Artistas en el bosque

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Artistas en el bosque

Una tarde frente al naciente bosque. César muestra el camino. Havi registra con fotografías el avance del grupo en el ejido Chapultepec. A Pedro le dicen que el punto actual es el exacto para que pinte el paisaje que muestra elevaciones, cultivos al fondo y unas nubes suaves. No, ese lugar no. Más delante. Seguro éste otro es el mejor punto.

Todavía cerca del pueblo, Treka dice: -Ojalá y se apareciera algún animal para que la cosa se ponga divertida, una víbora o una ardilla.

Se aleja del grupo para explorar la construcción de un tejaban entre el verdor. No ha pasado ni un minuto y grita: -¡Una víbora! Lo vemos saltar entre susto y emoción como un niño. Llegamos hasta él. Un largo ejemplar de culebra ratonera se extiende casi inmóvil, en espera de que cambiemos de sitio para dejarla en paz.

Una vez que las fotografías y videos captan su gama de tonalidades, seguimos en el camino. Treka agrega, en tono de broma: -Ojalá y ahora saliera un oso.

Silvia decide acompañarme y subimos un poco a meditar por un rato entre los pinos. Luego nos unimos al grupo que departe en el lecho seco del río. Valeria y Pedro están sobre unas rocas. Gaby y Treka a un lado. Havi del otro lado sigue en su captura de momentos.

Decidimos quedarnos en silencio y escuchar al viento pasar a través de nuestros cuerpos. Fue un momento hermoso. Así estuvimos un rato. Luego, César pregunta: -¿Cómo reaccionarían si los fuera a atacar un oso, y ya no hay otra opción; están tú y el oso. Y te va a atacar. Esta es una dinámica.  A ver, contesten.

Gaby dijo que había leído en Selecciones “que te acostaras y te hicieras el muerto”. Silvia ya a un lado de Havi, dijo que también ella se quedaría inmóvil. Valeria dice que Pedro y ella correrían. Treka añade: -Sé que lo correcto sería no moverme, pero mi naturaleza me dice que correría. César les recuerda mi respuesta, pues esa dinámica ya la habíamos realizado antes: -Claudia le metería la mano al hocico del oso. Y sí, esa locura fue la única que se me ocurrió. Quién sabe porqué, es absurdo pensar que con mis frágiles manos podría torcerle la lengua y provocarle algo de dolor.

En eso estábamos cuando Treka dice: -No me lo van a creer. Vean allá enfrente. Su rostro palideció. Apuntó. Gaby dijo en voz baja: -Es un oso y ya nos vio.

Y sí, un ejemplar inmenso, un macho saludable avanza en descenso, anda tranquilamente por su casa, ésta que es el bosque. Entre nosotros hay una calma atemorizada. Me pregunto ¿cómo reaccionará todo el grupo? Somos ocho.  Basta que uno grite y corra para que la baraja de posibilidades apunte a una sola.

Havi estaba del lado opuesto del lecho y más cerca del trayecto del oso. Toma con cuidado su mochila, se la pone y se yergue, prepara la cámara. Sigilosos, le preguntamos que qué es lo que hace. Responde un poco en broma: -Tenemos qué dejar esto registrado por si morimos. Comienza a grabar y dice: -y Claudia le va a meter la mano en la boca.

Se escucha al imponente macho pasar cerca y gruñir.

Lo que atino hacer es iniciar el andar lento entre las rocas. Formamos un grupo cohesionado y silencioso. Faltan Pedro y Valeria, porque ella está casi paralizada.

Avanzamos finalmente todos buscando no molestarlo. Es que nos encontramos lo suficientemente lejos del pueblo como para que alguien pueda escuchar si algo nos ocurre.

Como podemos nos vamos desplazando y observamos al oso que prosigue su andar y se pierde. Así que una vez fuera de nuestro campo visual, avanzamos. Treka corre de una manera chistosa y corre veloz al frente de todos. Comenzamos a reír a carcajadas. Luego de alejarnos lo suficiente, César terminó de compartir que la dinámica tenía como finalidad saber cómo cada uno enfrenta las circunstancias complejas de la vida. Todavía asustados, hablamos de la medida inmensa del oso.

-Hay qué avisar en el pueblo que vimos un oso. Y alguien agrega. Pues allí está el letrero, se ve claro que hay osos. Ellos lo saben. Y así es, los osos frecuentemente llegan al pueblo y andan por las calles. Después de todo antes de los pobladores, ellos estaban aquí. 

¿Qué hubiera pasado si alguien grita y comienza a correr? Todos nos imaginamos distintos escenarios. Una experta le dijo a César que por fortuna fue un avistamiento tranquilo, pero que el rumbo de ese encuentro pudo ser distinto.

Casi llegando al poblado, Havi dice: -Treka, prohibido hablar de animales. Y agrega:

-La palabra tiene poder.

Hoy por la mañana salí a correr, avancé sola por la zona. Y más allá. Nada, ni una mancha lejana en movimiento, solo la savia cristalina cayendo sobre la mañana en el avance entre los pinos.

claudiadesierto@gmail.com