Discusión taurina
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Discusión taurina
“Usted no entiende de nada/ y de toros mucho menos/ mucho más que usted tío bestia/ animal, burro, zopenco…”
De esa forma da inicio el extraordinario poema “Discusión taurina”, del español Manuel Benítez Carrasco. El poeta del barrio del Albayzín, en la ciudad de Granada, lleva a la hilaridad el diálogo entre dos aficionados y conocedores de la llamada fiesta brava. Debo confesarlo: no sé nada de toros, nunca le encontré lo festivo a un espectáculo en el que se tortura y mata a un animal. En la actualidad la discusión taurina va mucho más allá del referido poema. Ahora las posturas de quienes defienden la celebración de las corridas de toros y de quienes, por su parte pretenden evitarlas, se polarizan. A cada bando corresponden una serie de argumentos que se lanzan impetuosamente para desacreditar al contrario. Los toros son cultura, dicen unos; la tortura no lo es, responden los otros. En medio de los dimes y diretes sobre las corridas y sus consecuencias debemos voltear la vista a otros importantes factores de reflexión que no se refieren estrictamente al respeto y cuidado a los animales. ¿Son las corridas de toros una manifestación expresa de violencia? ¿Nuestras niñas y niños están en riesgo al ser partícipes o presenciar este tipo de espectáculos? ¿La violencia en contra del animal puede ser entendida por las niñas y niños como una expresión de cultura?
Las respuestas a estas interrogantes las podemos encontrar si analizamos a fondo el documento que contiene las observaciones sobre los informes periódicos de nuestro país al Comité de los Derechos de los Niños de la ONU. Respecto al derecho de la niñez a no ser objeto de ninguna forma de violencia, el referido Comité recomienda al Estado Mexicano adoptar, a nivel federal y estatal, leyes y políticas integrales para hacer cumplir la prohibición relativa a la participación de niñas y niños en entrenamiento o actuación en corridas de toros, calificada ésta como una de las peores formas de trabajo infantil; pero además, insta a las autoridades a tomar las medidas necesarias para proteger a la niñez en su capacidad de espectadores, creando consciencia sobre la violencia física y mental asociada a la corridas de toros y su impacto en el desarrollo.
Ahora bien, ¿por qué razón el Estado mexicano debe atender las recomendaciones de la ONU? En 1990 México ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño, por lo que su contenido forma parte del orden jurídico mexicano, de acuerdo a lo dispuesto por la Constitución. Dentro de los compromisos asumidos, nuestro país debe presentar informes ante el Comité de los Derechos del Niño, sobre las medidas que se han adoptado para dar cumplimiento a las obligaciones establecidas en el tratado internacional; el Comité por su parte examina las acciones que se han llevado a cabo en México y emite una serie de observaciones y recomendaciones para proteger los derechos de la niñez. En este ánimo, en días pasados el diputado federal Armando Luna Canales presentó ante la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión la Iniciativa de Protección de la Niñez ante la Tauromaquia. La referida iniciativa no tiene como propósito prohibir las corridas de toros en México, sino evitar que las niñas y los niños sean espectadores en estos eventos, y los adolescentes sólo puedan presenciar el espectáculo en compañía de un adulto. La medida propuesta por Luna Canales está por encima de la polarizada discusión sobre la existencia de las corridas de toros. Está enfocada a la protección de nuestras niñas y niños. Pretende que ellas y ellos no presencien actos de violencia y repitan esas conductas en su entorno.
Aquí en confianza, estoy totalmente de acuerdo con la iniciativa de Luna. Todas y todos aspiramos a un país en paz; a un México libre de violencia. Empecemos por reflexionar sobre los actos que presencian nuestras hijas e hijos. Y si queremos mostrarles los toros, enseñémosles la fuerza y belleza del animal. Benítez Carrasco también escribió de toros sin referirse a la fiesta brava: “Contra mis cinco sentidos, tus cinco toritos negros…”