Pues parece que desde el título vendimos ya el quid de esta columna. Ni modo que ahora salga con el análisis de riesgos de inversiones en criptomonedas (aunque si de casualidad sabe usted cuál es la mejor opción para invertir un pequeño capital, hágamelo saber por favor, tengo trescientos pesotes para iniciarme como crack bursátil). 

Lo más seguro es que tenga usted sus convicciones políticas ya bien delineadas, como ceja de chola; así como sus filias y sus fobias partidistas. 

Tal vez sea usted un rancio panista, muerto por dentro desde hace años, y vota en por quien sea que el partido postule, so pena de excomunión o de que lo deshereden. Todavía cree en Yesocristo y piensa morir azul.

O a lo mejor es usted un priista, recalcitrante y cínico, de alcurnia o de humilde origen, pero ya le agarró el gusto a vivir bien y entendió que ello sólo puede significar vivir del erario. Admite sencillamente que le conviene y vota y saca a votar hasta al perro de la familia, por la fórmula ganadora: el tricolor.

O quizás ya fue usted en sus vidas pasadas todo lo anterior, pero renació en AMLO y su corazón fue purificado por el fuego morenista, así que para no hacer enojar a la Santísima Trinidad (AMLO, Chairo y Espíritu Ganso), pues votará por los profetas señalados por el dedo del Dios macuspano.

Pero ya le digo, no importa de qué color tiña usted el músculo del amor (¡ese no, cochino, hablo del corazón!); vale pepino a quién piense usted privilegiar con su voto, hay cosas que nomás no van a cambiar en nuestra ciudad porque le son intrínsecas, inherentes y casi le van por definición.

Estas son pues las cinco cosas que nadie arreglará, quede quien quede, gane quien gane la Alcaldía de ésta nuestra ciudad, la Saraperópolis más grande del mundo y quizás de la galaxia, Saltillo.

1.- TRANSPORTE PÚBLICO. “Pasarán más de mil años”, dijo Álvaro Carrillo, confiado en que su sabor sería más perdurable que el de los chetos genéricos. Pero una vez transcurrido dicho milenio, el transporte público saltillense seguirá siendo la desgracia que nos define desde hace décadas.

No obstante, el tema jamás ha quedado fuera del discurso de quien sea que contienda para munícipe. Todos en su momento presentaron un plan, un proyecto, un esquema que finalmente, por angas o mangas, no funcionó, o se toparon con pared, o nunca tuvieron la real intención de implementarlo.

El gremio de concesionarios y operadores del transporte es demasiado influyente y más permanente que cualquier alcalde que sólo está de paso.

Súmele a ello que ningún político con aspiraciones está dispuesto a enemistarse con la mafia del transporte y menos por nimiedades como garantizar un mejor servicio a los ciudadanos. No valdría la pena incomodar con necedades a la mejor clientela de la política local.

Para dignificar el transporte, lo primero es batirse por la ciudadanía contra un grupo muy poderoso y ello no pasará.

2.- RECUPERACIÓN DEL SISTEMA DE AGUA POTABLE. Si bien, dudo que el Municipio pudiera hacerlo mejor sin la participación del socio privado, creo que un gobierno que no es capaz de gestionar debidamente el recurso más valioso de su demarcación simplemente no puede con lo esencial.

Yo no creo que la empresa española esté asentada en Saltillo como acción altruista. Debe haber ganancias como para que valga la pena el trasatlántico esfuerzo. Mire, ya ni siquiera tengo nada personal contra Aguas de Barcelona, pero eso de que corporativos alrededor del mundo anden privatizando recursos naturales que constituyen derechos humanos, tiene una pésima reputación.

Se suponía que el Ayuntamiento tenía opción de ir recuperando las acciones de la compañía hasta tener la totalidad. Pero por lo que se ve, no se ha hecho hasta ahora ni se hará en un futuro cercano.

3.- DISMINUCIÓN DE ANIMALES EN SITUACIÓN DE CALLE. Seamos honestos y admitamos que esa problemática, como tantas otras, es resultado de la propia acción o inacción ciudadana. Nuestra responsabilidad, pues. Y mientras no hagamos algo nosotros al respecto, el Municipio no tendrá más opción que seguir sacrificando animalitos para que ello no se convierta en un problema sanitario peor del que ya es.

Lo que sí podría hacer el gobierno local sería liderar una verdadera política de concientización, permanente, hasta que nos convirtiésemos en una ciudad ejemplar en ese sentido. Que ningún daño nos haría ser más sensibles y empáticos con la vida. ¡Carajo!  Se puede, pero también dudo que ocurra.

4.- ORDENAR EL DESARROLLO URBANO. Mis amigos urbanistas podrán decirnos qué se hace mal y qué se podría rescatar -en parte porque se me acaba el espacio- para corregir el rumbo y el ritmo de nuestro crecimiento. Pero sabemos que la especulación inmobiliaria es la que ha determinado siempre la fisonomía de la zona urbana, por eso hoy día Saltillo es así como un Quasimodo, feíto y desgarbado pero de buenos sentimientos. 

5.- CALLAR A MIS VECINOS CADA VEZ QUE HACEN PACHANGA. A estas alturas, me conformo con que mejoren su selección musical y la eleven al gusto de alguien que -digamos- cursó la secundaria, aunque sea trunca. Pero tampoco creo que ocurra.