Anaya y su 3de3
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Anaya y su 3de3
De mis abuelos y abuelas sólo tuve la oportunidad de conocer a María. Con la madre de mi madre poco conviví; ella vivía en Baja California Sur y en aquella entidad pasó a mejor existencia cuando yo tenía apenas ocho años de edad. Si la economía doméstica lo permitía, en el verano íbamos a visitarla. La diabetes había causado estragos en el frágil cuerpo de la abuela. La recuerdo recostada en su cama diciéndome: acércate para darte la bendición, y en alguna ocasión de ella escuché por primera vez el dicho “no hagas cosas buenas que parezcan malas”. Sin duda, algo habré hecho para merecer el comentario; sin embargo, ahora yo le diría a doña María García: tampoco se deben hacer cosas malas que parezcan buenas. Dicho de otra forma, lo que no se vale es simular.
El presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya, cuyo principal discurso consiste en criticar ácidamente la presunta corrupción de los políticos que no militan en filas del partido al que representa, mantiene a su familia viviendo en el extranjero. En la ciudad norteamericana de Atlanta, ubicada aproximadamente a dos mil 900 kilómetros de distancia de la Ciudad de México, esposa e hijos de Anaya decidieron asentarse. De acuerdo a notas publicadas en diferentes medios de comunicación, la familia del político vive en un exclusivo fraccionamiento de la referida localidad, en una “casita” de cinco dormitorios y acceso a un lago, mientras que sus tres hijos estudian en High Meadows School, una de las escuelas más costosas de la zona. Se ha afirmado incluso que el gasto anual de ese estilo de vida representa la friolera de 4.5 millones de pesos; o sea, casi 400 mil pesos mensuales, esto sin contar el costo de trasladarse a ese sitio semanalmente. Sí, mamá, leíste bien; el líder nacional del PAN viaja todos los fines de semana a Atlanta, Georgia.
Aquí en confianza, debo confesarlo: nunca fui bueno para las matemáticas. El libro de Baldor, cuyas operaciones eran el pasatiempo favorito de mi amigo Jorge Ibarra, sigue siendo un misterio para mí. Pero aunque no fui proclive a los números, vamos haciendo cuentas. Ricardo Anaya declaró que tiene ingresos anuales por un millón, 158 mil, 333 pesos; o sea, el panista se embolsa poco más de 96 mil pesos mensuales. ¿Y los 300 mil que te faltan al mes, apá? Me refiero específicamente a la diferencia entre el ingreso declarado y el costo que significa mantener a la familia en la “casita” del lago en Atlanta, y los estudios de los hijos en la escuela nice. Porque, obviamente, la vida en México le representa a Anaya otros muchos gastos. Al respecto, el dirigente declaró que vive en un departamento ubicado en el Paseo de la Reforma, cuya renta mensual es de 14 mil pesos (bueno fuera que eso costara la renta de los depas en Reforma).
A partir de que la información sobre ingresos y gastos de Ricardo Anaya fue publicada en medios de circulación nacional, y corrió como reguero de pólvora en redes sociales, el político se dio a la tarea de ofrecer una serie de explicaciones, todas ellas inverosímiles. Primero dijo que no sólo él tiene ingresos, sino también su esposa; después que él es propietario de un porcentaje de cierta empresa; luego que el porcentaje restante de la empresa mencionada es propiedad de su esposa; más tarde declaró que había recibido herencias; además que tiene cuentas bancarias, pero que no era sano especificar su monto; y, finalmente, que los padres de su esposa ayudaban al sostenimiento familiar porque estaban interesados en la preparación académica de sus nietos. Esto hubiera sido entendible si el señor Anaya se hubiera tomado el tiempo de mencionar todo lo anterior en su declaración 3de3.
El autoproclamado paladín anticorrupción simuló ser una persona de la clase media, cuando en realidad es un hombre rico o, al menos, su nivel de vida así lo demuestra. Lo anterior nos lleva a una innegable conclusión. Si bien, la 3de3 tiene como objetivo reconstruir la confianza ciudadana a través del compromiso y transformación de los políticos mexicanos, mediante las declaraciones patrimoniales, fiscal y de intereses, lo cierto es que este modelo no es infalible. Tanto el IMCO como Transparencia Mexicana han reconocido que la declaración 3de3 tiene limitaciones.
A Marco Tulio Cicerón, político, jurista, filósofo y escritor, quien fuera Cónsul en la antigua Roma durante la época republicana, se le atribuye la frase: “Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque ninguna simulación puede durar largo tiempo”.