De Coahuila a Lillehammer un mismo objetivo: hacer periodismo

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De Coahuila a Lillehammer un mismo objetivo: hacer periodismo

Viajé casi un día para reunirme con otros 900 periodistas de 121 países y conocer de sus experiencias y formas de trabajo en materia de investigación y periodismo de datos

Torreón. Casi 24 horas de viaje separan Torreón, México de Lillehammer, Noruega. Polos opuestos: la primera, una ciudad semidesértica con el azote del sol gran parte del año. Lillehammer, en cambio, una de las ciudades más frías de Noruega, donde llegar a los 15 grados centígrados es hablar de verano. 

Viajé casi un día para reunirme con otros 900 periodistas de 121 países y conocer de sus experiencias y formas de trabajo en materia de investigación y periodismo de datos. Al inaugurar la Conferencia Global de Periodismo de Investigación (GIJC por sus siglas en inglés), David Kaplan, el director de la Global Investigative Journalism Network, una red que reúne a 118  organizaciones civiles en 54 países del orbe, lanzó una cifra escalofriante: Únicamente 14 por ciento de la población en el mundo disfruta de prensa libre. 14 por ciento, apenas una de cada siete personas en el mundo sabe lo que es tener una prensa sin el acoso del Estado o el crimen organizado. “El mundo es uno solo”, dijo Kaplan, y por eso, agregó, la necesidad de esparcir el “virus” de la investigación periodística. “No dudes que estamos haciendo la diferencia. No estás solo. Te vamos a ayudar”, animó a los cientos de periodistas que iniciaríamos trabajos en alguno de los 160 paneles, talles, capacitaciones, conferencias y eventos especiales.

Como parte de la declaratoria inaugural de la Conferencia, escuchamos las experiencias de colegas en Angola, Azerbaiyán, Malasia y México, sobre el contexto de violencia y ataque a periodistas en dichos países. Drew Sullivan, cofundador del Organized Crime and Corruption Reporting Project, comentó: “Los periodistas son la única protección de los periodistas”. De ahí la necesidad de conocer casos, métodos, estrategias; de escuchar experiencias, construir redes de trabajo, de compartir herramientas y técnicas. Ese sería el fin primordial de las 24 horas de viaje.

El hotel Radisson Blu se convirtió en un campamento intensivo de cuatro días. A las afueras del ‘campamento’, el clima gélido con matices otoñales colmaba el ambiente. Dentro, Henk van Ess, un experto en búsqueda a través de internet y las redes sociales, incendiaba una sala al mostrarnos la facilidad – y la utilidad- con la que es posible encontrar personas, fotos, videos o historias en cuestión de minutos. Con Facebook Graph y Graph tips, es posible sumergirse en un océano de información. En otra sesión, Henk mostró, con ejemplos propios, la forma de buscar en la web bajo presión. 

Gary Price y Margot Williams, dos periodistas investigadores, expusieron las 100 mejores bases de datos para la búsqueda en internet: C-Span Video Library, una página que almacena más de 215 mil horas de videos de todo tipo de temas; BASE, una página con millones de artículos y estudios académicos, Infobel para encontrar empresas o personas en todo el mundo, open corporates o corporationwiki para localizar empresas y directores en distintas jurisdicciones, fueron algunos ejemplos que bien se pueden aterrizar a la práctica investigativa diaria.

Uno de los paneles más interesantes fue el de “informar sobre el crimen organizado”. Tres periodistas: Cecilia Anesi, Stevan Dojcinovic y Marcela Turati, hablaron sobre sus experiencias investigando y contando sobre la Ndrangueta, la mafia en Serbia y los carteles mexicanos. Los periodistas compartieron experiencias, formas de trabajo, peligros, contextos de investigación. Desmenuzaron cómo poco a poco las mafias se han ido adentrando al mundo de la política y diferentes industrias.

Sesión parecida la de “Follow the Money worldwide”, de Miranda Patrucic y Paul Radu, miembros del Organized Crime and Corruption Reporting Project, quienes compartieron su experiencia para investigar sobre el crimen organizado en los Balcanes. Minuciosos seguimientos, investigación de estructuras corporativas, paraísos fiscales y localización de posibles fuentes, se podrían resumir en lo que aconsejó Radu: “A veces hay que pensar como si fuéramos criminales”.

Jodi Upton, una editora senior del US Today y Jennifer LeFleur, editora senior del Center of Investigative Reporting, hablaron de las reglas básicas para visualizar los datos en un tema periodístico: entrevistar a los datos, hablarles, comprarles de cenar y no enamorarse de ellos hasta que se conozcan las deficiencias. Las periodistas enfatizaron en siempre colocar a los datos en su justo contexto y mantener una escala consistente. Además, ofrecieron una serie de herramientas para el periodismo de investigación.

Rutas del Conflicto, un proyecto colombiano que busca convertirse en un memorial de la violencia vivida en aquel país, fue presentado por Óscar Parra e Ivonne Rodríguez, quienes expusieron la travesía para mostrar un producto periodístico y de datos que reconstruye la memoria colombiana de víctimas y sobrevivientes del conflicto en aquel país. Un proyecto que debe ser conocido por todos, no solo por la ingeniería periodística que ha llevado a documentar decenas de masacres o la visualización interactiva de los mismos, sino por su gran sentido ciudadano.

En una sesión de dos horas, la costarricense Giannina Segninni, de la universidad de Columbia, expuso la forma de rastrear commodities (desde cuchillos hasta armas) a través de bases de datos internacionales en línea como “comtrade” o “sipri”. “Todo en la vida es un número. Hay que hablar el lenguaje de los productos… Todas las transacciones están hechas de acuerdo a códigos”, explicó Segninni. Los códigos HS (Harmonized Sysitem) están estandarizados a nivel internacional. Las armas militares, por ejemplo, tienen el código 930190; el permanganato de potasio, una sustancia que puede ser utilizada para procesar la pasta de coca, tiene el código 284161. Y todo es rastreable en materia de importación y exportación. Grandes herramientas que sirven para confrontar las cifras oficiales de todos los gobiernos.

Además, Segninni ilustró la forma de rastrear guías de carga, contenedores y barcos. “Todos tienen un número y los contenedores mueven el 90 por ciento de la carga en el mundo”, explicó sobre la importancia de rastrear un contenedor que en cualquier momento, podría ser utilizado para mover productos ilegales. 
Lena Groeger, periodista de ProPublica, enseñó los diferentes instrumentos en internet para crear líneas de tiempo digitales que pueden potencializar los trabajos periodísticos. En un taller práctico, desarrollamos historias narradas en el tiempo. 

Otros colegas optaron por sumergirse al mundo de la codificación, de profundizar en la visualización de historias digitales, acudir a algún panel sobre cómo investigar a un banco o los paraísos fiscales; o temas más específicos como investigar a la mafia italiana en China. Periodistas entraban y salían de una sala a otra. En cada una hice amigos: de India, Dinamarca, Noruega, Egipto, Colombia, Nicaragua, Angola, Inglaterra… La camaradería se impregnaba fácilmente igual en una sala que en el restaurante del hotel donde todos buscaban una silla donde sentarse a comer. A lado un nuevo colega, un nuevo amigo. 

Sin embargo, la GIJC de 2015 no sólo ofreció entrenamientos, paneles y conferencias. Por las noches pudimos observar documentales periodísticos como “Assignment China: Follow the money”, un trabajo que muestra el trabajo de los corresponsales estadounidenses en China o “India’s daughter”, un documental que expone, basándose en un caso de violación, el tema de la violencia contra la mujer en ese país.

La parte social tuvo un peso importante. La fiesta de bienvenida, The muckrackers live, la cena de gala o simplemente escaparse a las calles de Lillehammer y tomarse una cerveza con los colegas, se convirtió en la forma idónea de compartir experiencias, crear conexiones, alianzas y desarrollar amistades. 
Lillehammer, una villa olímpica apacible. Sus calles sigilosas, como si el frío las cubriera de una melancolía invernal. Por el día, el lago Mjøsa, el más extenso del país, reflejaba las montañas verdes, las casas pintorescas de madera y los campos de cultivo custodiados por árboles cuyas hojas amarillentas se desistían de caer. Por las noches parecía que en cualquier momento se escucharía un trueno en el cielo que despertaría a toda la ciudad. Pero en el Radisson Blu, de desde donde se alcanzaba a mirar la pista de salto de esquí, bullían cientos de colegas con un mismo fin: defender y mejorar el periodismo de investigación.