La resignación de Mohamed

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La resignación de Mohamed

Mohamed tiene cierta resignación

Lejos de sus discursos modulados y esperanzadores, el reciente empate ante Puebla pareció modificarle el juicio y robarle hasta la motivación. En su opinión, casi con aroma a sentencia, la intermitencia de Rayados lo privará de la clasificación.

En un torneo tan loco como el actual y a falta de cinco jornadas puede pasar cualquier cosa, pero Mohamed es más realista que optimista. Los números aún le dan oxígeno, pero los resultados lo condicionan.

A estas alturas, el DT sabe que buscar puntos es más importante que encontrar al equipo. El detalle es que Rayados está a mitad de camino en ambos propósitos. Se muestra renuente a darse un gusto a sí mismo en dos partidos seguidos. Despierta como ante el León y se enloda como frente al Puebla.

Esa combinación de solvencia y flaquezas es lo que preocupa a Mohamed. La marcha del equipo no se define, es difusa y no logra sepultar esa incertidumbre que le rodea.

Rayados no está tan distante de lograr el objetivo, pero se había tomado tan a pecho el juego pendiente contra los poblanos –para trepar y acomodarse en zona de Liguilla- que el reparto de puntos, y máxime como se dio, ha desilusionado a medio mundo. Incluso, da la sensación que Mohamed ya siente el fracaso encima.

Lo cierto es que al Monterrey ya lo acorralan las urgencias porque ha regalado buena parte del torneo y ahora es cuando se ve con la soga al cuello. Hace dos partidos que no pierde, pero eso quizás no alcance a eliminar los residuos futbolísticos que arrastra, sobre todo esos que tienen que ver con los nervios emocionales. Se siente seguro a medias y ante cualquier soplido se desvanece.

Ha llegado al punto en que el entrenador se ha sincerado y ha reconocido la alta dependencia que tiene su equipo de Cardona. El colombiano nunca ha sido un jugador más, pero ahora es el más importante. Tan es así que para Mohamed, Cardona es sinónimo de “equipo completo” después de que con su ausencia ante Puebla se haya ganado el rótulo de “irremplazable” para el DT.

Pero decir que Cardona es un todo para este Rayados tambaleante es una conclusión apresurada. Una excusa que valida la desesperación. Cardona sí influye cuando está inspirado, pero cargar el destino de un equipo en la espalda de un solo jugador exhibe hasta el propio entrenador por la falta de otros recursos.

De haber ganado el viernes, seguramente se hubiera relativizado la falta del colombiano. Mohamed dice que no le gusta hablar de los que no están, pero no pudo evitar abrazarse a Cardona para “justificar” cierta despresurización colectiva de sus dirigidos comparada con la goliza ante el León donde el “10” ha sido factor preponderante.

Tampoco se puede obviar que Rayados padece un mal crónico que está directamente relacionado a su incapacidad para cerrar los juegos, independientemente si juega o no Cardona. No es confiable con la mínima ventaja en sus manos ni tampoco es tan cumplidor refugiándose en su propio campo.

Cuando Rayados se tira atrás es una permanente invitación al gol rival. Recupera muy cerca de su portería y amplifica el margen de error. Si sabe que ahí no está cómodo, es curioso que Mohamed deje que el equipo ingrese en ese peligroso estado de contracción. Eso no lo resuelve Cardona, eso ya es un problema de diseño y planeación.

Por lo tanto, Mohamed, así como ha acertado con algunos cambios, también ha sido una semilla que, en su evolución, ha abonado a la volubilidad de este Rayados. Si el técnico está algo frustrado y pesimista, es porque siente que, no tanto los jugadores, sino él ha fallado.