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Café Montaigne 203
Hartos de la política chabacana la cual todo lo pudre, los lectores –como usted, el cual me hace favor de leerme y atienden estas letras– me piden una y otra vez ocuparme más de eso que nos hace humanos, la cultura en general, y dejar de largo o de plano, botar a la ignominia eso llamado política. Les doy la razón. Sin duda, todo mundo está harto de la intromisión de Andrés Manuel López Obrador en cualquier aspecto de la política local, regional, municipal y estatal. Su ansia de poder es tal, que ya no es patológico lo anterior, sino es que obliga a replantearnos el por qué seguimos así de apocados en contra de un solo y primitivo hombre.
¿Aguantar? No tenga usted vocación de mártir ni practique el masoquismo, no; vaya a votar lector, vaya a las urnas el próximo 6 de junio y hágalo responsablemente con miras a elegir libremente a sus autoridades municipales y a los Diputados federales que habrán de representarlo a usted y así, poder equilibrar el poder en contra de la dictadura de AMLO. Mientras eso sucede, pues ya es primavera o verano. Caray, da igual. Aquello del cambio climático es una realidad asfixiante, hemos agotado al planeta y no se sabe en qué parte de las estaciones del año se vive. Como dice Joaquín Sabina en una de sus coplas, “más raro fue aquel verano, que no paró de nevar…”. Estamos en esa dolorosa vía.
Mientras esto sucede, siempre el día de hoy será una buena fecha para hablar del sexo y del amor, siempre será una fecha acertada (olvídese usted del 14 de febrero) el tomar libros, la música, las artes plásticas, la gastronomía y fundirla con el erotismo, la gula, la lujuria, el placer del sexo por el sexo (no procrear como animales solamente; sino el sexo, el placer del sexo) lo cual es humano, sólo humano. Hablé del sexo, ¿es amor o es sólo eso: un estado de ánimo, un sentimiento efímero y pasajero? ¿El amor es un estado de ánimo, un sentimiento sólido y eterno en contraposición con el sexo?
No pocos autores dicen y afirman que el amor es una enfermedad. El amor ¿es un sentimiento, pasión, enfermedad, atracción, transformación, manifestación, estado, percepción, un estadio por visitar y también por padecer…? Eso lo cual llamamos en este lado del mundo, en occidente: amor. Ay del amor, el cual nunca podemos ni hemos definido del todo, nunca. ¿Amor es Hollywood? No, pero bajo su manto de celuloide nos hemos educado. ¿Es de mejor calidad el amor romántico y estable o filial, al amor carnal el cual llega por contagio de humores, colores y sabores, definido como lujuria?
El amor tiene muchas manifestaciones y ramificaciones en occidente, no así en oriente. En occidente hemos “inventado” el amor romántico, el apego, el romance, la pasión, el “amor espiritual”, el amor de fidelidad, puf. Para los orientales y en una ocasión platicando con uno de ellos (era japonés y estaba cocinando “in situ” en la barra del restaurante) el cual sabía perfecto español en la ciudad de México, me dijo: en oriente sólo hay una o dos voces para definir eso llamado amor. Punto.
ESQUINA-BAJAN
Nosotros los occidentales y mexicanos desdoblamos el amor en: cariño, te quiero, te necesito, te extraño y un largo etcétera. Me planto y digo: amor y sexo (casi) son uno solo. Tal vez con matices en cuanto a la familia de sangre. Fuera de ello, sentir el amor hacia la patria (el lugar de nuestros padres, término candente, no así el jurídico de nación): defenderla, procurarla, es igual de intenso al apego sexual el cual sentimos hacia nuestra pareja.
¿Se puede fomentar nuestra capacidad de amar y nuestra capacidad de ser mejores en el sexo? Absolutamente sí. ¿Qué es el paraíso o dónde ubica usted el paraíso señor lector? Creo recordar, esta es una pregunta del célebre “Cuestionario Proust”. Alguna vez al responder esta pregunta para una revista literaria de la ciudad de México, respondí: “El paraíso son las caderas de Liliana al amanecer…” sigo pensando lo mismo. Salvo un gran y pequeño detalle, ahora no son las de Liliana, sino las de Angelina, puf. Perdón señor lector. Liliana se perdió en el tráfago y giros del viento de su desdichada vida cotidiana y llegó de nuevo a mi vida Angelina.
¿Amor? En su nombre se han cometido toda suerte de tonterías por hombres (y mujeres) embotados sus sentidos por el aroma de la mujer deseada. Aquí va una péquela lista de títulos los cuales nos pueden acercar o alejar, según sea su caso, su especial caso, de eso llamado amor y sexo. Tome usted nota e imagino usted ya los leyó todos, pero bueno, de algo ha de servir esta lista para divertirnos y sacarle la vuelta a esta maldita pandemia del demonio y a ese bacilo chino el cual ya ha mutado. Imaginé usted la mescolanza y el caldo de cultivo mexicano: vacunados más no vacunados más los de una sola vacuna a los cuales les falta segunda dosis más los vacunados con la de AstraZeneca más los de la Cansino más los de la Sputnik más los vacunados de la Moderna más los infectados más los que no lo saben aún, más… Puf.
Lea usted: “Lolita” de Vladimir Nabokov. “El amante” de Marguerite Duras; algo ligero y mexicano sería “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel. Un ensayo poca madre al respecto, el gran Octavio Paz con “La llama doble.” No puede faltar el Gabo, Gabriel García Márquez con “El amor en los tiempos del cólera.” Dos libros eróticos y deliciosos del Nobel Mario Vargas Llosa: “Elogio de la Madrastra” y “Los cuadernos de don Rigoberto” “Señores, ¿os gustaría escuchar un bello cuento de amor y de muerte?” Líneas poderosas, votivas, las cuales obligan a prestar todo oídos y querer saber la historia completa de…
LETRAS MINÚSCULAS
Uno de los más bellos poemas de amor, “Tristán e Isolda”. Regresaré al tema y a los pies de Angelina.