300 años de María Ignacia Azlor
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300 años de María Ignacia Azlor
Se cumplió el mes pasado el tercer centenario del natalicio de María Ignacia de Azlor, coahuilense nacida en General Cepeda. Trastataranieta del conquistador Francisco de Urdiñola e hija de los segundos marqueses de San Miguel de Aguayo, sus antecedentes familiares resultan de sumo interés para la historia de Coahuila, al mismo tiempo que para su historia personal, por el destino que le dio a su fortuna forjada en estas tierras por sus antecesores.
Ella la destinó a la construcción del convento-escuela llamado La Enseñanza, en la capital del virreinato, y vino a ser la primera escuela pública gratuita para niñas y jóvenes en México, además de la mejor y más concurrida de su tiempo.
María Ignacia es una mujer que responde a la Ilustración, una mujer de su siglo, el XVIII, el siglo de las luces, por su deseo de transformación y mejora de todos los aspectos de la vida humana. Es una mujer culta e informada.
Se hace religiosa de la Compañía de María en España para traerse la orden a la Nueva España y ofrecer educación a las mujeres mexicanas. Las monjas marianistas eran la versión femenina de la Compañía de Jesús. A diferencia de otras órdenes religiosas, en su profesión agregaban el voto de enseñanza a los tradicionales de pobreza, obediencia, castidad y clausura, y eran ellas mismas las maestras de su escuela, cuando otros conventos empleaban maestras seglares. Los sermones pronunciados en las dos ceremonias de su toma de hábitos se refieren a ella repetidamente como una mujer “de las más celebradas en capacidad”.
Y el autor anónimo de las coplas compuestas para celebrar sus votos la compara con su antecesora mexicana, la célebre Sor Juana Inés de la Cruz, señal de que María Ignacia era también, guardando proporciones, una monja ilustrada, a pesar de que no dejó obra escrita como la Décima Musa.
Apenas recientemente se ha mencionado el genio musical que pudo haber poseído. Su talento de violonchelista pudiera darle también el título de promotora de la enseñanza musical en las escuelas de niñas. La música bien interpretada le daba lustre a los conventos de la Nueva España y marcaba la concurrencia a sus iglesias ya que los coros de monjas cantaban las misas, los alabados y las letanías.
El Convento de La Enseñanza vino a iniciar en México la aparición de las comunidades religiosas modernas, porque su claustro era abierto totalmente para las niñas y porque su finalidad primordial era la enseñanza, dejando a un lado la vida contemplativa de los monasterios femeninos. A los puestos tradicionales de priora, subpriora, procuradora, portera, ropera, campanera y enfermera encargados a las monjas, el convento de María Ignacia añadió la novedad de los puestos del servicio escolar: maestra de clases, portera de clases, maestra de colegialas y bibliotecaria.
Indias vulgares o caciques, mestizas, españolas criollas o peninsulares, nobles, pobres o ricas, para todas abrió María Ignacia las puertas de La Enseñanza. También mostró compasión por sus compatriotas más desprotegidos.
En su testamento dejó una manda para que una vez pacificada “la apachería” en su tierra se fundara una misión para desterrar “las tinieblas de la gentilidad de los desdichados indios de aquellos parages”.
Para abordar una vida tan rica como la de María Ignacia, habrá que poner en práctica, y ahora sí que literalmente, la frase “hacer a un lado el hábito, para conocer a la persona que lo viste”. Sólo así podrá fundamentarse la relevancia histórica de esta notable coahuilense, fundadora de la primera escuela pública gratuita para niñas y jóvenes mexicanas, y posiblemente también la precursora de la enseñanza musical como parte de la instrucción ordinaria en las escuelas de niñas.