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Café Montaigne 197
Todo está por hacerse. Todo y siempre, está por escribirse. Reescribirse. No es aquella vieja teoría de la historia la cual dice a la letra: quien no conoce la historia, está perpetuamente condenado a repetirla. No es eso, estimado lector. Es algo más intenso: es reescribir la historia, abordarla con nuevos y frescos ojos y actualizarla. Sí, actualizarla para no olvidarla. Y calor, ofrecerla y darla a conocer de nuevo. Actualizar su rito y mito, sus protagonistas y sus escritos, su vida y tirada de naipes. Aunque hoy lo voy hacer a vuela pluma, sólo para dejarlo por escrito, pronto le dedicaremos en esta tertulia de “Café Montaigne”, al menos un tríptico bien dotado para actualizar (o mejor dicho y escrito, literalmente dar a conocer) la figura señera de uno de los grandes de las letras mexicanas e hispanoamericanas, quien en su personalidad y coquetería, condensó a toda una sociedad (subterránea, underground en dicha época, los homosexuales) en su momento: Salvador Novo (1904-1974). En este año se cumplen 117 años de su nacimiento (vida), aunque no cifra redonda, si suficiente para abordarlo en este espacio.
La inefable Secretaría de Cultura de Coahuila, a través de su titular, Ana Sofía García Camil, precisamente de Torreón, ¿sabrán de este importante aniversario? Avanzo, ¿lo habrán leído alguna vez? Y escribí línea atrás precisamente de “Torreón”, por lo siguiente: el motivo es simple y de todos conocido: Salvador Novo nació y murió en la Ciudad de México, pero su infancia la vivió en Torreón, donde se gestó su simiente erótica y sexual, es decir, su ampulosa sexualidad homosexual. De hecho, aún en la Comarca Lagunera lo consideran uno de los suyos. Tal fue la influencia de Novo en aquella airada y polvosa ciudad, a la cual y aún, se le conoce por afán, andanzas y textos de Novo, con un prefijo burlesco: “Putorreón”. Pues bien, condenas burlescas aparte, se conmemora un año más de vida y muerte de Salvador Novo, el cual escribió tanto y de todo, lo cual no he leído ni pienso leer ya (la vida no me alcanza).
Van y como una simple y sencilla lista y sin orden ni concierto, algunos de sus innumerables títulos. Breve paréntesis: tratando de cuadrar su vasta bibliografía, pues no, no he terminado al momento de redactar la presente nota. Es decir, en algunas biografías aparecen ciertos títulos, cuando consulto otro libro, aparecen otros títulos no mencionados en la primera lista. Y cuando le pregunté, por ejemplo, al maestro Armando Oviedo, quien da cátedra en la mismísima Sogem, éste y de plano y a bote pronto y de memoria, me espetó otros títulos más de los cuales ni idea tenía de ellos. Y en honor a la verdad, yo sólo tengo un puñado de sus libros. Sólo algunos.
ESQUINA-BAJAN
Van: “La Señorita Remington”, “El Coronel Astucia”, “La Culta Dama”, “Ha Vuelto Ulises”, “Poetas Francés y Norteamericanos” selección y traducción del mismo Novo; “Poemas Proletarios”, “XX Poemas”, “Nuevo Amor”, “Canto a Teresa”, “El Teatro Inglés”, “A Ocho Columnas”, “Décimas en el Mar”… puf, y nos faltan un buen de libros, señor lector. Novo es también muy conocido por la recopilación de textos periodísticos (escribía vasto, sobrado, demasiado, ingente), los cuales se agruparon en: “La Vida en México Durante el Periodo Presidencial de Manuel Ávila Camacho” y “La Vida en México en el Periodo Presidencial de Lázaro Cárdenas”. Libros voluminosos, los cuales son fundamentales para conocer estos años de este México no tan lejano, pero distante a galaxias para las generaciones de “celular inteligente”. Salvador escribió teatro, poemas, ensayos, fue traductor y funcionario público, escribió discursos, estudió derecho en la Universidad Nacional de México (1917-1922).
En un número pretérito de la revista “Nexos”, Víctor Manuel Mendiola, reflexiona así sobre Salvador Novo: “A pesar de que Salvador Novo goza en la literatura mexicana de un prestigio indiscutible, más allá de nuestras fronteras apenas se le conoce. No debería ser así. Novo prefiguró una escritura erótica y paródica que ahora muchos escritores hispanoamericanos ensayan con más o con menos suerte. Por otro lado, la admiración que se le concede a Severo Sarduy es justa, siempre y cuando se tome en cuenta que el escritor cubano siguió el camino que había abierto el autor de “Never ever” y de los cuasi pornográficos sonetos de amor que editó en 1986 Guillermo Rousset Banda, quien había sido discípulo y colaborador de Novo”.
Otro libro el cual disfruto y siempre, es “Cocina Mexicana” en una vieja edición la cual tengo de Porrúa, encuadernada a la usanza antigua, en piel de becerro bien curtida. Sin duda, una verdadera “Biblia” para conocer y entender el devenir de la gastronomía nacional. Me estoy acabando el espacio y aún ni entramos a dos vericuetos ampliamente conocidos de Salvador Novo: su escandalosa y ostentosa homosexualidad la cual dejó tatuada en un buen libro de memorias, “La Estatua de Sal” y su labor y vigencia incluso hoy, como publicista en México.
Creo y afirmo usted lo recuerda, señor lector: en la bella televisión de la década de los sesenta a los noventa del siglo pasado: los publicistas, los mejores publicistas de México, eran escritores. Fernando del Paso, Jomi García Ascot (sí, a quien está dedicada “Cien Años de Soledad”), Gabriel García Márquez, Raúl Renán, Guillermo Fernández, Salvador Novo… y claro, a Novo se le debe la publicidad de aquel detergente y sus tres movimientos de FAB (en voz de “Toña la Negra”): “remoje, exprima y tienda”. ¡Caray! Bellos y eruditos tiempos, aún en los comerciales.
LETRAS MINÚSCULAS
Regresaré con un texto más.