Ni la pandemia apaga la devoción a la Virgen; fieles honran a la Guadalupana en Saltillo
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Ni la pandemia apaga la devoción a la Virgen; fieles honran a la Guadalupana en Saltillo
La pandemia pudo cerrar templos y suspender celebraciones masivas, pero no detuvo la fe de los creyentes el día de la Virgen de Guadalupe. Ella salió al encuentro de sus hijos, como el amor de una madre que consuela, pero también que reivindica la dignidad de quienes sufren.
María se apareció ante un indígena en el Tepeyac, hace casi 500 años, para que los ciudadanos fueran conscientes y participaran en la historia, dijo el obispo emérito Raúl Vera, ayer durante la misa en el atrio del Santuario, al aire libre, con la imagen de la Morena en lo alto.
“María vino para que tomáramos nuestro lugar en esta nación, todos, a eso vino María, ella quiere reparar esta casita. El Papa nos dijo: a María no solamente le interesaba la casita que tiene en la Basílica, a María le interesaba esta casita que es la patria de ustedes y que tienen que construir como sujetos todos. Tenemos que ser ciudadanos con voz, ciudadanos respetados, no que compren con dinero sus votos”, afirmó Vera López en la homilía.
AFORO RESTRINGIDO
Poco más de 50 personas escucharon la celebración afuera del Santuario de Guadalupe, en la calle Pérez Treviño. Familias, niñas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, todos con cubrebocas y en oración, buscando un trozo de sombra mientras el sol de la tarde colgaba en la cúspide del cielo.
Antes y después de misa, más creyentes pasaron un filtro sanitario, instalado afuera del recinto religioso desde el día 3 hasta hoy 13 de diciembre, para dejar una ofrenda a la Virgen de Guadalupe, en quien creen, buscan consuelo, depositan anhelos.
Desde que inició el recorrido, la afluencia de fieles aumentó, sin rebasar la capacidad del personal del Santuario y de los elementos de Protección Civil y Tránsito de Saltillo, quienes mantuvieron orden y procuraron que se respetaran las medidas sanitarias.
Algunas familias se tomaron de las manos mientras Raúl Vera hablaba, otros cerraron los ojos y escucharon en silencio las lecturas que buscan dar consuelo al alma, pero también quieren despertar consciencia, pues el Obispo Emérito señaló que el Evangelio se debe vivir.
Debemos dejar atrás los prejuicios contra los migrantes, contra la comunidad LGBTTTI, contra las mujeres que se prostituyen, contra la gente en condiciones vulnerables o en pobreza… ¿Se acaba la misa y se acaba la hermandad que la Virgen María quiere de sus hijos?
Si el sufrimiento del prójimo no te mueve a construir un México y un mundo mejor, ¿podrías llamarte cristiano?, cuestionó Raúl Vera, quien en los 20 años que estuvo a la cabeza de la Diócesis de Saltillo se encargó de luchar por los derechos humanos de las personas vulnerables.