Ecos de una crisis

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Ecos de una crisis

Foto: Especial
La quiebra del gigante financiero Lehman Brothers en septiembre de 2008 es algo que nadie quiere volver a recordar. Los expertos analizan tres consecuencias que aún persisten de esa crisis, ‘la peor de la historia financiera global’

Si la crisis financiera que estalló hace 10 años (en 2008) nunca hubiera existido, Donald Trump no sería Presidente de Estados Unidos, la Unión Europea mantendría su pujanza de antaño, y los cambios políticos no hubieran sorprendido a tantos.
Quizás.

Pero es imposible saber con certeza cómo luciría el mundo de hoy sin aquel terremoto financiero y económico que sobrevino tras el colapso del banco de inversión Lehman Brothers en septiembre de 2008 (algo que nadie quiere recordar), pero sí es factible medir las secuelas de esa crisis.

Porque algunas de sus consecuencias todavía repercuten: por ejemplo, afectan la forma en que las sociedades occidentales ven ahora a sus gobiernos, y han alimentan el populismo y/o la radicalización de sus polítcos.

Adam Tooze, historiador de la Universidad de Columbia y autor de ‘Crashed’  (‘Destrozado’), un libro sobre los cambios en el mundo tras aquel colapso, coincide con la idea de que en 2008 se vivió la peor crisis financiera de la historia, como dijo el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke.

“Todos pudieron ver cómo terminaría el mundo, pero no ocurrió. Nunca vuelves a ser el mismo después de eso. Ahora sabes cuán terribles pueden ser los riesgos y cuán frágiles eran las políticas que evitaron el desastre total”, dice Tooze.

A continuación, tres efectos políticos de esa crisis que aún persisten una década después.

1 Furia contra el orden establecido

La debacle financiera de 2008 erosionó la confianza de la gente en los funcionarios e instituciones que los gobernaban, sobre todo en Estados Unidos y Europa.

Eso se tradujo entre 2008 y 2010 en derrotas electorales de partidos políticos que gobernaban a ambos lados del Atlántico (entre ellos el PRI y el PAN aquí en México), y un aumento en los niveles de desconfianza en las instituciones económicas y políticas de años siguientes.

Las protestas contra el desempleo y las medidas de austeridad continúan hasta el presente en Grecia.

Primero fue la noción de que la economía en EE UU y algunos países europeos estaba insuficientemente regulada para evitar lo que pasó.

El fenómeno se exacerbó con la idea extendida de que la inquietud central de las autoridades fue rescatar a los bancos, en gran medida responsables de la crisis, con dinero del fisco y sin enfocarse en aliviar el sacrificio que debió hacer la gente común.

Mientras la Fed (Reserva Fedral) destinaba billones de dólares a instituciones financieras alrededor del mundo, dentro de EE UU nueve millones de personas quedaban sin empleo, prácticamente la misma cantidad que perdió su vivienda, sin que un solo alto ejecutivo de Wall Street fuera a juicio.

En Europa, las políticas de austeridad post-crisis aumentaron el descontento en medio de una débil recuperación económica.

Las autoridades parecieron preocuparse más por rescatar a los bancos que ayudar a los ciudadanos afectados por la crisis.

El estancamiento de los ingresos reales y la desigualdad social, junto con fenómenos como el debate migratorio y el terrorismo en Occidente, podrían explicar “por qué los votantes todavía están enojados”, señala Christoph Trebesch, profesor del Instituto Kiel para la Economía Mundial, en Alemania.

“Y hay que saber una cosa”, dice Trebesch: la confianza que se destruyó con la crisis financiera de 2008, aún no se ha recuperado”.

2 Polarización y populismo de la política

El desencanto popular que dejó la crisis fue caldo de cultivo para populistas y extremistas, sobre todo de derecha, que han polarizado sociedades enteras y han ganado espacios de poder, señalan los expertos.

El ejemplo más reciente fueron las elecciones en Suecia, donde un partido de extrema derecha prácticamente igualó los votos de la coalición de centro-izquierda gobernante.

El auge de la extrema derecha en países como Suecia puede explicarse en parte por la crisis financiera de hace una década.

Previamente la derecha y el nacionalismo ganaron votos hasta alcanzar puestos de gobierno en países europeos como Italia, Austria y Hungría.

En el Reino Unido los nacionalistas impulsaron con éxito el referéndum del Brexit en 2016 para salir de la Unión Europea.

Y, por supuesto, en EE UU Trump asumió la presidencia el año pasado con un discurso anti-inmigrante y enfrentado a la élite política, que cayó bien en un sector del electorado castigado por la crisis de 2008.

“Los populistas mejoran en manejar el debate público, por lo que más que nunca su estrategia política está funcionando”, dice Trebesch.

Donald Trump ha impulsado medidas proteccionistas como presidente de Estados Unidos.

Tanto Trebesch como otros investigadores creen que este fenómeno está directamente vinculado a la debacle financiera de hace una década.

“Una crisis no afecta a todos por igual: hay ganadores y perdedores. Puedes pensar en esto como una forma de polarización en la sociedad”, sostiene Francesco Trebbi, profesor de la Universidad de Columbia Británica en Canadá, que junto a otros expertos analizó los efectos de la crisis en decenas de países a lo largo de la década.

“La crisis financiera de 2008 fue particularmente profunda: fue una crisis excepcional y como tal produjo resultados excepcionales”, explica Trebbi. 

3 Cambios en el escenario  mundial

Si bien la comunidad internacional reaccionó con cierta unidad ante la crisis de 2008, con el tiempo afloraron diferencias entre los países que los especialistas también vinculan con el colapso de hace una década.

Un ejemplo de ello es la Eurozona, primero con tensiones entre países deudores y acreedores, y luego con las fisuras que produjo el crecimiento de partidos nacionalistas.

“La crisis también transformó las relaciones entre los países. Y entre los países hubo ganadores y perdedores. 
Pensemos en Grecia o hasta cierto punto en Italia: dos países perdedores que lo estaban haciendo relativamente bien antes de la crisis, pero que después tuvieron que retroceder dos o tres pasos”, señala Trebbi.

“Este tipo de tensiones es muy común después de una crisis”, agrega.

“El comercio mundial también declinó tras el sismo financiero y ahora enfrenta la amenaza de una creciente disputa entre Estados Unidos y China, aunque la rivalidad entre estos dos gigantes data de antes de 2008.

Algunos señalan también consecuencias indirectas en las relaciones internacionales.

Tooze menciona como ejemplo que la confrontación de los últimos años entre Occidente y Rusia puede verse como un producto del revés que la crisis dio a la voluntad de Occidente de integrar a antiguos países soviéticos mediante la economía y las finanzas.

A nivel general, el historiador Adam Tooze afirma en su libro que, contrariamente a lo que muchos asumían hace cinco años, la crisis no había terminado sino que apenas estaba mutando.

“En fin, la crisis financiera y económica de 2007-2012 se transformó entre 2013 y 2017 en una crisis política y, sobre todo en una crisis geopolítica generalizada del tipo de una post-Guerra Fría”, sostiene Tooze.