El amargo sabor de la impunidad
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El amargo sabor de la impunidad
La coincidencia es tan increíble, que es difícil imaginar que alguien hubiera previsto que en la misma semana en que las autoridades de Coahuila desmantelaron un supuesto centro de rehabilitación para adictos en Saltillo, también quedó en libertad quien hace un año fue detenido y encarcelado presuntamente por abusar de un menor en otra “institución” similar.
En efecto, apenas el lunes pasado agentes de la Procuraduría para los Niños, Niñas y la Familia (Pronnif) llegaron a la “Casa para Adictos”, donde 44 personas, incluyendo 11 menores de edad, eran maltratados y mantenidos en condiciones insalubres por parte de quien se suponía que estaba para sacar a esos pacientes de su farmacodependencia.
Pero no. Instalaciones como esa aparecen a lo largo y ancho del País y no en pocos casos, fueron el escenario de matanzas salvajes, desatadas en el marco de la lucha de los cárteles de la droga por el control de plazas como Ciudad Juárez y Torreón.
Aquí en Saltillo, hace 14 meses se descubrió la materialización de esa misma pesadilla en las casas de Hipólito Vásquez Pérez, conocido como “Papá Polo”, quien fue acusado, junto con uno de sus colaboradores, también de mantener en pésimas condiciones a jóvenes que supuestamente estaban ahí para rehabilitarse pero, en lugar de ello, denunciaban golpes, insalubridad y abusos.
Pues bien, resulta que el juez de Primera Instancia en Materia Penal dictó sentencia absolutoria a “Papá Polo”, luego de ser acusado de violar a un menor y de agredir a los internos que tenía bajo su cuidado.
El acusado abandonó el Cereso de Saltillo el miércoles por la noche, porque las pruebas que presentó la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), no comprobaron su participación en los delitos que se le imputaban.
Sí. El estómago vuelve a revolverse del coraje que provoco saber que otro presunto culpable de un delito sale libre en uno más de innumerables casos de impunidad, ¿por qué salió?
Los especialistas identifican dos puntos claves para que Vásquez Pérez fuera absuelto:
Primero, el testimonio de Benito Juárez García (sic), uno de los empleados del centro para adictos, quien sostuvo que la supuesta víctima llevaba una relación sentimental con “Papá Polo”.
Segundo, el denunciante, de 12 años, no se presentó a comparecer ante el juez que ordenó un careo.
¿No había más elementos en el caso? ¿Ninguna prueba científica que apoyara una declaración u otra? ¿Nada de evidencias físicas, independientes de los intereses o los miedos de víctimas, cómplices o testigos?
Parece que no. No en la PGJE de Coahuila, al menos. Nada. Nadie. Solo queda el amargo sabor de la impunidad.