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Mirador 06/07/2021
Un niño cayó al río y se iba a ahogar.
Su madre, desesperada, clamó pidiendo auxilio.
Por el camino iba San Virila. Se lanzó al río, nadó esforzadamente hasta llegar al muchachito. Lo tomó con una mano por los cabellos, y nadando con un solo brazo lo llevó hasta la orilla sano y salvo.
La mujer se echó a sus pies, agradecida. Le preguntó:
-¿Por qué arriesgaste la vida tú también? Con uno de tus milagros habrías salvado a mi hijo. Pudiste detener el curso de las aguas, o caminar sobre ellas hasta llegar al niño, o hacerlo que se elevara por los aires y venir a mí.
Respondió San Virila:
-Los mayores milagros son los que hace el Señor a través del esfuerzo de los hombres.
¡Hasta mañana!...