Rayados: entre aciertos y apuros
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Rayados: entre aciertos y apuros
Mohamed no se deja llevar por el aroma festivo de la estridente campaña de Rayados. Siempre está dispuesto a bajarle un cambio a ese ventarrón de halagos mediáticos que estimula su equipo.
El técnico sabe muy bien lo que tiene, pero también lo que le falta. Para Mohamed, todos los partidos representan nuevos aprendizajes, incluidos triunfos o goleadas que no suponen dejar rastros para el debate.
Rayados ha basado el éxito hasta aquí en sus convicciones, en la solidaridad grupal y en sus ambiciones futbolísticas, barnizado con algún que otro rasgo estético que potencian la imagen de todo buen equipo en la prosperidad.
Tiene gol, una sostenida cooperación colectiva y demasiada practicidad. Lo suyo no es envolvente, sino vertical y contundente. Monterrey opera en esa dirección porque es la que mejor le calza y la que más aprovecha. No le va mal, pero tampoco necesariamente su impresionante capacidad de sumar cubre todo su espectro competitivo.
A Rayados se le reposa mucho la vista en sus buenísimas articulaciones ofensivas, pero poco se le hace caso a sus reincidentes vicios ocultos que suele mostrar en la labor defensiva.
De hecho, ese aprendizaje que tanto recalca Mohamed tiene que ver, naturalmente, con el equilibrio, con los asteriscos que presenta el funcionamiento del equipo que derivan en complicaciones que le quitan fuerza a las garantías.
Mohamed hace tres partidos que ha decidido mutar (o regresar) a una línea de 5 flexible, con dos laterales, por ahí volantes, por ahí delanteros, como Juárez y Ayoví, quienes están más interesados en desprenderse que en refugiarse. Y lo hacen bien.
La idea no es mala si se entiende que el objetivo del método es hilar la comunicación de los pases por las bandas, auxiliar al medio, sumar opciones de traslado, tener sorpresa y comprimir las líneas para proponer un dibujo más homogéneo.
Sin embargo, la cuestión no pasa por la elasticidad al avanzar, sino por los modos de defender. Rayados presenta tres zagueros (Montes, Mier y Basanta) generalmente para controlar a un punta rival y los tres juegan en línea.
No siempre se complementan, a veces se duplican y exponen peligrosamente al equipo a situaciones de riesgo. Cualquier trazo fino o cruzado entre los centrales deja a cualquier delantero de cara a Orozco. Sea quien fuere el adversario.
Defender con un criterio de población, pero sin sincronización es igual a nada. Lo que produce ese criterio, en todo caso, es una sensación de seguridad, cosa que es muy diferente a garantizarla.
Mohamed comenzó a modificar hábitos en su sistema defensivo debido a la lesión de Castillo antes del juego ante los Jaguares. Sin embargo, con Castillo o sin él, hoy Rayados no logra consolidar aquel progreso defensivo de las primeras jornadas cuando utilizaba el 4-3-3.
Al DT le hacía ruido hasta hace poco una defensa adelantada que, paradójicamente, para efectos de conexiones y solvencia, había dado fruto.
Pero los de atrás siempre han jugado al límite y lo siguen haciendo bajo cualquier esquema. Que por ahí no le hayan anotado o que pasen desapercibidas estas cuestiones es otra historia.
Nadie sobra como último hombre, se fracasa en algunos relevos y puede que dos de los tres centrales vayan al mismo tiempo al balón. Tampoco son confiables por aire. Se distraen fácilmente y nadie grita. Se ha perdido el control de los detalles.
Mohamed habla de cierto relajamiento en los partidos que le cuestan goles y puede que haya algo de eso si se lo mide desde lo general.
Aunque también defender con más no es defender mejor. Rayados sufre apuros innecesarios en el fondo que a veces no se ven (o no se quieren ver). Pero ahí están. No todo es efectividad.