Educación en Derechos Humanos: la garantía para la libertad, igualdad y fraternidad
Usted está aquí
Educación en Derechos Humanos: la garantía para la libertad, igualdad y fraternidad
Los derechos humanos cuestan. Para garantizar justicia se requiere gasto judicial: tribunales, jueces profesionales e imparciales. Para tener salud se requieren hospitales, medicinas, vacunas y personal sanitario. Para asegurar educación se necesitan escuelas, maestros y becas. Para asegurar la cultura se deben asegurar espacios públicos para que las personas puedan expresar su actividad artística. En fin, los derechos no son gratuitos porque el pueblo es el que contribuye a su sostenimiento para que las autoridades puedan asegurar las mayores condiciones para una sociedad con mayor libertad, igualdad y fraternidad.
En el gasto público para garantizar la dignidad humana existe uno que no sólo nos puede reducir los costos, sino también evitarlos. Es más: hay situaciones que por más dinero que se tenga son irreparables. ¿Cuánto dinero merece una madre para reparar el dolor de la muerte de su hijo asesinado por las autoridades? ¿Cómo reparamos la desaparición de una persona? ¿Cómo devolvemos la dignidad a las mujeres asesinadas? No hay dinero que repare ni que alcance.
La educación, sin embargo, es la mejor inversión. Si los cuerpos policiacos, por ejemplo, entienden que la tortura o las detenciones ilegales representan un serio castigo para evitar las malas prácticas, el Estado se ahorraría al año una buena cantidad de recursos que se destinan en procesos penales, en capacitaciones o en indemnizaciones a víctimas. Si los jueces locales, por ejemplo, entendieran que los asuntos que conocemos en primera instancia deben ser la última para proteger en forma efectiva los derechos de las personas, en realidad nos ahorraríamos muchas instancias de apelación que representan costos presupuestales importantes.
La cultura de los derechos humanos, por tanto, representa la mejor inversión a corto, mediano y largo plazo para construir sociedades justas. Cada vez que una autoridad toma en serio su papel de prevenir, erradicar y castigar las violaciones a los derechos, estamos evitando costos presupuestales que podrían destinarse para otros rubros del bienestar social.
En esta tarea me voy a referir a la importancia que tiene un centro de estudios de derechos humanos como la mejor garantía de protección de la dignidad humana. Los espacios universitarios son los lugares en donde se inicia la transformación de las sociedades de derechos. En la escuela es donde aprendemos la manera de entender el mundo y practicar las ideas que pretenderán resolver los problemas de una sociedad.
Un juez, por ejemplo, aprende en la universidad la forma de operar el Derecho. En realidad, sus sentencias son una expresión más de lo que le enseñaron en clase. Si al final le enseñaron que el Derecho consiste en la memoria del código, sin razonarlo, es claro que su forma de interpretar la ley tendrá serias limitaciones. Si, por el contrario, le enseñaron que un código puede interpretarse a través de diferentes metodologías, la justicia tendrá un mayor espacio de realización que la mirada corta de una sola interpretación literal.
En esa gran tarea de abrir los ojos, de ampliar las mentes y de utilizar la razón como el principal instrumento de construcción, la Academia Interamericana de la Universidad Autónoma de Coahuila se ha ido convirtiendo en el espacio no sólo de mayor reflexión, sino de construcción de una sociedad con valores de derechos humanos para el entorno local.
Hoy, después de cinco años, constato una gran cantidad de alumnos, de programas, de apoyos a víctimas y de colaboraciones institucionales que, sin duda, colocan a este instituto en la principal garantía de los derechos humanos.
Es un proceso muy complejo, permanente y arduo. Pero cada vez que veo los resultados que se obtienen, en general y en particular, me convenzo más que una de las mejores inversiones que ha hecho nuestra universidad es justamente la Academia IDH.
NUMERALIA AIDH
En la semana, la doctora Irene Spigno, directora general de la Academia IDH, presentó su informe anual. Me sorprendió el trabajo que realizó. Esa institución hizo más observatorios, más conferencias, más talleres, más maestrías y especialidades, más libros, más informes, más investigación.
En su primer año de gestión, la doctora Spigno ha concretado más resultados académicos que en los últimos cinco. No lo digo por quedar bien. Es la realidad. Hoy la academia tiene más alianzas y más proyectos como nunca. La consolidación de la Academia IDH, sin duda, es un gran logro universitario.
Irene, como lo dije hace un año, lo iba a ser mejor que su fundador. Sin duda, la Academia IDH tiene en ella y su personal académico y administrativo el mejor futuro para la educación de derechos humanos en Coahuila, como principal garantía de la protección de la dignidad humana.
Lo único que me deben, sin embargo, es un pastel del quinto aniversario, porque ni medalla alcancé. Muchas felicidades por sus grandes resultados.
Luis Efrén Ríos Vega
El autor es director fundador de la Academia IDH
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH