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Agenda política (5)
Gracias por leerme, gracias por atender estas letras. Lo mismo en materia política y social (lunes y jueves), lo mismo al fijar nuestro alfabeto en la literatura, la música y el arte todo, en nuestra tertulia sabatina (“Café Montaigne”) y claro, los domingos nuestro encuentro en materia gastronómica en “Salpicón”. Y sí, usted y yo lo hemos repasado: todo tiene que ver con todo. Es eso llamado vida, caray. Y si hay vida, hay todo lo apuntado líneas arriba.
Días raros. Bueno, lo reescribo: un año raro, más de un año sin encontrarle ni pies ni cabeza a todo lo que pasa y nos rodea. No pocas veces, nos avasalla, nos atropella esta realidad asfixiante. La pandemia, el bacilo de ojos rasgados creado en laboratorio nos puso en el filo de nuestras capacidades. Y claro, nos descubrimos más débiles que nunca. Un dato el cual solté en texto pasado, puso los pelos de punta a muchos lectores. Yo imaginaba que todo mundo lo sabía. Con esa mamada, esa panacea universal a la cual todo mundo va a abrevar de sus aguas (internet), pues yo pensé que todo mundo sabía el dato de escándalo: en donde nació el bacilo de laboratorio, en China, con 1 mil 398 millones de personas, hay poco más de 4 mil muertos.
De hecho, hubo un día, exactamente el día 11 de abril, cuando las agencias de noticias mundiales daban la siguiente nota: “Suma China 10 nuevos contagios”. Sí, señor lector, diez, ahora con número: 10. Diez nuevos contagios. Es decir, toda una alarma. Pero ojo, ellos mismos dijeron que no eran infectados locales, sino todos eran viajeros. ¿Sabe cuántos infecciones oficiales hubo en México el día 11 de abril? 6 mil 356 infectados. ¿Entonces de qué jodidos estamos hablando, qué pasa en nuestro país y en todo el mundo con esta corona de virus bien diseñada y armada para aniquilarnos? En la semana del 5 al 10 abril (lunes a sábado), quien esto escribe sentía algo “raro” en el ambiente. Así de sencillo.
Recuerdo que les estuve mandado mensajes cortos de celular (SMS) o comentando telefónicamente a medio mundo. Es decir, externé mis torpes ideas a Luis Carlos Plata (el más ácido y letal periodista y académico del cual se tenga memoria en Coahuila), a Orlando Rodríguez (profesor de profesión, quien no obstante su juventud, ya anda encimado en cuanto tren académico y político pasa), Juan Ramón Cárdenas (chef de sabor huracanado), al joven abogado Diego Rodríguez (integrante cardinal de la planilla de “Súper Chema” Fraustro Siller a la Alcaldía local); le mandaba mensajes a Víctor S. Peña a Hermosillo, le comenté de mi preocupación al abogado Gerardo Blanco Guerra (el hombre que más sabe sobre derecho electoral y elecciones en Coahuila), al escritor para escritores Armando Oviedo (dicta cátedra en la mismísima Sogem).
ESQUINA-BAJAN
Le mandé mensajes al “Cowboy urbano”, Manolo Jiménez, a los candidatos a diputados federales, Jericó Abramo Masso y Jaime Bueno Zertuche (“El caballero inglés”), al candidato a la Alcaldía de Ramos Arizpe, José María Morales (“Chema” Morales”)… los comentarios iban en este sentido el cual le pido a usted atienda esta ocasión. En dicha semana, Andrés Manuel López Obrador una y otra vez dijo de las miles y millones de vacunas que tenía apalabradas su gobierno, dijo que la pandemia estaba cediendo, dijo que ya íbamos de salida… en fin, la engañifa de siempre.
Punto uno: pero lo bien cierto es que toda esa semana hubo una media de más de 600 muertes diarias por la mordedura del bicho chino. Ejemplos al azar, día 6 de abril, 603 muertes. Día 7, 597 muertes. Día 8, 548 decesos. Día 9 de abril, 874 muertes. Y llegamos al punto clave: día 10 de abril, 2 mil 192 muertes por COVID-19. Caray, ¿nadie se dio cuenta? ¿En qué país estamos viviendo? Pues tal vez en el país de los eternos “memes”, en el país de la estupidez total. Sí, el país que López Obrador alienta y amamanta.
Punto dos: recuerdo que también le comenté de lo anterior a don Javier Salinas (melómano, el hombre que más sabe sobre música antigua en Coahuila). ¿Qué hacer, qué acciones debemos de tomar ante semejante engaño presidencial? Pues lo que siempre hemos hecho los norteños: estar de pie, ser más inteligentes, duros y fuertes que el poder omnímodo presidencial. Saltillo en particular y Coahuila en general, han padecido la lentitud en el surtido de las vacunas que tanto promete su alteza serenísima, AMLO I. Hay un motivo: a nivel federal saben del posicionamiento político del “Cowboy urbano”, Manolo Jiménez, quien es un parteaguas político no sólo a nivel estatal, sino que su actitud de estar echado para adelante, su valor civil y político de exigir lo que nos corresponde y su labor al frente de Saltillo, lo tienen en el ranking nacional y en el radar federal.
Punto tres: es decir, AMLO y Reyes Flores Hurtado, claque de AMLO aquí, nos tiene tal animadversión, odio y coraje, que nos boicotea, hasta en cosa tan humanitaria como la llegada de las vacunas. Aunque luego lo voy a explorar en un texto específico, pocas veces se había visto una dupla política en Coahuila con tal cohesión, colaboración y apoyo mutuo como la que han hecho Miguel Ángel Riquelme (Gobernador) y Manolo Jiménez (Alcalde). No sólo políticos, sino amigos. No colaboradores, sino una dupla con visión de futuro. Lejos quedaron los tiempos faraónicos de una sola visión, como la de Humberto Moreira o la de Rubén Moreira, quienes hacían perder a sus “amigos”, como Ramón Oceguera, Eduardo Olmos, Fernando Donato de las Fuentes, Enrique Martínez Morales, Miguel Mery…
LETRAS MINÚSCULAS
Tal vez debería escribir una saga de “Historias de perdedores”. Tal vez…