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Café Montaigne 199
Mundo, demonio y carne. Estos y no otros, el divino San Juan de la Cruz (el santo patrono de los poetas) definió como los enemigos jurados no solo para el hombre de fe, el hombre religioso, sino para cualquier ser humano. “El mundo es enemigo menos dificultoso”, el “demonio es más oscuro de entender”, pero “la carne es más tenaz que todos, y duran sus acometimientos mientras dura el hombre viejo”. Caray con este santo y poeta, caray. Sin duda, tiene razón. El mundo es llevadero (no siempre, por eso en Saltillo y la región vamos con un promedio de un suicidio cada tercer día en este 2021. No somos Japón, pero estamos en esa vía dolorosa y terrible). El demonio digamos, aún es controlable; para los creyentes, claro. Pero contra los pecados y placeres de la carne y sus secuelas, es imposible desligarse y huir.
Gracias por leerme, estimado contertulio sabatino. Muchos, hartos comentarios me llegan siempre al comentar, arropar y detenerse usted en estas letras. Lo agradezco de corazón, palabra y pensamiento. Temas me son sugeridos, así como ciertos autores, lecturas, música, músicos y en fin, perfiles del mundo el cual a usted y a mí nos interesa: la cultura en general. Y sí, siempre estaré de acuerdo con usted cuando me comenta una y otra vez de un hartazgo ubicuo: la política. La ingrata política la cual hoy y como se practica en nuestro abnegado México, se muestra más avinagrada y ríspida a ningún otro tiempo atrás.
Poco a poco el país se va de las manos. El desgaste es brutal. Andrés Manuel López Obrador y su corte de claques tienen sometidos a todos y a todo. Lo advierten en el mundo, poco aquí. La embestida en contra de las instituciones electorales por motivo de las elecciones en puerta, es diario y recurrente. Van a perder y están preparando el camino minado para hacer explotar bombas de incertidumbre y acaso, bombas de no reconocer los resultados los cuales se avecina, insisto, adversos a ellos y su ya casi dictadura política.
Por lo anterior, no extraña de un comentario ubicuo el cual usted siempre me hace: es mejor y siempre, la buena literatura, la gran música, el solazarnos viendo nuestros libros de estampas de nuestros pintores y grabadores favoritos. Es mejor explorar y bucear en las vidas al límite de muchos personajes de la historia, para encontrar en ellos lo mejor de nosotros mismos y transitar con honor y blasones por el mundo, por la vida. Por eso el divino san Juan de la Cruz hablaba de los anteriores enemigos para un hombre prudente, el cual no pocas veces cae en las redes y brazos de dicho enemigos: mundo, demonio y carne.
¿Cómo sustraernos a ellos y no dar nuestro brazo a torcer? Sin duda, es casi imposible. Pero tenemos el deber de luchar y diario en contra de estos demonios los cuales nos distraen, nos engatusan y enamoran y nos alejan de cosas más elevadas o al menos, placenteras y tranquilas para nuestro espíritu. Es aquí entonces donde entran nuestras apetencias y nuestro deseo de luz y de saber más. Leer más, prepararnos más, escuchar más, vivir más.
ESQUINA-BAJAN
Tal vez y sólo tal vez hacen falta mentes preclaras y espíritus libres y audaces, los cuales hacen estallar el universo entero para llevarnos de la mano más allá de nuestros ojos y claro, más allá de nuestra misma imaginación. Más allá de las puertas cerradas de nuestra percepción. Y esto y no otra cosa, ha sido el “leit motiv” para varios creadores en la historia de la humanidad. Fue el caso de Vicente Huidobro (1893-1948), quien a los 55 años ya estaba muerto, pero ya había sido padre del “creacionismo”, una estética de vanguardia la cual aún hoy resuena en nuestro tiempo y eternidad.
A los 21 años, Vicente Huidobro habla de inventar nuevos mundos, nuevos lenguajes y dejar atrás el sólo imitar vicariamente a la madre naturaleza. Habla de crear realidades propias y dejar de cantar a la Naturaleza, con sorna agrega, “cosa que a ella bien poco le importa.” Le damos la razón. También y seamos francos, estamos a punto de acabar con la naturaleza y con el mundo. Hace unos días se vino un frío aquí en el norte, como si estuviésemos en pleno invierno. Siendo el antecedente inmediato, días de calor de 40 grados y el sudor escurriendo en el cuerpo.
La naturaleza ya no nos entiende, nosotros hemos acabado con la naturaleza y sus estaciones, otrora tan fijas y precisas en el calendario. Se leen en unos versos prodigiosos y visionarios de Vicente Huidobro: “Seguir/ No. Basta ya/ Seguir cargado de mundos de países de ciudades/ muchedumbres aullidos/ cubierto de climas hemisferios ideas recuerdos…” El poeta tiene razón: no podemos seguir así, cargando en nuestras espaldas a las ciudades como un fardo, un gran saco de mugre, polvo, humo, hollín. Pero, sin las ciudades, ya no podemos vivir. Buscamos enloquecidamente las tinieblas y no la luz del día. Hay dinero, gente tiene suficiente dinero para gastar, pero ya no hay en dónde gastar. El confinamiento es atroz y sigue vivo.
La gente se pudre en sus madrigueras atada a un cable de Internet. “¿Quién ha contado todos sus muertos?” reza otro verso poderoso del chileno el cual murió en la desdicha y la miseria, como buen y alto creador. Nos dedicamos a contar a nuestros muertos y lo hacemos mal. AMLO y Hugo López-Gatell han contado mal desde siempre. Lo hacen a propósito. Los muertos, nuestros muertos, a ellos no les importan. Tal vez entonces y sólo tal vez, debamos entregarnos a esos demonios de los cuales nos alertaba san Juan de la Cruz. Es menester entregarse en los brazos del…
LETRAS MINÚSCULAS
Mundo, del demonio; entregarse a los placeres de la carne…