Alta infidelidad
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Alta infidelidad
Mis amigos coleccionan viniles. Quiero pensar que se trata de una moda pasajera y en el futuro reíremos de la misma manera en la que ahora lo hacemos cuando decimos "¿te acuerdas cuando coleccionábamos tazos?" Pero no, sé que no se trata de una fiebre momentánea. Ellos (la mayoría) han coleccionado música durante casi toda su vida y el revival de los LPs lejos e hacerlos desistir los ha convertido en una especie de esnobs.
1. Hasta hace 15 años comprar viniles era una cosa de frikis. Se hacían películas de eso. High Fidelity es la muestra. Tipos obsesionados por la música y sus formato viejos que hacian de ella un culto. Era comprensible. En el 2000, cuando se estrenó la película, los LPs eran un dinosaurio y los CDs estaban a punto de seguirles los pasos con la inminente aparición del mp3. Por lo tanto, los tres empleados de Championship Vinyl son vistos bajo el filtro romántico de "toda época pasada fue mejor". Uno de tantos clichés que no dejan de repetirse en ninguna época.
2. No recuerdo la última vez que compre un LP, pero recuerdo que el último CD que compré fue 26 Mixes for Cash de Aphex Twin. Lo describiré en una sola palabra: genial. Sin embargo, los últimos meses de 2004 coincidieron con una época de vagabundeo constante y, dado que mis mudanzas eran más bien frecuentes empece a ver la manera de economizar espacio en los pequeños cuartos que rentaba. Tuve que hacer una apuesta a favor de los libros y mi colección de música quedó sintetizada en formato digital.
3. The Buggles cantaban "Video Killed the Radio Star". Me gustaría saber que dirían si les hubiera tocado ver en su juventud la casi desaparición del formato físico. Para mí, la verdad, fue una bendición: los últimos años de la década pasada me la pasé descargando torrents y archivos .zip y .rar de música, video e incluso cómics, algo a lo que me negaba tiempo atrás.
4. Cada mes, junto con los recibos que el cartero deja en mi domicilio, se suman a las cuentas de luz, agua y gas, a mi correo electrónico llegan las notificaciones de pago de Netflix y Spotify. Las películas y música en streaming se han convertido en parte de mi canasta básica y, lejos de ser un lujo, forman parte de mis necesidades para sobrevivir el día a día e incluso se personalizan a mis necesidades de búsqueda o estados de ánimo.
5. "La revolución no será 'espotificada'", me dice un amigo en clara alusión a la canción de Gil Scott-Heron y al servicio musical de streaming. Yo también creo que no es para tanto, pero lo cierto es que se le acerca bastante. Sí una inteligencia artificial como lo es Skynet en el universo de los filmes de Terminator un día toma el control del planeta, sin duda lo hará con un soundtrack de fondo espectacular.
6. Por supuesto, para muchos yo ejemplificó lo peor de un melómano: descargo música sin financiar a los artistas, prefiero los canales de streaming o de videos y hace tiempo que me negué la más mínima posibilidad de pagar por un objeto grabado, ya sea casete, vinil, CD, Blu-ray o lo que se les ocurra. En otros terrenos, si hay algo por lo que aún desemboloso dinero es por libros, pero estoy consciente de que, llegado el perfeccionamiento de los e-books, los libreros de mi departamento irán desapareciendo poco a poco.