Calle de Aldama

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Calle de Aldama

La noticia del cierre temporal de un tramo de la calle de Aldama, a efecto de solucionar algunos problemas surgidos a consecuencia de su regeneración, cimbró al comercio del Centro Histórico y suscitó comentarios desfavorables a la obra llevada a cabo en dicha arteria, más concretamente encaminados a su supervisión.

Ante los desperfectos, las autoridades municipales se vieron en la necesidad de exigir la garantía de la obra a la constructora que la realizó. De inmediato, los malquerientes de la administración municipal hicieron los comentarios negativos en el sentido de que la causa del deterioro se debía a la falta de supervisión. El Municipio, a través del departamento de Infraestructura y Servicios, dio a conocer que para ese fin se contrató una empresa externa que realizó la supervisión junto con la dirección Municipal de Obras Públicas. Afirmó que los desperfectos no se deben a la falta de supervisión o a fallas en la misma, sino que son frecuentes en una obra de tal naturaleza.

El proyecto original de remodelación y reparación de la calle de Aldama contemplaba 49 millones de pesos, solamente de Purcell a Allende. Posteriormente, la obra se extendió de Allende a Hidalgo en la aplicación de concreto estampado en las banquetas y el arroyo de la calle, el arreglo de fachadas y el cambio de luminarias, sin la subterranización de los servicios aéreos. A unos meses de entregada la obra, los problemas han surgido en el tramo de Acuña a Allende y de ésta hasta Zaragoza. Su reparación obligó al cierre de ese trayecto con las consiguientes quejas de los comerciantes y el transporte urbano y sus usuarios. El asunto es quejarse, y los comerciantes echar la culpa de sus bajas ventas a las obras, sin ver que al final de cuentas redundarán en su beneficio. Lo que todos deberíamos ver es que la reparación que provoca el cierre de la vialidad tiene un plazo muy definido y que el dinero invertido no se tirará ahora sí que literalmente, a la calle, sino que la calle recobrará la imagen que pretendió el proyecto desde el principio, y a la vez recuperará la seguridad que requieren los peatones y los automovilistas.

En cuanto a este último tema, el de la seguridad, Infraestructura Municipal debería revisar la línea guía para invidentes instalada en las banquetas de Aldama, en el tramo de Allende a Hidalgo. Y no sólo revisarla, sino caminarla una y otra vez. 

Pese a la intención, muy loable por cierto, de hacer las banquetas incluyentes, en ese tramo resultaron exactamente excluyentes para la mayoría de los peatones, y en mi opinión, hasta para los invidentes. La topografía de esas banquetas es complicada, y esa línea, aparentemente metálica y muy diferente a la que se instaló en el resto de la arteria, semeja una serpiente sin fin en las aceras, cuyas líneas se quiebran en algunos tramos que no son exactamente rectos, y la línea guía no puede adaptarse a ellos por lo largo de sus piezas. Los demasiados y muy hondos carriles para guiar los bastones de invidentes en dicha línea representan un gran riesgo de torceduras o caídas serias para cualquiera, incluyendo a aquellos para quienes se instaló con toda la buena intención de facilitarles su camino. Ahí, la línea guía perdió su noble objetivo para convertirse en un estorbo. Los transeúntes caminan brincando constantemente de un lado al otro para no pisarla, y en algunos trechos los espacios son muy reducidos y con varios postes a sortear.
Para que una calle sea incluyente, cada una de las partes que la forman deberá serlo. De nada sirven los semáforos y las esquinas incluyentes si las banquetas mismas no lo son. Si pudiera solucionarse el problema de esa guía de invidentes, para ellos y para todos sería indescriptible la experiencia de caminar la calle, de caminar el Centro de la ciudad.
                               edsota@yahoo.com.mx