable al héroe capaz de desafiar los rigores del clima y las distancias, y el único capaz de enfrentar la furia canina. Y todo eso para entregar sana y salva la correspondencia, en ocasiones ansiosamente esperada un día sí y otro también.
Los empleados postales han demostrado a lo largo del tiempo una admirable vocación por su trabajo. No hace muchos años, era vital la importancia del servicio que ofrecía el correo mundial y Correos de México, y sigue siendo, pero era mucho mayor cuando no había otra forma de comunicación entre personas que se encontraban en distintos lugares, y hasta en el mismo pueblo o ciudad. Nada más erróneo que pensar en el correo postal desplazado por los sistemas electrónicos de comunicación, email, redes sociales, etc. A propósito del Día del Cartero, o como los llaman ahora, empleado postal, celebrado el pasado día 12, Roxana Romero, compañera periodista de VANGUARDIA, sacó una nota para la cual entrevistó a Elsa Tabitas, administradora de la oficina de Saltillo de Correos de México. Tabitas informó que en Coahuila hay 300 carteros aproximadamente, y que 55 de ellos reparten en Saltillo alrededor de 450 mil paquetes cada mes, de los cuales unos 4 mil son cartas. Como vemos, no puede hablarse de decadencia del correo postal.
A fines del siglo XIX, la oficina de Correos de México en Saltillo se alojaba en el número 2 de la calle Galeana, hoy de Aldama. Parece ser que alrededor de 1902 se cambió a un local en la esquina de Victoria y Mina, y en 1955 o 1956 se cambió al local que hoy ocupa en la misma calle Victoria, ya casi para llegar a Acuña, donde probablemente estaba una antigua casona donde vivió el coronel Garza Galán durante su gestión como Gobernador de Coahuila.
El señor Valdez, quien fuera empleado postal por más de 30 años, le contaba con mucho orgullo a su hijo el ingeniero Alfredo Valdez Ramos, que la mudanza de los años 50’s al nuevo local más al poniente de la misma cuadra en Victoria, la hicieron durante una noche con el fin de no interrumpir un sólo momento el servicio. Se acordaba el señor Valdez que la mayor dificultad fue el traslado de la enorme caja fuerte. Esto da idea de la verdadera vocación del empleado postal.