Agrupaciones caníbales [creadores en riesgo]

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Agrupaciones caníbales [creadores en riesgo]

Cada hacedor o hacedora da un fruto distinto. Algunos siembran árboles de la misma especie, otros dan a luz astros o reinos de bacterias; no importa la naturaleza del resultado, lo real es que hay un esfuerzo creador en la ciudad. Tristemente, la pauperización de la cultura ha alcanzado ya no digamos los raquíticos fondos federales, estatales o municipales y su pésima distribución a modo entre grupos de poder, sino a agrupaciones que podrían constituirse en un apoyo, o al menos en un lugar en donde los creadores tocaran esquina.

Según los diccionarios, un caníbal es quien se alimente de los de su propia especie. Agregaría yo dramáticamente, que ese caníbal se alimenta de sus ideas, de su trabajo y lo engulle. Pues esto pasa en la ciudad. Sigue pasando en gerundio desagradable y descompuesto.

Y en este sentido ¿Por qué a los creadores les gusta acudir al territorio de los caníbales? ¿Podría ser que se padezca una necesidad de reconocimiento y de pertenencia, lo que ocasiona la permisibilidad para que pasen por encima de las necesarias retribuciones a su trabajo creativo?  ¿Será por esto de que ningún hombre es una isla, como dijese el poeta John Donne? Cualesquiera que sea el detonante,  se “contrata” a creadores a los que luego no se les paga o se les paga menos de lo acordado. O es más, ¡ni se les paga! pues parece que es suficiente la proyección de su obra, con la que quienes los “contratan” sí obtienen beneficios económicos.

¿Por qué el tema económico? Qué no los que viven del arte son seres que se alimentan de polvo de estrellas, o que deban desaparecer en la indigencia para que al morir se narren historias inmensas? [Es ironía, por si es necesario aclarar]. Sería más fácil que se aceptara esto y nos quitamos de reflexiones. Pero es que en general, los creadores que se dedican exclusivamente a la tarea creativa, la pasan verdaderamente mal cada vez que les es escanciada su retribución.

Nadie objeta el precio de una cerveza, se recibe y se paga -siempre a sobre precio-, ni de los cigarros; qué decir de los honorarios para asesores de marca y de los costos de  templetes para que en celebraciones de minutos u horas, quienes suben, se vean bien. Sí, marca e imagen personal, aunque a veces esas marcas hagan visibles procesos también pauperizados.

Largos horarios de trabajo a creadores, tratos degradantes en el sentido de no permitir ni un respiro en una jornada y malas condiciones de trabajo. Pero ¿cómo quejarse si se requiere el dinero? Y más en el contexto post COVID-19 ¿Qué esto no nos debiera llevar a replantear la forma de relacionarnos unos con otros?

Mientras esto pasa, persisten asociaciones, agrupaciones, fundaciones y agencias, en sus amplias solicitudes para que se regale el tiempo o el talento de los creadores. Se pide siempre que se sumen a una causa buena o justa; esto hace visibles a sus logotipos o a sus titulares y, pasa a veces, que lo mostrado, es caldo para grupos políticos. ¿Seguiremos en este país y en la entidad, sangrando a la comunidad creadora ofreciendo solo dar el espacio o el medio para que se conozca su obra?  ¿Cuándo, quienes toman decisiones de políticas públicas comprenderán la gravedad de este estado de las cosas y lo que se genera en estas otras relaciones? ¿Cuándo serán sensibles a lo urgente de resarcir la falta de una normatividad que sí le tome el pulso a la comunidad? [y esto no quiere decir aceptar cualquier cosa que se haga, pero ese es otro tema]

Si consideramos las actuales condiciones a escala local, se entiende el pleito, el reclamo ante resoluciones a los escasos fondos que surgen a través de convocatorias. Pude ver cómo en otro estado, uno de los dictaminadores -fui uno de ellos-, llevó la voz de creadores que no se sienten representados en la cantidad de apoyos para cierta disciplina;  esto es lo que podríamos hacer, llevar la voz para transformar en algo los acontecimientos.

Hace tiempo, al sentarme a dilucidar sobre este tema, comprendí con vergüenza que no debí haber aplicado a un estímulo específico, -aún y cuando me llamaron por teléfono para hacerlo-, tendría -de tener conciencia pero no tuve-, que haberme negado incluso a aplicar, aunque la convocatoria no me limitaba en absoluto [Habría qué revisar las convocatorias, diseñarlas con más enfoque, pensé]. No obtuve el estímulo por fortuna, pero mi ceguera sí ocurrió. Son aprendizajes a punta de heridas que veo en otros.

Y este año sigue igual, sin fondos suficientes. Además, se acercan los periodos electorales y esto complica más el contexto. Muchos dirán que así es el modelo, que para qué tanto alboroto, que se deben entender las relaciones de poder y los vínculos entre grupos, pero ¿realmente no podemos cuestionar el modelo?, ¿no podríamos contribuir al menos a que sea menos injusto si hemos fundado algún espacio de decisión? O ¿se busca continuar en este sistema hegemónico y patriarcal que está imbricado en hombres y mujeres? ¿Se seguirá así, llevando y trayendo nombres de creadores para canibalizarlos?  claudiadesierto@gmail.com