Demanda en Cáritas crece en pandemia, acuden de todas la edades por un plato de comida

Usted está aquí

Demanda en Cáritas crece en pandemia, acuden de todas la edades por un plato de comida

Necesitados. Hace tres semanas, en plena pandemia cuando la crisis empezó a apretar, la gente se volcó al Centro Comunitario de Cáritas en busca de comida. JESÚS PEÑA
Hay días en que la comida no da abasto, pero no se van hasta que les dan algo de comer

Xipatli se quedó anonadada el día que un muchacho llegó al comedor con una lata de leche, manchada de tizne, para que le sirvieran algo de alimento. Era un joven como de unos 20 años.

“Muy triste la verdad, sentí horrible cuando lo vi”, cuenta la mujer.

Fue hace tres semanas, en plena pandemia, cuando la crisis empezó a apretar y la gente de la colonia Cañadas del Mirador, en Ramos Arizpe, se volcó al Centro Comunitario de Cáritas en busca de un plato de comida.

Estamos sobreviviendo con lo que nos da Cáritas. Queremos que nos apoyen con una despensa… Estamos desempleados algunos y otros son adultos mayores”.
Beneficiaria del comedor Cáritas.

“A veces uno se anda ahogando con sus problemas en su casa. Te ahogas en un vaso de agua, ya vienes aquí y ves la realidad, el cómo vive la gente y dices ‘ay no, yo vivo bien’, entonces eso te motiva a ver a la gente, a ayudar… Te sientes bien contigo misma”, dice Xipatli.

A la sazón este comedor ofrecía a diario alrededor de 50 o 60 platillos gratuitamente, pero ahora con la crisis se ha triplicado a 180 raciones.

“Se disparó, hacíamos tres kilos diarios de arroz, ya estamos haciendo seis kilos de arroz, se dobló. Antes venía muy poquita gente, casi eran puras personas de la tercera edad, que eran las que necesitaban los alimentos.

180 raciones diarias hacen actualmente.

“Ahorita ya está viniendo gente de todas las edades, con necesidad, se ve en sus sartenes y que hacen la fila desde muy temprano…”, dice Xipatli Guerrero, cocinera voluntaria que divide su tiempo entre el comedor, la atención de sus hijos y su trabajo de soldadora en una planta de aires acondicionados.

“Es muy pesado, pero al final es una satisfacción muy grande”, cuenta.

Todos los días, de lunes a viernes, a las puertas de este comedor, que es sostenido por la organización Cáritas de Saltillo, es posible observar desde las 10:00 de la mañana una larga fila gente, mujeres y niños, principalmente, venida de los sectores aledaños a Cañadas del Mirador, recipientes en mano para llevar algo que comer a su hogar.

60 platillos hacían antes de la crisis por la pandemia.

DESEMPLEADOS

Son amas de casa cuyos esposos están desempleados o empleados con medio salario.

“La mayoría de los que tenemos están desempleados… Pero además no tienen un trabajo fijo, depende de los puestos del mercado, tiene un trabajo informal, por eso es que se acercan aquí…”, cuenta Antonia Torres, otra voluntaria que además es ama de casa.

A veces, dice Antonia, es tanta la gente que acude a este comedor que la comida no da abasto.

“Pero se les da otra cosa, pan, dulces, fruta, lo que haya, sin algo para comer… no se van”.

Urbi, Villasol, Cactus y los dos sectores de Cañadas del Mirador son algunas de las colonias de donde provienen los comensales de esta olla comunitaria, que además ofrece educación religiosa y valores a las familias.

Voluntarios. Antonia y Xipatli son dos de las voluntarias que apoyan en el comedor que se sostiene de donaciones. JESÚS PEÑA

“Son colonias que sí necesitan mucho apoyo, apenas están avanzando…”, platica Antonia.

Ayer las cocineras voluntarias de esta casa sirvieron arroz con verduras y pollo. Un manjar.

“Cáritas es de que quien se dedica, los que dan las donaciones, vaya, los que nos traen los insumos para que nosotras cocinemos, ellos nos dan el menú…”, dice Xipatli.

Mientras esperan su turno en la fila para que les sirvan la comida en sus topers o botes plásticos rotulados con marcas de yogur, algunas mujeres aprovechan para hacer un llamado a las autoridades de Ramos Arizpe.

“Estamos sobreviviendo con lo que nos da Cáritas. Queremos que nos apoyen con una despensa… Estamos desempleados algunos y otros son adultos mayores. Que nos ayuden, por favor…”, dice una vecina que prefiere no dar su nombre.