Dragones al rescate: el valor de apoyar a nuestros vecinos

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Dragones al rescate: el valor de apoyar a nuestros vecinos

Foto: Luis Castrejón
Con sus conocimientos y habilidades ocho estudiantes de la Universidad Carolina buscan mejorar la calidad de vida de una alejada comunidad rural al sur de Saltillo

POR: Arián Esquivel
FOTO: Luis Castrejón
VIDEO: Omas Ibarra

A las cinco de la mañana, Blanca Cedillo, Ana Luisa Rodríguez, Iván Sánchez, Alexis Esquivel, Félix Garza, Alejandro Iga, Doonovan Gyovani Cepeda y Víctor Mendoza despiertan para preparar unos sándwiches, fruta y botellas de agua. Con tenis y ropa cómoda recorren cerca de 100 kilómetros para ayudar a una comunidad oculta del desierto coahuilense. Su meta: transformar mediante la tecnología y el diseño las vidas de quienes habitan el Ejido Punta Santa Elena.

Participantes del curso LIDD (Laboratorio de Ingeniería Diseño y Desarrollo) de la Universidad Carolina, estos alumnos desarrollan y aplican conocimientos de ingeniería y de diseño para generar tecnología que mejore la calidad de vida en comunidades que lo necesitan.

Montados en un Jeep, acompañados de Rossana Martínez (Profesora de Diseño) y Joel Treviño, (Coordinador de Desarrollo Humano) de la Universidad Carolina; estos ocho chicos, desde hace un año, viajan cada quince días rumbo a esta comunidad al sur de Saltillo. Decididos a conocer esta importante labor, el equipo de 360° los acompañó. 

La ruta al ejido recorre la carretera Saltillo-Zacatecas, kilómetro a kilómetro hermosos paisajes; cerros y cañones adornan las orillas del asfalto, palmas desérticas gigantes y verdes matorrales se unen al viaje de los jóvenes estudiantes. Después de 60 kilómetros de carretera y 40 minutos de terracería,  el camino los adentra a una comunidad que parece abandonada. Un lugar que en el pasado sobrevivía gracias a que las vías del tren se encuentran cerca, pero desde que el tren no transporta personas, su vida se ha complicado.

“El conocimiento y la tecnología tienen la función de mejorar la calidad de vida de la sociedad, pero muchas personas se encuentran excluidas de estos beneficios, ya sea porque no tienen el conocimiento, por aislamiento geográfico o por carencias económicas… ahí es donde la Universidad Carolina y estos muchachos están intentando acercar la tecnología y el conocimiento a estas comunidades. Ante la complicada realidad que viven millones de personas pertenecientes a estas comunidades marginadas, tanto los individuos como las instituciones, somos responsables de generar soluciones que respondan a las problemáticas que se viven en dichas poblaciones”, comentaron a 360°, Jorge Reyes, Luis Montemayor y Luis Gerardo Gutiérrez, académicos encargados de desarrollar el programa que los jóvenes llevan a cabo.  

Inspirados en cursos parecidos en universidades de Estados Unidos, Luis Gerardo Gutiérrez, saltillense estudiando su doctorado en la Universidad de Michigan, junto con Rodrigo Juárez (Graduado de la Universidad de Stanford), Jorge Reyes (Graduado de la Universidad de Texas), Javier Leal (Estudiante de Massachusetts Institute of Technology) y Luis Montemayor (Graduado de Purdue University) crearon el Laboratorio de Ingeniería, Diseño y Desarrollo (LIDD) en conjunto con la Universidad Carolina, 
“Todos hemos estudiado una licenciatura o maestría en los Estados Unidos y notamos que las universidades realizan proyectos con comunidades, programas que nos gustaría realizar en México. Es un principio moral, utilizar ingeniería y diseño para ayudar a nuestras comunidades”, explicó Luis Montemayor.   

De esta forma “LIDD” es un espacio en donde se cubren conceptos y técnicas de investigación, diseño y planificación de proyectos, y se aplican a un problema de la comunidad. El objetivo del proyecto LIDD se enfoca en desarrollar tecnología que responda a las necesidades de las personas y colaborar con ellas para su aplicación. 

Foto: Luis Castrejón
El conocimiento y la tecnología tienen la función de mejorar la calidad de vida de la sociedad”

Misión: Transformar a la comunidad
Antes de conocer más a fondo el proyecto, estos jóvenes al igual que el equipo de 360° desconocían la ubicación de Punta Santa Elena. Una localidad situada en el Municipio de Saltillo, en su haber tiene 130 habitantes. La fecundidad de la población femenina es de 4.77 hijos por mujer y El porcentaje de analfabetismo entre los adultos es alto.

Cada vez más, hombres y mujeres de Punta Santa Elena buscan las mejores oportunidades teniendo que migrar a la ciudad de Saltillo.

Esta comunidad con desafíos y oportunidades, con miedos y esperanzas, fue la que encontraron los alumnos en su primer viaje. De ahí en adelante han compartido y crecido con esas emociones,  han revalorado su propia realidad y han afrontado con valentía el reto de buscar un cambio.

Cada uno de los jóvenes, según afirman sus maestros, los han visto muy cambiados desde el momento en que se involucraron en el proyecto. No pudimos quedarnos con la duda de saber su opinión y nos platicaron de sus expectativas sobre el programa, cómo éste se desarrolló y cómo poco a poco se ha ido convirtiendo en una realidad palpable.

Víctor Mendoza, quien estudia cuarto semestre de mecatrónica en Universidad Carolina, mencionó que esta es una oportunidad en donde están aprendiendo a trabajar, a ver la realidad de nuestro estado, una realidad en la que menciona.

Foto: Luis Castrejón
Tanto los individuos como las instituciones, somos responsables de generar soluciones que respondan a las problemáticas que se viven en dichas poblaciones”.nos toca colaborar, “ayudar y ayudarnos”.

El proyecto: “Me ha cambiado la forma de ver la vida”. El estudiante de 21 años nos cuenta cómo es que se involucró en ésto. 

“Aquí nos están formando para el día que nos toque trabajar en un futuro sepamos qué hacer”, me comentó “Mendoza”, mientras saltábamos en el asiento trasero por el empedrado camino. 

“El proyecto nace a iniciativa de Luis Gerardo Gutiérrez, un saltillense que estudia en la Universidad de Michigan; él se reunió con otros ingenieros y a su vez con los directivos de Universidad Carolina, para promover un programa que busca generar desarrollo en las comunidades retiradas de la ciudad, de esta forma se realizó una convocatoria para los jóvenes que deseaban participar, en la que se consideran perfiles, historias y compromiso que cada chico pudiera tener con este proyecto”, explica Mendoza. 

Compromiso que el maestro Joel Treviño ha visto en los jóvenes, los cuales afirma se han dedicado por completo. 

“Vinculados con la organización Navidad en el Campo, se hizo un seguimiento a cinco comunidades y una de las que más participó fue Punta Santa Elena. Comunidad que estuvo dispuesta a trabajar con nosotros, usando un modelo en el que se respeta lo que la gente necesita y quiere”, comentó el profesor.

A diferencia de muchas comunidades a orillas de la carretera en las cuales el descuido y la basura abundan, Punta Santa Elena, tiene una agradable apariencia, sus calles no están pavimentadas, pero la basura no las embarga. Humildes hogares, una pequeña escuela, árboles, arbustos y nopales embellecen el lugar.

Según comentó Joel Treviño, Alejandro Iga y Doonovan Álvarez (los últimos dos estudiantes de Ingeniería y Mecatrónica en Universidad Carolina); la comunidad no tenía agua, ni un trabajo fijo, por lo tanto tampoco una remuneración fija. “Ellos nos dijeron cuales eran sus necesidades y deseos de salir adelante, nos pidieron que los siguiéramos visitando y que no dejáramos el proyecto, que trabajáramos juntos”, comentó Doonovan Álvarez.

Con base al análisis realizado, los chicos concluyeron que Punta Santa Elena tiene gran potencial en la producción de leche de cabra y quesos artesanales, por lo que se definió ésta como su área de oportunidad. El objetivo de este año será el de desarrollar un sistema de ordeña que ayude al productor de leche caprina a hacer su proceso de producción más eficiente, ergonómico, higiénico y digno. 

“Realizamos un diagnóstico, tenían muchos problemas, y aunque no incidimos directamente les ayudamos a reflexionar en muchas cosas. Uno de sus problemas era el voltaje y la falta de agua, de ahí los vimos trabajar en ambas actividades, puedo decirte con mucho orgullo que ahora funciona la potabilizadora y arreglaron el voltaje”, explicó Joel. 

En el lugar el aire puro se respiraba, un cielo azul con nubes esponjosas en ocasiones nos cubrían del sol, ahí fue donde conocimos a Don Goyo, el comisario ejidal de Punta Santa Elena.
Don Goyo, un hombre con un semblante recio, pero amable fue quien nos recibió y platicó tanto a los jóvenes como al equipo de 360° lo que buscan y necesitan.

“Vivimos muy alejados y vender nuestro queso y leche de cabra es difícil, el transporte no llega. Pero por fortuna estos chicos llegaron a nosotros, nos hicieron reflexionar sobre varios problemas de nuestra comunidad y ahora trabajamos para mejorar los estándares de higiene al momento de ordeñar a las chivas”, comentó Don Goyo. 

Según platican los habitantes de la comunidad, un viaje a Saltillo de ida y vuelta tiene un costo total de 200 pesos, es por eso que solicitar raites a la orilla de la carretera es una actividad que los habitantes realizan diario, con tal habilidad que con solo levantar el brazo un piadoso automovilista los ayuda.

Félix Garza, estudiante de Ingeniería Industrial y de Sistemas, dijo que ellos no buscaban dar un apoyo económico, “sino trabajar en conjunto con la comunidad para buscar el beneficio de ambos, nosotros estamos aprendiendo a trabajar en conjunto”.

La higiene, área de oportunidad para el negocio
Los alumnos contaron a 360° que en el pasado la actividad principal de las comunidades en estos cañones era la venta de queso. Pero como existe una sobreoferta en el mercado tienden a malbaratar sus productos. Los alumnos descubrieron que ellos realizan sus productos de manera orgánica, no utilizan procesos violentos y tiene un alto valor que incluso los mismos habitantes desconocen; “no dan pastillas, ni hormonas a los animales por lo que la leche que producen es leche con un alto valor orgánico”, comentaron los estudiantes.

Acompañados de Don Goyo y cinco de los alumnos de Universidad Carolina, nos adentramos en un gran corral. Más de 60 chivos aguardan para salir a pastar, ahí el ejidatario explicó a los chicos sus métodos de ordeña, los cuales esperan modificar en los próximos meses. 
“Es fácil muchachos”, dijo arrodillado en el suelo Don Goyo, “cruzan una pata de la chiva con su pierna y comienzan a presionar la ubre”, de inmediato un chisguete de leche salió expulsada a un balde.

Con la ayuda de estos jóvenes, Don Goyo espera lograr optimizar su producción, tanto en higiene, eficiencia, volumen y mejorar el precio de venta. 

“Nosotros venimos a aprender y colaborar con ellos y lo que buscamos es que ellos puedan lograr un ingreso fijo”, explicó Doonovan Álvarez.

Uno de los principales objetivos de los Dragones de Carolina es incidir en mejorar los procesos de higiene para la ordeña de chivas. Actualmente trabajan en un prototipo de sala de ordeña para optimizar los procesos.

“Nosotros tratamos de incidir en los procesos de higiene, los muchachos desarrollan un prototipo de sala de ordeña, donde los campesinos sean conscientes de la inocuidad al momento de ordeñar las cabras y mejorar las posturas ancestrales que se utilizan para la ordeña de las cabras, ya que es muy incómoda y lleva mucho desgaste físico, queremos mejorar esa postura, para agilizar el proceso. Los muchachos están desarrollando una ordeñadora semi-manual. La idea es que sigan dignificando su trabajo”, comentó el Coordinador de Desarrollo Humano.

La actividad con las chivas terminó, “tienen que salir a pastar”, nos dijo Don Goyo. Él, o uno de sus hijos, guiarán a los animales kilómetros lejos de Punta Santa Elena. De su boca sale, un sonido fuerte, seseante, como si dijeras la “ch”, fuerte y pausado varias veces, al escuchar esto de inmediato los animales obedecen, y siguen a quien los llama. Mientras las chivas pastan, nosotros, pasamos a casa de su hermano, Rubén, un hombre risueño, con “la sangre liviana”, él se encargó de contarnos cómo es que se hace el queso de cabra.

Para empezar el proceso es de vital importancia limpiar escrupulosamente el lugar de trabajo, los utensilios a utilizar y las manos. 

El primer paso es colocar la leche sobre la olla para llevarla al fuego, ahí se pasteurizará manteniendo la leche a 65º durante 30 minutos. Pasteurizar la leche es importante para asegurarnos que eliminamos riesgos, al mantener la leche a cierta temperatura durante cierto tiempo, hacemos incómoda la vida a ciertas bacterias y microorganismos patógenos, como los que provocan la temida brucelosis. Sin embargo si los animales llevan un exhaustivo control veterinario, no consumen antibióticos y son de total garantía, no es necesario pasteurizar. De manera que a la mínima duda, pasteurizamos y evitamos así riesgos innecesarios. Una vez pasteurizada la leche, se debe bajarla de temperatura, solo hay que esperar, a 30ºC, en ese momento añadimos el cuajo. 

Rubén explicó a los jóvenes que el cuajo es enzima renina extraída del cuarto estómago de las chivas lactantes. 

“Esto no tiene mucha ciencia”, dijo para contarnos el último proceso, “Sólo nos queda dar forma al queso, en una gasa y luego dejar cuajar en el congelador.

A la suma de muchos
“LIDD” va por buen camino, las negociaciones, convenios y formulaciones de protocolos y prototipos van avanzando de la manera adecuada según los integrantes del proyecto. Es por eso que estos ocho alumnos, buscan que más jóvenes, ya sean estudiantes de Universidad Carolina o de otras facultades y escuelas conozcan esta labor y se sumen al apoyo de nuestros vecinos, de nuestras comunidades. 

“Queremos que ésto se conozca, para que más chavos como nosotros les interese ayudar a nuestros vecinos y este mensaje no sólo es para alumnos de Carolina, sino para cualquiera”, explicó “Mendoza”.

Su principal consigna es utilizar la ingeniería y el diseño como catalizadores para el progreso social, por medio de la creación de soluciones sustentables que impacten positivamente a las personas que viven en comunidades marginadas. Así como empoderar a los participantes de LIDD y los miembros de estas poblaciones a través del proceso creativo y la solución de problemáticas comunitarias.