Alerta consejero local del INE riesgos en democracia
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Alerta consejero local del INE riesgos en democracia
Para muchos, el México de 1984, está muy lejano, incluso algunos no habían nacido, para mí, ese México era la realidad de mi juventud.
Con un partido hegemónico, un Presidente (Miguel de la Madrid) que había ganado su elección con el 71% de los votos, el partido del Presidente tenía el 100% de los senadores y había ganado 299 de los 300 distritos electorales. No se había dado la alternancia. El predecesor de de la Madrid había obtenido la Presidencia sin candidato que “compitiera”.
En ese año se fundó La Jornada, como un verdadero diario independiente. La izquierda pulverizada en el PSUM, PRD, PST y PSD se unieron en torno a Arnoldo Martínez Verdugo quien obtuvo el 3.48% de los votos. La oposición de Acción Nacional, era meramente como testigo presencial. Gracias a la reforma electoral de 1977 había presencia de la derecha y de la izquierda, pero el partido en el poder era tan fuerte que podía él solo modificar la Constitución.
Las reformas de 1977 fueron impulsadas por Reyes Heroles, como respuesta a las luchas sindicales del magisterio y ferrocarrilero, del movimiento estudiantil de 1968 y del valor de algunos grupos que al ver cerradas las vías democráticas, optaron por la violencia en los 70.
Era un gobierno represor, que llevaba a cabo una guerra, asesinando a los opositores, eran tiempos de lo que hoy conocemos como la guerra sucia.
La debacle de la elección presidencial de 1988, que terminó imponiendo, con el “escándalo de la caída del sistema” a Carlos Salinas de Gortari, fueron el detonante que hicieron posible el surgimiento del IFE, en un inicio todavía presidido por el Secretario de Gobernación, y finalmente como un órgano colegiado autónomo para la organización de los procesos electorales.
En el 2000, el IFE como órgano autónomo organizó la elección presidencial y por vez primera se dio la alternancia política en la Presidencia.
Conocemos ya el rumbo que ha permitido en tan solo 18 años que tres partidos (PAN, PRI y Morena) ocupen la Presidencia. Y no es que la alternancia sea sinónimo de democracia, pero si es un fenómeno que se da en todas las democracias.
Sin embargo, al abrirse los medios y con el crecimiento de las redes sociales, nos hemos dado cuenta de la existencia de corrupción y enriquecimiento desmedido de algunos políticos y lo que es muy grave: de miembros del Poder Judicial.
Conocemos ahora la historia negra de México, eso ha traído como consecuencia un descrédito en la política, en los políticos y en sus partidos y parece que hemos olvidado que la democracia no existe sin partidos.
El mal actuar de numerosos políticos, con la complacencia de sus partidos, ha ocasionado el cuestionamiento a las Instituciones. Nadie ha hecho más daño a la Institución Presidencial que varios de nuestros expresidentes. No se cree en el Poder Legislativo y tampoco en el Judicial.
Señala Woldenberg que nada ha hecho más daño a la Institución Electoral que el por muchos llamado “fraude del 2006”, aunque nadie haya podido probarlo. Esa opinión la fundamenta el consejero Ciro Murayama en su libro “La democracia a prueba: elecciones en la era de la posverdad”.
Algunas fuerzas políticas clamaban por la desaparición o al menos la supresión de los legisladores plurinominales. Me pregunto que hubiera sucedido si las fuerzas democráticas, luchando contra viento y marea no se hubieran opuesto, hoy en día la oposición sería meramente presencial.
Ahora hay voces que se alzan para que no se le otorgue el registro al partido que forma el expresidente Calderón. La estabilidad política se ha conseguido porque se ha dado cauce institucional a todas las fuerzas. No podríamos regresar a cerrar la vía democrática.
Hace poco había ciudadanos que añoraban un presidencialismo fuerte como con Díaz Ordaz, hay quienes suspiran por Porfirio Díaz y no son pocos quienes deseaban “mano dura”.
Sólo la ciudadanía, con su voto, puede y debe decidir quién nos gobernará. Quién hubiera imaginado el 2 de octubre del 2011 que surgió Morena, que en menos de 7 años ganaría abrumadoramente la Presidencia.
Pero, como advierte Woldenberg en su libro En defensa de la democracia “como toda creación humana, las democracias pueden sucumbir”.
En 2018 se publicó el estudio de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt Cómo mueren las democracias, del capítulo que al respecto publica Woldenberg en su obra citada, quiero recalcar:
1.- Las democracias ya no mueren producto de un golpe militar, como el de Chile en 1973.
2.- Líderes electos democráticamente, paulatinamente aniquilan la democracia.
3.- El surgimiento de líderes autoritarios que:
Rechazan las reglas democráticas, niegan la legitimidad de sus oponentes o toleran o alientan la violencia, también tienen “predisposición a restringir las libertades civiles.
Los autores del estudio publicado en 2018 dicen: “todas las democracias albergan a demagogos en potencia y, de vez en cuando, alguno de ellos hace vibrar al público”.
Esos líderes autoritarios que surgen y llegan al poder “capturan a los árbitros” de las instituciones que no se pliegan a los designios del Ejecutivo, y no solo a las instituciones, también a los medios de comunicación.
Son los partidos quienes deben de servir de filtro para que esos líderes no lleguen, porque de llegar serán ellos quienes maten la democracia.
Termina su libro Woldenberg: “Digo yo: cuando hay un déficit de comprensión y valoración de la democracia, cuando los problemas sociales no son atajados o resueltos, cuando el lenguaje anti político se apodera del espacio público, las probabilidades de que la democracia expire suelen crecer”.
La desigualdad social origina una falta de cohesión de la sociedad, si atenuamos el encono y la polarización, si castigamos la corrupción y la impunidad y mejoramos con hechos, no con palabras, el actuar de las instituciones. Si los partidos políticos exigen a sus candidatos conductas éticas y castigan a quienes no se apeguen a ellas, si el Poder Legislativo actúa tomando en cuenta las diferentes posturas, si fortalecemos y depuramos el Poder Judicial, y sobre todo si fortalecemos la credibilidad en la Institución Electoral, y si la división de Poderes que ordena nuestra Constitución la hacemos real y preservamos y fortalecemos las instituciones autónomas, habremos alejado la posibilidad de que nuestra democracia muera.
Luis Córdova Alveláis
Consejero Local Propietario
Instituto Nacional Electoral
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