Anuncios de otros tiempos

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Anuncios de otros tiempos

El consumismo invade y norma nuestras vidas, y cada vez en mayores proporciones. Por consecuencia, la publicidad, al mismo tiempo sustento y detonante del consumismo, crece también en forma proporcional al aumento de la población, al crecimiento del comercio y a los hábitos de consumo de las personas. Eso ya lo sabían nuestros antepasados. El antiguo adagio: “El que no enseña no vende”, fue sustituido por los anuncios comerciales impresos, que competían entre sí para ganarse la clientela. La competencia se extendía hasta en los argumentos y la redacción, en ocasiones muy candorosos, utilizados para convencer a los posibles clientes.

A fines del siglo 19 ya se recurría al uso de la publicidad y se impuso la moda de anunciarse en cuanto impreso estuviera al alcance, en general publicaciones periódicas como revistas y diarios. Por esa época y quizás hasta la primera mitad del Siglo 20, los editores de libros dedicaban algunas páginas de las obras a anuncios publicitarios tanto de comercios, como de empresas y profesionales de servicios, con el fin de financiar una parte de los gastos de la edición. Gracias a ellos nos enteramos de los comercios existentes en la época, los giros a los que se dedicaban y los propietarios de los negocios, así como los servicios financieros y los capitales de los bancos, y los diversos oficios y profesiones existentes en la ciudad.
Un libro impreso en 1934, tiene al final una sección dedicada a publicidad. Muy selecta, por cierto, publicita negocios de Saltillo y de la Ciudad de México, hoteles, bancos, librerías… Uno de los anuncios dice así: “A cualquier punto… A cualquier hora… Económicamente. Cerca o lejos –no importa la distancia—, durante el día o las horas de la noche, usted está siempre asegurado de obtener una comunicación rápida, eficiente y económica por el teléfono, para arreglar los asuntos que requieren su atención inmediata, con cualquier persona en más de un centenar de ciudades de México… En cualquier punto de los Estados Unidos, Canadá y Cuba… La mayor parte de Europa… Sud América… Australia… ¡Use usted larga distancia por la ‘Mexicana’! Compañía Telefónica y Telegráfica Mexicana”.

Otro anuncio: “¡La Previsión es una necesidad que se impone! Cualquiera que sea la naturaleza de su negocio necesita de un sólido respaldo que garantice su condición. Asegúrelo usted y resuelva su problema. ‘La Azteca, S.A.’ Cía. Nacional contra Incendio. Agentes autorizados: C Sieber y Cía. Zaragoza 15. Teléfono 50. Apartado 20. Saltillo, Coah”.
“Las Novedades”, un almacén en la esquina de las calles Aldama y Zaragoza, en esta ciudad, se anuncia así: “El almacén que se distingue por su buen trato y atención, por sus precios, y que por la calidad de sus artículos ha sabido conquistar la más numerosa clientela. Somos los primeros en las últimas NOVEDADES. S. Rosán y Hno. Sucs. Apdo. No. 208. Tel. No. 499. Saltillo, Coah”.

Laboratorios Pharmakón, S. A., de Ramos Arizpe, “Primera institución científica mexicana”, insertaba dibujos en los simpáticos anuncios de sus productos: “¿Gripa? ¿Dolores?... ¿Calentura?... Un poco de agua y un triangulito de ‘Cefalina’ y ¡Listo! (sic)”. Otro era: “Magsokón es proclamado en el mundo entero como el laxante que no tiene igual. ¿Sal de higuera? ¿Sal inglesa? ¿Sal amarga? Sí… pero que sea ¡‘Magsokón’ (sin sabor)!”. El laboratorio producía otras sustancias: “Carsukón. ¡El insecticida y fumigante más eficaz del mundo!”.

La publicidad, desde siempre, ha jugado un papel fundamental en eso que es casi un arte: el comprar y el vender. Los anuncios publicitarios viejos son un buen instrumento para conocer la vida comercial de otras épocas en nuestra ciudad y la región.
 
edsota@yahoo.com.mx