De la seguridad me encargo yo

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De la seguridad me encargo yo

La memoria humana como proceso mental tiende a ubicarse en el corto plazo. 

Lejano se ve el tiempo en el que cualquier estruendo era relacionado inmediatamente con una balacera, en el  que los encabezados de los periódicos describían hechos atroces y enumeraban homicidios, en el que las pláticas de sobremesa tenían como contenido invariable la inseguridad que se vivía en Coahuila, y en ellas se contaban sin reserva los hechos delictivos de los cuales las personas habían sido víctimas, bien sea por que los vivieron en carne propia o tenían noticia de estos; si no había nada que abonar a la plática siempre era posible contar que el “primo de un amigo” había sido “levantado”. Atrás quedó la época en la que transitar de noche por las carreteras de nuestro Estado se convertía en una verdadera pesadilla para quienes tenían la necesidad de hacerlo, en la que había que malbaratar vehículos de ciertas características, o simplemente guardarlos para ser usados en un mejor momento, o en la que la imagen de un estadio de futbol con los aficionados resguardándose ante el sonido de los disparos dio la vuelta al mundo. 

Al inicio de la campaña por la Gubernatura de Coahuila, Rubén Moreira pronunció una frase que al mismo tiempo arrancó aplausos y generó incertidumbre: de la seguridad me encargo yo. 

Enorme reto el que el entonces candidato se echaba a cuestas. Las cifras eran alarmantes; los delitos de alto impacto se registraban con mayor frecuencia, y el temor crecía entre la población. Afrontar el compromiso seguramente no fue tarea sencilla. Había que devolver a las y los coahuilenses la paz que se había perdido. Desde el inicio, el Gobierno de Coahuila se encargó de buscar una verdadera coordinación entre los tres órdenes de Gobierno para enfrentar el terrible flagelo de la inseguridad. Según cifras oficiales, gracias a esa coordinación, se han llevado a cabo más de 29 mil operativos que sumados a otras acciones concretas, han permitido tener los resultados con los que ahora se cuenta. 

Por mencionar solo un ejemplo, los homicidios registrados en Coahuila relacionados con la rivalidad delincuencial han disminuido un 86% si comparamos el mes de agosto del 2012, con el mismo mes del 2016. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización, publicada por el INEGI, Coahuila ocupa el primer lugar con la menor incidencia delictiva del País, después de haberse colocado en el lugar 23 en el año 2011. Pero los operativos no han sido el único factor para la recuperación de la tranquilidad. 

Ahora en Coahuila se cuenta con un marco legal que contempla la regulación de nuevos delitos y el endurecimiento de las penas; un control más estricto sobre la distribución y venta de alcohol; el cierre definitivo de casinos, giros negros y yonkes. Además, los policías en activo, quienes por cierto han acreditado totalmente las pruebas de control de confianza, perciben un salario homologado de al menos 12 mil pesos mensuales, tienen acceso a seguridad social, y hasta la posibilidad de adquirir una vivienda mediante un crédito de INFONAVIT. Como nunca antes en la historia de Coahuila se han destinado más de 2 mil 500 millones de pesos en infraestructura para la seguridad: cuarteles, bases y espacios para albergar elementos militares han aumentado en número durante esta administración. El resultado es claro: ninguno de los municipios coahuilenses está hoy considerado en el listado de las 50 localidades más violentas del País, y en las que el Gobierno de la República desplegará una estrategia especial.

Aquí en confianza, no debemos olvidar. El enemigo está al acecho. Relajar las acciones o flexibilizar las medidas tomadas puede acarrear el regreso de la violencia. Evitemos dar crédito a propuestas irresponsables de los políticos que por ganar un voto ofrecen ampliar los horarios de venta de alcohol, reabrir casinos o recontratar a elementos de seguridad que no hayan resultado aptos en sus pruebas de confianza. Nunca como hoy los coahuilenses estamos llamados a recordar los momentos aciagos que vivimos. No debemos bajar la guardia; es por nuestros hijos.