Conmemorar para no olvidar… y aprender

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Conmemorar para no olvidar… y aprender

La memoria la construimos todos. ¿Lo hemos hecho?

El 31 de enero se cumplieron 10 años de la masacre al bar Ferrie de Torreón, donde un grupo de pistoleros atacaron a balazos el establecimiento, dejando 10 personas muertas. ¿Quién se acordó de dicho evento? ¿Quién recordará el próximo 15 de mayo o el 18 de julio, fechas en las que también se cumplen 10 años de los ataques al bar Juanas VIP y la quinta Italia Inn?

Seguramente las familias de Daniel, Blanca, Irving, Andrés, Sergio, Fernando, Claudia, Marco, Gabriel y Zulema, aquellas que fueron asesinadas en el bar Ferrie, sí lo recuerden. ¿Qué fue de esas familias?

Aquella madrugada mataron los sueños y el futuro de chicos de 19, 20, 21, 23, 25, 30 y 39 años. Pero nosotros, la sociedad, hemos enterrado su memoria. Y eso duele. ¿Quiénes eran? ¿A qué se dedicaban? ¿A qué se querían dedicar? ¿Tenían hijos, hermanos, hermanas, novia, novio? ¿Estudiaban, trabajaban? ¿Cuáles eran sus sueños? ¿Dónde vivían? ¿Cómo eran? ¿Qué les gustaba? ¿A qué le tenían miedo? ¿Qué proyecto dejaron trunco?

¿Y sus familias? ¿Cómo enfrentaron el duelo? ¿Qué afectaciones emocionales, físicas o sicológicas tuvieron? ¿Han superado la tragedia? ¿Alguna autoridad del estado les dio apoyo psicológico o, como le llamaron en la pasada tragedia del Colegio Cervantes, el protocolo de contención? ¿Se recuperaron? ¿Se fueron de la ciudad? ¿Cómo viven o cómo recuerdan este 31 de enero?

¿Qué pasó en 10 años? Olvidamos, enterramos, nos escondimos. ¿Qué hicieron las universidades? ¿Qué hicieron las cámaras empresariales, esas que se jactan de codearse con el poder? ¿Qué hicieron los activistas o las asociaciones civiles? ¿Qué hicieron los jóvenes? ¿Qué hicieron las iglesias?

La respuesta es evidente. La tiene allí, querido lector, en la boca. Y lo sé, duele esa respuesta. Duele el desinterés, la falta de empatía, la ausencia de una conmemoración por las víctimas, la nula memoria. En un país donde la escalada de violencia no se detiene es necesario trabajar por los principios de reparación y no repetición, no sólo en el estado, sino también en la sociedad. Por principio, la sociedad.

En su más reciente publicación, Noam Chomsky enfatiza que para cambiar las cosas tendrá que surgir la cooperación, la solidaridad, la comunidad y el compromiso colectivo. ¿Qué tanto hay de ellos en nuestra sociedad? El compromiso colectivo parece haberse roto hace muchos años y ejemplos sobran, como la creación de guetos en las colonias durante los años álgidos de violencia.

Pienso que La Laguna y Coahuila vivimos en deuda con el pasado, sobre todo con el pasado inmediato, el de la época violenta, el de las masacres a lugares públicos, los atentados, los crímenes a mansalva, las desapariciones forzadas, los desplazados. Pareciera como si regresar al pasado significara zambullirse en una pesadilla. Cuando volver al pasado, debería representar la dignificación de la historia, de las víctimas, del dolor, de la memoria.

Ana Carrasco Conde, profesora de filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, escribió: “El pasado sólo existe en la medida en la que es traído al presente como relato y es en calidad de tal como podemos ser conscientes de que la memoria del otro no solamente es importante por dar cuenta de lo vivido, sino por explicar por qué y cómo vivimos nosotros”.

AL TIRO

Recientemente el fiscal Gerardo Márquez Guevara habló sobre el tema de los homicidios y señaló que estos no deben causar pánico, pues son disputas por los puntos de venta para el trasiego de la droga en los distintos municipios, “son ajustes en lo oscurito, muy personalizados y en áreas de la periferia”.

En un santiamén el fiscal degradó a la nada a toda la gente que vive en la periferia, a los jodidos de la periferia, a los nadie, a los que –para el fiscal– no son parte de la población porque son marginados, periféricos, fuera del radar, fuera del reflector y sin voz.

Lo mismo se dijo hace 10 años: son hechos aislados, son ajustes de cuenta, son ejecuciones por la pelea de la plaza. Caray, pasaron 10 años y seguimos igual, seguimos sin memoria, seguimos sin aprender.