Después de odisea por 30 horas en carretera, Niños Cantores llenan de alegría a la catedral de Saltillo
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Después de odisea por 30 horas en carretera, Niños Cantores llenan de alegría a la catedral de Saltillo
Pasadas las ocho de la noche, el público presente en la Catedral de Santiago esperaba ansioso ver al coro de los Niños Cantores de Morelia subir al pequeño escenario instalado en el crucero de del templo. Sin embargo, el concierto comenzó a sus espaldas.
“Noche de paz”, interpretado por las angelicales voces de los sopranos de la agrupación, inició en la entrada del recinto y poco a poco lo fue llenando mientras los pequeños avanzaron por el pasillo central, de dos en dos, ataviados con sus capas rosas y portando pequeños cirios en sus manos, única fuente de luz en el templo, cuyas luminarias fueron apagadas para esta particular entrada.
Este es el momento que todos los presentes habían estado esperando con ansias durante las pasadas semanas y aún con mayor ahínco en las 48 horas previas. El público, la administración del ayuntamiento y del IMCS y los miembros del coro y sus encargados por fin pudieron ser testigos del espectáculo planeado, luego de semanas de gestión y un fin de semana varados en la carretera.
Porque un viaje de 10 horas se convirtió en una aventura de más de 30, luego de que las condiciones climatológicas de los pasados días detuvieran por completo el flujo vehicular de la carretera 57 justo en el momento en que el camión donde viajaban los pequeños, acompañados de sus padre y maestros, atravesaba el municipio de Galeana en Nuevo León.
Entre miles de otros camiones, tráileres y automóviles particulares, el grupo de cantantes se vio obligado a pasar la noche en su transporte, a merced de lo que pudiera suceder en medio de la carretera.
Dado que el embotellamiento se fue dando poco a poco, con intervalos de mínimo avance, ninguno de los viajeros se sintió realmente preocupado por la situación, pues no es la primera vez que viajan fuera del estado para ofrecer un concierto, hasta que la noche comenzó a caer y notaron que tendrían que pasarla en el camión.
Sin embargo, el director del coro, el maestro Hernán Cortés, se comunicó inmediatamente con las autoridades del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo, quienes informaron al Ayuntamiento y este a su vez a los gobiernos estatales de Coahuila y Nuevo León y les aseguraron que brindarían apoyo para sacarlos de tal situación.
En todo momento mantuvieron la calma y ni adultos ni infantes dieron muestras de nerviosismo, por el contrario, comentaron que incluso, sin indicación de sus superiores, los niños comenzaron a ensayar su repertorio ahí mismo en el transporte.
Afortunadamente, la ayuda llegó de manera eficaz y rápida y una situación que pudo tornarse muy desagradable resultó en una experiencia que el maestro Cortés describió en varias ocasiones —tanto durante la rueda de prensa del día domingo, a su llegada, como durante el concierto—, como muy enriquecedora para los niños.
Habitantes de las poblaciones cercanas acudieron en auxilio de las personas varadas y les ofrecieron alimentos preparados por ellos mismos y bebida, ya que, aunque llevaron provisiones para el viaje, ninguno esperaba que fuera a durar tanto tiempo. Y son estos ejemplos de solidaridad los que marcaron la ocasión, pues en medio del frío estas personas salieron a auxiliar a otros que estaban en necesidad.
Las autoridades estatales de Nuevo León incluso ofrecieron enviar helicópteros para sacarlos del embotellamiento producido por la capa de hielo en el asfalto, y aunque al final no fue necesaria tal medida, sí contaron con el apoyo de la policía municipal de Galena, Arteaga y Saltillo, quienes los guiaron y escoltaron por caminos alternos, abriendo paso entre el resto de los vehículos para que por fin pudieran llegar a la ciudad.
Esta escena en particular fue descrita por algunos como “digna de un papa”, pues tanta vigilancia y movilización para llevar a salvo a los pequeños hizo que muchos de los otros automovilistas se preguntaran a quién llevaban en ese camión, que con tanta pompa y escolta entraba a Saltillo.
A pesar de que hubo un momento, previo a que la ayuda llegara, en el que consideraron la posibilidad de regresar a Morelia y cancelar el concierto, los niños fueron los primeros en rehusarse a tal acción, entusiasmados por la idea de presentar su arte ante los saltillenses.
Porque, además de ser bien procurados por los pobladores cercanos, los pequeños disfrutaron de la experiencia de conocer por vez primera la nieve, espectáculo natural que es aún más escaso en su natal Michoacán.
El domingo 10 a las 16 horas, las autoridades del Instituto Municipal de Cultura, entre ellos su directora, Mabel Garza y el maestro Eduardo Figueroa, y miembros de la prensa recibieron el camión que salió a las 9 de la mañana del día anterior y del que descendieron los niños, cansados pero emocionados de haber llegado a destino, sin muestras de malestar alguno, pues la experiencia fue todo menos estresante, agradecieron, antes que nada, a los miembros de la policía que les escoltaron el último tramo del viaje y entraron a descansar y a prepararse para el ya inminente y esperado concierto.
Así, después de ocupar sus lugares en las gradas al frente del público y de agradecer los primeros de muchos aplausos de la noche, el coro interpretó uno de los villancicos más populares, “Carol of the Bells”, con el cual demostraron la calidad de la agrupación ante unos asistentes fascinados.
Continuaron con una selección de cantos internacionales como una primera parte de tres en las que el maestro Cortés dividió el concierto. La segunda, que dirigieron tanto él como su director asistente, se concentró en presentar composiciones de músicos mexicanos, particularmente de Bernal Jiménez y Jesús Carreño, la cual dedicaron a quienes les ofrecieron ayuda, autoridades oficiales y civiles, así como a todos aquellos que junto con ellos quedaron atorados en el camino.
En este apartado una de los integrantes del coro comenzó a sentir malestares, tuvo que bajar del escenario y aunque estuvo auxiliada por el maestro Eduardo Figueroa, algunas de las madres y una compañera, se ausentó por el resto el evento.
Sin embargo, el resto de sus compañeros mantuvo la compostura, así como ambos directores, quienes continuaron el espectáculo sin mayor contratiempo, aunque el público sí se distrajo un tanto, pues se atendió a la niña detrás del coro durante unos minutos, antes de pasarla a la sacristía.
Finalizaron con el tradicional Adeste Fideles, en su idioma original, latín y con arreglos de Bernal Jiménez, aunque luego, agradecidos por los aplausos del público, ofrecieron una pieza más.
“México, ángel y pastor” es un villancico del compositor mexicano Silvino Jaramillo, elegida para este repertorio por poseer esa picardía del humor mexicano mezclada con la solemnidad de las fiestas navideñas, una combinación que el director consideró adecuada a las circunstancias de este fin de semana, recordatorio de que incluso ante la adversidad el mexicano sabe reírse.
Y entre aplausos que no pararon hasta que salieron del templo, los Niños Cantores de Morelia se despidieron de Saltillo cantando el Noche de Paz con el que entraron, dando por terminado un concierto que quedará marcado en las mentes del público y de sus artistas.