Durmientes
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En un mes pueden juntarse muchos festejos, pero al final uno decide cuales llevar a cabo. Acudo a la casa familiar y en familia festejamos a mi padre unos días antes de mi cumpleaños y del de mamá. Las conmemoraciones nunca han sido fastuosas en mi familia. Atribúyanlo a ese temor natural entre los norteños de cepa al escándalo. Vamos a visitar a mi abuelo, en cambio, al panteón.
1. Después de más de cinco años de muerto veo por primera vez la tumba de ese señor que era fan de Glenn Miller y en general del big band. “le gustaban las cosas fastuosas”, dice mi madre. “¡Qué raro! Siendo norteño…”, pienso.
2. Después de pensarlo un poco no se me hacen tan descabellados los gustos musicales de mi abuelo materno. “Papá Avi”, no era precisamente un hombre tradicional y ajustado a los estereotipos. Cierto, tenía ese aire recio típico de los norestenses, pero su manera de ser tampoco encajaba precisamente en el molde de alguien de su generación y procedencia. Su conocido fidencismo y sus procesiones anuales a Espinazo, Nuevo León dan fe de lo anterior.
3. Lo disfruté lo suficiente como para no mitificarlo. Sin embargo, cuando lo recuerdo no puedo evitar imaginar su vida como una novela de Daniel Sada. Y, aún cuando no lo recuerde con dolor, encuentro sumamente hermosa y melancólica la manera en la que mi madre se despide de él luego de haber arreglado su tumba. “Siempre recordaré esto”, me digo. No tomo fotos ni nada, sólo me lo prometo.
4. Afuera del cementerio mi padre nos espera dormido en su coche. Mi padre duerme a la menor provocación. Afortunadamente no lo hace mientras conduce. En ese rubro, él prefiere hacerlo mientras escucha música. Su gusto es casi universal, pero me cuenta de su especial predilección por “Have You Ever Seen the Rain” luego de que la escuchara por primera vez, interpretada por un maestro que al mismo tiempo tocaba la batería, en Muzquiz. La anécdota es buena, pero no deja de hacérseme irónico que afuera no llueva ni una gota y no haya trazas de que ocurra así en mucho tiempo.
5. Una vez en casa, entre todos bebemos su regalo del día del padre: un paquete de cervezas artesanales. No tengo hijos, pero si hay alguien a quien puedo enseñarle con gusto lo que es una stout es a él. Le platico también de una banda con la que me he obsesionado últimamente: Los Zafiros. Un quinteto cubano de “filin” de los años 60. Le muestro un par de canciones y se rinde con la stout. Muy pesada, me dice.
6. Mi padre duerme, por la noche irá a trabajar al turno nocturno. Él nunca ha tenido problemas para dormir como yo, para quien las siestas son un deseo frustrado. Mi padre duerme mientras yo veo la Eurocopa, mientras veo a LeBron regresarle la gloria a Cleveland, mientras preparo mi maleta, mientras escucho a The Smiths… Sing me to sleep/ I’m tired and I / I want to go to bed”. Mi padre duerme... A la menor provocación. Y yo lo veo roncar a sus anchas, y no hay nada que me dé mayor tranquilidad que eso.