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Agenda política (8)
“Sólo lo difícil es estimulante”, reza la primera línea de uno de los ensayos fundamentales de José Lezama Lima en ese libro señero, “La expresión americana”. Libro denso, asfixiante, por la escritura barroca y ornamentada del nacido en La Habana, pero sin duda, prosa de altura e ideas las cuales nos hacen falta en este país mexicano tan abnegado y sumiso, plagado ya a las órdenes de un dictador en lo cual se ha convertido el otrora crucificado de Macuspana, Andrés Manuel López Obrador.
Lo difícil es estimulante. Lo creemos. Lo creo. De la adversidad nos viene la bravura, el temple, el carácter, el empuje sin descanso. De súbito, nuestra formación cultural ha adquirido mucha resonancia. Inmensa resonancia. Los hermanos sureños siempre estarán de acuerdo en su conformismo (no todos, claro) y en su tierra paradisiaca, tan rica y tan pobre en su mismo ecosistema. Pero nosotros, los norteños por siempre de pie y con la garganta seca en este bello y enrome desierto, nunca estamos del todo contentos con lo que tenemos. Nunca. Jamás.
“Codo”, ser codo, lo he escrito antes, no viene de codicia ni de avaricia, no; codo nos viene de saber un y otra vez por experiencia propia, que un día, la riqueza fue pobreza. La riqueza no se da en los árboles frutales de los bellos estados de Tabasco, Oaxaca o Veracruz, se da en años de lucha en contra de la tierra yerma de aquí, se da por años de lucha y sudor en la frente. Se da con años de lucha frente a la paciente y agotadora hoja en blanco –en mi caso, como escritor– y el arrastra el lápiz y afilarlo una y otra vez hasta que salga un verso digno de publicarse. Todo, mientras afuera brama el calor de 38 grados y sin agua.
Lo difícil siempre estimula. Estimula nuestra imaginación para salir adelante. Estimula nuestra creatividad. Aviva el fuego de nuestra bravura en el tejido del campo de batalla. Así somos los norteños, así hemos crecido y por eso nos definimos y nos diferenciamos de todo el país. Decimos “piedra” y estamos nombrando algo vago y natural, pero si decimos “Cerro de la silla” o “Cerro del pueblo”, nos referimos a un signo el cual rápido todos entendemos: lo natural (una piedra o un conjunto de piedras y arenisca) devino símbolo, signo y pertenencia (nuestros Cerros, nuestra vida misma). ¿Cómo se creó el “Cerro de la silla” y su peculiar formación rocosa? A un creso regio se le cayó un peso y éste se puso a cavar hasta encontrarlo.
Tal vez sí: tesón, esfuerzo indoblegable, sudor, paciencia, trabajo. Sor Juana Inés de la Cruz lo dice así en algunos de sus versos oscuros y divinos de “Primero sueño”: “Las pirámides fueron materiales/ tipos solos, señales exteriores/ de las que, dimensiones interiores,/ especies son del Alma intencionales…” Señales exteriores (la piedra, el cerro), trastocados o mutados en símbolos los cuales nos recuerdan al amanecer y siempre, que hay que labrar y cincelar con trabajo y tenacidad la piedra para arrancarle un fruto y un pan para comer diario. Cosa que López Obrador no sabe ni practica. El regala el presupuesto.
ESQUINA-BAJAN
Punto uno: poco más de 23 millones de mexicanos al día de hoy en que redacto estas notas están vacunados. 23 millones de un población de más de 126 millones. ¿Entonces de qué hablamos? ¿Hay algo por celebrar de la “estrategia” del gobierno federal en tema tan delicado como lo es y sigue siendo la pandemia del bacilo de ojos rasgados? Según las cuentas alegres de AMLO y su santo personal, san Hugo López-Gatell, la ocupación hospitalaria ha disminuido notablemente (un 84% con respecto a enero de este año) en el país. Pues sí, sin duda: ya educaron a la gente a morir en su casa. Así de sencillo y complicado a la vez.
Punto dos: muchos, hartos lectores se comunican con este escritor y me comentan de un punto o arista que siempre he señalado en mis ideas y textos: esa moda o literatura para sirvientas o para gente manipulable llamada “superación personal”, libros o “literatura de valores y formación de liderazgos” y demás yerbas, lo que eso signifique. Nunca he creído en eso, nunca voy a creer por un motivo: no hay sustancia. Aquellos que recomendaban “nunca, jamás llevarse trabajo a casa”, “desconectarse” los fines de semana, “relajarse en el parque y en lugares arbolados” y un largo etcétera, terminaron por comerse sus palabras y recomendaciones.
Las casas particulares terminaron por convertirse en casa-habitación, motel de paso, sala de juntas, escuela de niños y jóvenes, gimnasio, comedor de pizzas y pollos fritos, olores a aceite rancio y sudor del ejercicio. La noción de día y noche se perdió: conectada toda la familia a Internet, estar sin Facebook un minuto, equivale a suicidio. Internet todo lo ve, todo lo manipula y todo, todo lo cuadra para un futuro. Un futuro que es hoy.
Punto tres: mientras AMLO sigue engatusando, mintiendo y engañando con sus “mañaneras”, un drama de vida real, no virtual, se pelea en las calles: la violencia sin fin que a todos mancilla y toca. Al día de hoy (hago corte día 17 de mayo), van 32 candidatos asesinados en estas campañas electorales. El último de ellos, Abel Murrieta, candidato en la Alcaldía de Cajeme, Sonora. Le dieron 10 tiros cuando repartía volantes. Así la cosa de impunidad en un país donde AMLO dice que hay que dar “abrazos y no balazos.” El candidato era abogado de profesión, no cualquier abogado, sino el mismísimo abogado el cual apoyó los casos de la familia LeBaron cuando estos perdieron a nueve de sus miembros en una matanza terrible hace poco tiempo. Abel Murrieta ya está muerto.
LETRAS MINÚSCULAS
Vaya a votar este 6 de junio señor lector. De preferencia, en contra de AMLO y Morena. No deje que este país se resquebraje más.