El PRI, renovarse o morir
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El PRI, renovarse o morir
El nuevo líder nacional del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Ochoa Reza, ha manifestado en sus primeros discursos un propósito de cambio, de acabar con la corrupción y la impunidad, de ejercer la crítica y también la autocrítica y, sobre todo, el interés de una profunda reestructuración a través de una discusión abierta con la sociedad.
Lo mismo se dijo en el cincuentenario de dicho partido, a finales de los años 70’s, hace 37 años: que el PRI había agotado su capacidad de representar al pueblo; que el PRI estaba siendo avasallado por la burocracia y la tecnocracia; que el “Negro” Sansores, designado entonces como líder nacional, tenía muy negro el currículo, lo que fue desmentido por Fidel Herrera Beltrán –en ese entonces líder del PRI en el Distrito Federal– que publicó un desplegado donde aseguraba que el más idóneo revolucionario priísta era, precisamente, Carlos Sansores Pérez.
En ese entonces, la urgencia para el partido tricolor era la de renovarse o morir, lo mismo que en la actualidad, con Fidel Herrera Beltrán aún vigente y con el nuevo presidente del partido, idóneo representante de la burocracia y la tecnocracia “revolucionarias”. La urgencia del PRI parece ser la misma de hace cuatro décadas: renovarse o morir.
Y no sólo para el PRI la urgencia de renovarse es un asunto vital, también para el PRD de los Chuchos, la izquierda domesticada, la que gustosa acepta sentarse a la diestra del PAN y a la siniestra de los banqueros, para servirles de paleros y de comparsa, principalmente al PAN, la derecha corrupta, patrimonial, caciquil, familiar y empresarial.
Y ni qué decir del Partido Verde Ecologista de México del que sólo cabe señalar que, dentro de nuestro sistema de partidos, son las moscas verdes que habitan en la basura, ésas que se alimentan de carroña y de cadáveres en descomposición.
Del PAN ya sabemos que el neopanismo desplazó a los doctrinarios más decentes. Que la New Left de Jesús Ortega es una farsa opositora y que el PRI ha mudado su ideología de una izquierda moderada a la derecha profunda.
Si Enrique Ochoa Reza quiere la autocrítica pues entonces hay que decirle que ponga fin al uso de términos vacíos de contenido con la pretensión de hacerlos pasar como conceptos. Dejar atrás la simulación del “sector obrero” y del “sector campesino”, más aún de ese mamotreto conocido como “sector popular”; mejor aún, crear un “sector empresarial” para connotados priístas pertenecientes hoy a la cúpula patronal, porque Tereso Medina ya no es obrero sino empresario y Ramón Verduzco nunca ha sido campesino sino un “aviador” banquetero.
El PRI ya no es un partido revolucionario porque privatizó toda la riqueza nacional. El PAN no es totalmente de derechas porque con Fox y Calderón se asoció con la Gordillo y con Romero Deschamps.
En el PRI siempre ha existido un gran temor por la autocrítica porque el propio partido ha devorado a sus más grandes críticos: a Carlos Madrazo en el cerro del Fraile y a Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas. Es cierto, para el PRI renovarse es morir y por eso mismo es preferible la simulación.