De la cárcel a la defensa de derechos: Samantha cuenta cómo es la política para una mujer trans
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De la cárcel a la defensa de derechos: Samantha cuenta cómo es la política para una mujer trans
Más de tres meses en prisión, acusada de un delito que no cometió, convirtieron a Samantha G. Fonseca en defensora de derechos humanos en México, donde las agresiones a defensores y personas trans son un crimen que ocurre con frecuencia.
Desde 2007, Samantha apoya principalmente a personas que viven alguna situación de vulnerabilidad en la Ciudad de México y otras entidades del país.
En 2007, Samantha, una mujer trans, pasó más de tres meses privada de su libertad, acusada de robo agravado y homicidio en grado de tentativa por un hombre homosexual, que frecuentemente acudía a los antros donde solía convivir, con quien tuvo un problema.
A los tres días del incidente, en estado de indefensión e incomunicada, Samantha fue trasladada al Reclusorio Preventivo Varonil Norte, aunque para entonces ya se identificaba como mujer trans.
A partir de su salida del reclusorio, donde fue agredida por otros presos y autoridades y donde, incluso, fue violada sexualmente, Samantha comenzó a impulsar una agenda política que defiende a “grupos vulnerados”.
La política para Samantha
Samantha, originaria de Monterrey, estudió derecho y administración de empresas e inició su participación en la defensa de derechos humanos en 2007, cuando conoció al abogado Jaime López Vela, de la organización Agenda LGBT, quien la ayudó.
Luego de eso, Samantha fue invitada por López Vela para colaborar con el Partido del Trabajo en la Oficina de atención a la Diversidad Sexual en la Delegación Cuauhtémoc.
Posteriormente, por su propia cuenta, ella logró ser coordinadora nacional Política en materia de Diversidad Sexual y Equidad de Género del Partido del Trabajo, lo que la convirtió en la primera mujer trans con un cargo como titular a nivel nacional.
Luego, con Movimiento Ciudadano, fue secretaria de Derechos Humanos del Distrito Federal y regresó a ser coordinadora nacional política en materia de atención a grupos vunerables, también del PT, como último cargo político.
En las elecciones para la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, celebradas en junio de 2016, Samantha fue candidata joven del Partido Nueva Alianza, siendo la única mujer trans que contendía en la elección.
Su propuesta se dirigió a la visibilización y reconocimiento de “los grupos sociales más estigmatizados y discriminados que existen en México”: personas privadas de su libertad, personas de talla pequeña, personas tatuadas, con perforaciones, tatuadores, población callejera y personas migrantes, aunque, comenta, “desde 2012 yo traigo la agenda con todos estos grupos”.
Sin embargo, dice, “no fue posible que yo llegara con esos temas, porque no era del interés político”.
Sobre su experiencia personal en la política, Samantha señala que “ha sido muy grata, porque como mujer trans y a pesar de la violencia y persecución a nuestra comunidad, puedo decir que he llegado hasta aquí sola, con todo y el estigma y la discriminación”. Sin embargo, “no es fácil”, porque la mayoría de las personas en la política “son muy cuadrados y muy radicales”.
“Al principio preguntan “¿Cómo te digo?” o si soy mujer, como si fuera un bicho raro”, pero, añadió “es cuando una, como chica trans, debe estar con la mentalidad abierta, aceptarse y estar consciente de que le van a preguntar hasta lo que no”.
Otra dificultad que ha encontrado en la política es la de “paridad de género”, dice.
“He tenido pleito incluso con mujeres, que dicen ‘no, a ver, ¿cómo crees? Ella no es mujer y no debe ir con nosotras’, mientras con los hombres tampoco puede participar “porque no soy hombre”.
Además del trabajo que Samantha ha realizado con partidos políticos, ella realiza labores independientes en defensa de las personas privadas de su libertad.
“Me importa que se atienda a la población penitenciaria, que se visibilicen todas las violaciones a derechos humanos que hay en el debido proceso y que se haga justicia para todas las personas. Que salgan aquellas privadas de su libertad injustamente y que la reinserción social se obtenga de manera digna e integral”, explicó.
Samantha lleva desde diciembre de 2015 acudiendo de manera constante a los reclusorios de la Ciudad de México y de algunos otros estados para conversar con las personas privadas de su libertad acerca de sus historias de vida antes de la cárcel y sus metas después de haber estado en prisión, porque “merecen ser escuchadas y que se tomen en cuenta esas historias de vida, lo que ayudará a una real reinserción social”.
También asesora y apoya a personas que la buscan sabiendo que tiene comunicación con diferentes actores del gobierno. “La gente me conoce y sabe de los contactos que tengo y me piden vincularlos para resolver algunas situaciones complicadas”.
Amor y rechazo
Hace seis años, Samantha comentó a Animal Político que, además de sus metas como defensora nacional de derechos humanos, esperaba casarse y adoptar dos bebés.
Con una sonrisa relata: “Sí me casé, aunque ya me divorcié. Actualmente tengo una relación estable, aunque difícil porque mi pareja está privado de su libertad injustamente. Pero que esté preso y yo sea trans no impide que hoy seamos muy felices”.
Samantha e Israel, su pareja, se conocieron cuando ambos coincidían en antros.
Al iniciar en la política, Samantha supo que Israel viajaría a Europa para un intercambio escolar y perdió contacto con él.
Se enteró que Israel estaba preso cuando él pidió hablar con ella, ya que desconocía de su situación. Al reencontrarse comenzaron con una relación de pareja que actualmente lleva más de un año.
Ahora Israel y sus perros son su única familia, con quien tiene planes a futuro, luego de que, su abuelo se suicidó en 1999, su madre murió de cáncer en 2009, su abuela murió de un infarto en 2014 y a los hermanos de su mamá los asesinaron.
El resto de su familia, comentó, “eran muy machos y muy homofóbicos”, la juzgaban y desde niña le decían que “era lo peor que le pudo haber pasado a su madre”, pero ahora que ella es defensora nacional de derechos humanos y trabaja en la política “ya me buscan, pero yo les digo que no. Ahora ya tengo una vida y como diría mi abuelita, si por interés me quieren, bien me pueden olvidar”.
Samantha explicó que pueden considerarla como una “chapulina política” porque ha trabajado con diferentes partidos, “pero al final de cuentas yo soy defensora nacional de derechos humanos y si cualquier partido apoya la causa que abandero, voy a estar con él”.
Sobre sus próximos proyectos políticos, contó que seguirá trabajando en la defensa nacional de derechos humanos y que quiere ser candidata a senadora en 2018.
Si ningún partido está dispuesto a respaldar su agenda política, finalizó, “vamos como independientes, pero seguiremos adelante”.