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Boatswain, el perro
Lord Byron vivió rodeado de sus ocho perros, diez caballos, tres monos, cinco gatos, un águila, un cuervo, un halcón, cinco pavos reales, dos gallinas de guinea y una grulla egipcia. Imagino el espectáculo que debió haber sido presenciar eso.
Byron, considerado uno de los poetas más trascendentes en la época del Romanticismo, se reconoce además por su admiración para los menos afortunados y marginados de la sociedad, siempre se sintió fuera de lugar al círculo de nobleza que pertenecía y consideraba hipócritas a todos aquellos burgueses. Defendía siempre a los más débiles y era reconocido por su gran aprecio y compañía de los animales, sobre todo de su perro Terranova.
¿Y es que quién pudiera tener tal sensibilidad y amor para los menos afortunados sin considerar además a los animales? No lo creo. En 1798, al morir su tío abuelo, Byron hereda el título nobiliario y la imponente Newstead Abbey, cerca de Nottingham. Es allí donde pasa los mejores años de su vida cerca de sus perros, algunos de los cuales nombra en sus obras: Thunder, de raza mastiff, Fanny, una perra terrier, Nelson un bullmastiff, pero ninguno como su amado Boatswain, que le fue regalado de cachorro.
En una ocasión, el perro cayó por la borda del barco donde viajaban exigiendo Byron al capitán que detuviese la nave para poder recoger a su fiel amigo. El can era un gran compañero de viajes, recorrió junto con Lord Byron infinidad de lugares. Perros “niñera”, conocidos así por su temperamento familiar, lealtad y gran fuerza, son una cruza autóctona. Los terranova son enormes caninos color negro quienes se dice que acompañaron a los vikingos en todas sus travesías.
El “contramaestre” fue la sombra de su amo, se mantenía atento y pendiente a cualquier movimiento esperando siempre alguna caricia y premio por su buen comportamiento. Hacia su muerte por rabia en 1808, Byron desconsolado ordenó construir en los jardines de su mansión uno de los más imponentes monumentos que un amo haya dedicado a su perro, junto a un conmovedor epitafio:
“Cerca de este lugar reposan
los restos de quien poseyó
belleza sin vanidad
fuerza sin insolencia,
valentía sin ferocidad,
y todas las virtudes del hombre sin sus vicios.
Este elogio sería un halago sin sentido
si fuera grabado sobre cenizas humanas.
Pero es un justo tributo a la memoria de Boatswain, un perro”.
El inicio de la relación entre perros y humanos sigue siendo un misterio, aunque un nuevo estudio señala que la domesticación se había completado hace al menos 11.000 años, justo después de la Edad de Hielo, cuando ya existían cinco tipos de canes con distintas ascendencias genéticas.
El perro, destaca un profesor de la Universidad de Oxford, es "nuestro compañero animal más antiguo y cercano. El uso de ADN de perros antiguos nos muestra cuán atrás se remonta nuestra historia compartida y nos ayudará a comprender cuándo y dónde comenzó esa profunda y larga relación”.