Aquí los hay peores que Trump

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Aquí los hay peores que Trump

Han pasado 30 años desde que Alan Riding publicó “Vecinos distantes”, un retrato de los mexicanos visto por un extranjero que describe nuestra compleja personalidad, ataduras con el pasado, perenne fatalismo y nuestra aplastante relación siempre en desventaja con los Estados Unidos, “donde la historia le ha enseñado a México que tiene pocas defensas contra la potencia mundial”.

Y no debe extrañarnos la falta de entendimiento entre las dos naciones, pues las diferencias en raza, idioma, religión, historia y costumbres contribuyen a ensanchar la brecha que nos separa a lo largo de una frontera de tres mil kilómetros entre ambos países.

El periodista Alan Riding, que por varios años fue corresponsal del NY Times en México, dedica una parte de su libro a nuestra relación con los gringos en el capítulo titulado “Y tan cerca de Estados Unidos”, en referencia a una frase lapidaria de la época porfirista que decía: ”Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Una frase que describe nuestra difícil vecindad y donde uno de los momentos más humillantes de nuestra historia fue cuando la bandera norteamericana fue izada en Palacio Nacional durante la invasión de 1847, poco antes de que perdiéramos la mitad de nuestro territorio.

Una herida profunda que no ha cicatrizado, a pesar de que en 1948, un siglo después, el presidente Harry S. Truman depositara una ofrenda floral en el monumento a los “Niños héroes”, muertos por las tropas gringas, el mismo mandatario que tres años antes, en 1945, había devastado al Japón con dos bombas atómicas.

Tal vez por todo eso es que hoy la inmensa mayoría de los mexicanos estemos tan sensibles con el arribo de Donald Trump al poder, mismo que podría rebasar a Truman con sus bombas y al que jamás veremos en la Basílica arrodillarse ante la Virgen de Guadalupe, como lo hizo el presidente John F. Kennedy, en 1962.

Somos tan ingenuos que llegamos a pensar que una mujer llamada Hilaria podía arribar al máximo poder del mundo. Y no se trata de su nombre, sino que Hillary Clinton es el equivalente gringo de esa mezcla insípida, tediosa y, hasta cierto punto abracadabrante como Margarita y Josefina, aburrida a más no poder. Y es que políticos y líderes de opinión se dejaron arrastrar por una pueril candidez y satanizaron a Trump, que es el que mejor representa el racismo, la xenofobia y la prepotencia de los gringos anglosajones protestantes que hoy, más que nunca, están coléricos con la inmigración.

¿Por qué la clase política, los líderes de opinión y los intelectuales se equivocaron de una manera ridícula al asegurar que Hillary ganaría la elección? Simplemente por ignorar, o no hacer caso, del consejo que hace más de 50 años nos dio ese gran sabio mexicano que fue don Daniel Cosío Villegas, cuando dijo: “si hay un país que haya tenido, tenga y tendrá la necesidad de estudiar a Estado Unidos, ese país es México”.

Y mire usted, apurando las cosas, mejor nos conviene olvidarnos de Trump, que es un enemigo distante, y estar al pendiente de los que aquí son una amenaza cercana y constante. Por ejemplo, si por un sino fatal se llegara a topar con un par de pícaros, un tal Lito y un mentado Chuy, cuñados caradura con apariencia de recoletos, tenga mucho cuidado, agarre bien su cartera y vigile sus movimientos, son más peligrosos que Trump.