Desconcierto urbano

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Desconcierto urbano

Seguramente usted, como yo, tiene mucho qué decirles a los encargados de regular la vialidad en nuestra ciudad, tan distante ahora de aquella de calles transitadas sólo de vez en cuando por algún vehículo, y cuya tranquilidad permitía jugar a los niños en las calles: a las canicas, a la roña, a las escondidas, a la rueda de san Miguel, o brincar la cuerda y armar partidos de futbol. Aquellas empinadas, pero tranquilas calles del centro eran las pistas de carreras para los carritos de roles, antecesores directos de las patinetas y los go-karts de hoy.

Los carritos de roles eran hechizos. A los extremos más cortos de una tabla rectangular se les sujetaba por el centro un barrote de madera saliendo unos 10 centímetros de cada lado, a manera de ejes. En los extremos se fijaban unas llantas metálicas a base de balines también metálicos, y al eje delantero se amarraban, junto a las llantas, los extremos de una cuerda corta que servía al conductor para mover el eje y dirigir el carrito en las curvas, para lo que se ayudaba también con los pies, puestos uno a cada lado de la tabla sobre el eje. Los carritos agarraban un vuelo descomunal bajando por la retorcida y empinada calle de Bravo, desde Escobedo hasta Juárez y más abajo. El riesgo de atropellamiento por un vehículo era casi nulo porque transitaban por las calles a vuelta de rueda porque las máquinas no daban más. El único peligro era salir volando si el carrito chocaba en la cuneta o si se volteaba en algún bache.

Pero esos escenarios ya no existen, y seguramente usted, como yo, vive múltiples problemas en las calles que recorre diariamente, y diariamente se pregunta ¿por qué no harán esto o lo otro? Seguramente quiere preguntar a los agentes de tránsito por qué se ponen ellos a “dirigir” el tráfico en las bocacalles del primer cuadro si los semáforos instalados en esas esquinas sí funcionan bien; o por qué no les dan a los peatones el tiempo necesario para cruzar las calles; o por qué los mismos agentes se ponen a “regular” el tráfico en las esquinas en donde hay letreros de “Alto. Ceda el paso a un vehículo”, cuando éstos funcionan mejor y además ayudan a educar a la gente para ceder el paso en otras esquinas sin letreros, o a la salida de los estacionamientos, y también enseñan con el paso del tiempo a detenerse para que los peatones atraviesen la calle como lo merecen.

Seguramente usted, como yo, se ha preguntado por qué ese automóvil va por en medio de la calle cuando hay dos carriles por los que se puede transitar; por qué los coches caminan en dos hileras cuando en la calle hay tres carriles; por qué los peatones cruzan las calles por la mitad cuando deberían hacerlo en las esquinas; por qué ese automóvil parado está desquiciando el tráfico cuando en esa calle no puede estacionarse; por qué ese vehículo agarró el carril derecho cuando pretende dar vuelta a la izquierda en la esquina; por qué ese otro se estacionó en medio de dos cajones; por qué aquél se pasó el “alto”; por qué se pasan el ámbar del semáforo; por qué..., por qué..., por qué...

Seguramente usted, como yo, piensa que el Municipio no debe dejar que los autobuses transiten de nuevo por la recientemente regenerada calle de Allende. Seguramente también piensa que los protagonistas del caos vial somos todos los que transitamos por las calles, en vehículo o a pie, y que por tanto la responsabilidad no es únicamente de las autoridades encargadas de regular la vialidad, sino de todos, de ellos y de nosotros. Y entonces, seguramente usted, como yo, piensa que si asumiéramos cada uno de nosotros su propia responsabilidad tendríamos una ciudad mejor, más ordenada, y en consecuencia, una ciudad más tranquila y más feliz.

edsota@yahoo.com.mx