Como reses

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Como reses

Los únicos lugares públicos libres de virus eran los que estaban prohibidos. Léase: páramos desérticos, bosques y playas de acceso gratuito. Era una mala broma. Pensar que lo deseable y accesible, sin costo alguno, era lo restringido.

Como reses al matadero, pensó él. Pero no exactamente al matadero sino a las cajas registradoras en donde pudieran dejar su dinero.

En ese pueblo era visto como sospechoso quien saliera incluso a correr o en bicicleta, no fuera a expandir el virus. Los negocios de cubre bocas con materiales que desprendían pequeñas partículas que ingresaban al sistema respiratorio y lo dañaban, florecían. Y las cabinas sanitizantes eran el gran negocio pese haberse comprobado su ineficacia y el riesgo que conllevaba a la salud, todo por el espectáculo: que se viera que se cuidaba, que pareciera. No que funcionara realmente.

Medidas y más medidas sin llegar al fondo de la problemática. Lo que en el país amarillo estaba clasificado como criminal para la salud alimentaria, en este país estaba permitido. Se aceitaba el sistema: consumir basura, para tener una salud de basura y comprar medicinas de quinta categoría, que mantuvieran al infinito la prescripción.

Y los medios de comunicación en su mentira. Así, mes tras mes, las personas dilapidaban su dinero para seguir en la ceguera, como ratones en la rueda.

La Nueva Realidad impelía a fuertes campañas publicitarias. Los gobiernos intentaban contener el virus sin modificar las condiciones de salud alimentaria, laboral y social.

Él estaba decidido, se iría a la playa más alejada posible. Nadie podría verlo. Ni modo que le hiciera daño al viento si es que traía algún virus colgando de la sonrisa o del hastío. Así que tomó sus pertenencias, se subió al auto y con el cubre bocas por delante, llegó a la playa más solitaria. Nadie junto a él. O más claramente dicho. Estaba él unido al viento, al cielo y a la cálida arena. Todo fue meter los pies al agua y sentir las burbujas tronar en su piel, con su particular sonido abarcador. El cuerpo entero se erizó. Se lanzó al agua: la dicha.