De color naranja
Usted está aquí
De color naranja
Desde que el color naranja fue designado para apoyo de la no violencia contra las mujeres, el Gobierno del Estado distribuyó listones de ese color entre sus empleados y les pidió llevarlo puesto en un pequeño lazo o usar una prenda de ese color los días 25 de cada mes. Lo anterior fue una acción adelantada que habla bien de nuestro Gobierno.
Aquí está el fundamento de dicha acción. El 25 de este mes de noviembre ha sido designado por la ONU como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y de ahí hasta el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, está convocando a 16 días de activismo naranja internacional con la campaña “ÚNETE para poner fin a la violencia”: “Pinta el mundo de naranja. Pon fin a la violencia contra mujeres y niñas”.
Dentro de las grandes actividades ya programadas están las de iluminar de ese color las Cataratas del Niágara en Estados Unidos, y la impresionante portada de Pietra, en Jordania, y muchas otras manifestaciones en apoyo a la prevención de la violencia y a la difusión misma de los quehaceres de la mujer y su lugar frente a los varones.
Tristemente, lo más subrayado es lo de siempre: los altos índices de violencia contra el género femenino. Estadísticas que no disminuyen, cifras desalentadoras: “En todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental”, es el slogan de la campaña.
En todo México, de cada 100 mujeres que viven en pareja, un 47% sufren violencia física, sexual, emocional y económica ocasionada por su compañero. Muchas de esas mujeres sobrellevan, además, la violencia laboral y social. Siendo la fuerza bruta atributo de los hombres, las agresiones físicas y sexuales son las manifestaciones más comunes de la violencia contra las mujeres. Sin embargo, el maltrato emocional es a veces más doloroso que el ataque físico. Un altísimo número de las mujeres que viven en familia padecen la violencia intrafamiliar, no siempre ejercida nada más por el padre o los hermanos varones, sino también, y lamentablemente, por la madre, que a su vez es violentada por su pareja. Un mundo de brutalidad sin plazo ni tregua.
A pesar de la incursión afortunada de las mujeres en muchos de los ámbitos tradicionalmente reservados a los varones, y no obstante sus calladas victorias en la búsqueda de la igualdad ante ellos, el tradicionalismo sigue mostrando su carácter machista a través de pequeñas, y a veces muy grandes vejaciones a las mujeres, con las que se pretende afirmar la supervivencia, o quizás la nostalgia, de la autoridad masculina, que ellos sienten perdida y ellas sólo compartida.
En la antigüedad, la participación femenina se dio en un mundo poblado de diosas dotadas con poderes formidables como la Atenea de los griegos, las seductoras ninfas hijas de los ríos y los árboles como Erato y Coricia; las recias sacerdotisas y respetadas pitonisas como Pitia, quien dominaba el oráculo de Delfos, el más consultado y temido de la mitología griega, y multitud de protagonistas de amores legendarios encabezadas por Dafnis, la eterna amante de Cloe. En la historia moderna, la figura femenina puebla el mundo de las letras en todos los géneros, y ya habita los mundos de la política, los negocios y las finanzas, además de los que por tradición le son asignados, como el doméstico, el educativo y el de la asistencia social, en muchas ocasiones compartidos estos últimos voluntariamente por los varones.
Lo cierto es que ni entonces ni ahora podrían imaginarse ni los mitos ni la vida, incluso la misma muerte, sin la presencia de la mujer, compañera, complemento y mitad exacta del hombre.