Para erradicar el nepotismo
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Para erradicar el nepotismo
Dice el diccionario que nepotismo es la desmedida preferencia de algunos gobernantes para otorgar a sus parientes concesiones y empleos públicos. De igual forma dice que la empleomanía es el afán de obtener un puesto público pagado con el erario. Ambas, nepotismo y empleomanía, son fenómenos lesivos que arrastra México desde su nacimiento como nación independiente.
Así lo denunció ese gran sacerdote liberal que fue don José María Luis Mora, y lo hizo a través de un memorable ensayo publicado en 1827, “Discurso sobre los perniciosos efectos de la empleomanía”, el cual debería ser hoy el espíritu de una verdadera reforma para acabar con el funesto nepotismo y el excesivo burocratismo.
Gastar los recursos públicos para nutrir a una plaga de sabandijas que van desde cónyuges, amantes, lambiscones y toda la parentela es destinar tales recursos a un uso improductivo y, por lo tanto, como dice Mora en su ensayo, es apostarle a la destrucción de la riqueza nacional.
Un caso nocivo de “empleomanía” lo tenemos en Coahuila, donde la burocracia se ha multiplicado con los parientes de las lideresas, una plaga que se debe eliminar con leyes efectivas, porque hasta el PAN tiene su clientela parasitaria.
El peor ejemplo de nepotismo y empleomanía es el caso de los parientes de Carlos Romero Deschamps, el líder petrolero cuyos familiares trabajan como “aviadores” en Pemex amparados en un contrato colectivo que termina hasta el 31 de diciembre del año 2999, algo bizarro y surrealista.
A nivel local tenemos el espeluznante caso del Partido Verde en Parras, donde una red familiar, así como clientelar del cacique vernáculo, reconocida como la de “Alí Babá Madero y sus 40 ladrones”, es la peor plaga municipal de todo México, con una red de “aviadores pensionados” que es intocable para cualquier auditor, inmune al Congreso local e impune a cualquier sanción de autoridad. Todos ellos son beneficiarios de la gracia de su majestad el cacique “cachasflojas” (a ver si no nos manda liquidar con su equino favorito), que usa el presupuesto para allegarse lealtades y gratitudes, donde los “aviadores” se han vuelto abyectos e incondicionales de su nefasto benefactor.
Nepotismo y empleomanía son una práctica ruinosa que corrompe la vida pública de México. Mora nos enseña que ninguna burocracia servil puede ser sustento de las instituciones: “la libertad es una planta que no puede germinar sino en terreno vigoroso; el fango y la inmundicia son incapaces de nutrirla”. Mora se refiere a los aduladores como la inmundicia.
Y mire usted que en Palacio hay una gran placa de bronce que reza lo siguiente: “Gracias señor gobernador Rubén Moreira Valdez por darnos la oportunidad de servir a los coahuilenses”, la firman José Vega y María Esther Monsiváis.
Y José María Luis Mora se pregunta: “¿Qué clase de instituciones podrán sostenerse con hombres inmorales? ¿Ni cómo podrá aspirar ningún pueblo a los gloriosos días de Roma en que las virtudes de Camilo, de los Escipiones, de Quinto Fabio, Cincinato y Catón sostuvieron la libertad?”
¿A qué podemos aspirar los coahuilenses con burócratas como la “Marucha”, la “Chopa”, la “Sopa”, el “Caballo”, el “Coco”, el “Cuco”, “Alí Babá Madero” y sus más de 40 ladrones?