Renovarse o morir
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Renovarse o morir
Todo en la vida tiene sus ciclos, sus periodos de existencia. Sus puntas y luego, la debacle, la caída. Son ritmos naturales. Nada es eterno. En política, las cimas y simas se presentan con más rapidez a cualquier otra actividad. Su misma condición volátil, hacen de esta actividad no un arte, sino una triste charada y chacota de la cual, para nuestro infortunio, estamos presos. En política renovarse o morir es la divisa. Hoy lo estamos viendo y viviendo.
Casi al mismo tiempo en que se dio el relevo nacional de poderes en los partidos políticos que realmente ganan y se disputan al País, el PRI y el PAN, se dio también el relevo del PAN en el vecino estado de Nuevo León, y todo mundo lo sabe, aquí y no en otro lugar es donde el partido que huele a incienso, mirra y mortaje tiene sus blasones, reales y activos. Por ello era interesante ver lo que pasaría en esta elección para ver en disputa dos maneras de dirigir al PAN nuevolonés, la vieja cúpula y movimientos tradicionales de abolengo (la candidata fue Teresa García de Madero) en contra del llamado nuevo PAN (Mauro Guerra, del llamado grupo San Nicolás).
Con esta elección se extinguió el viejo dominio panista y se consolidaron los nuevos cuadros que emergieron desde 2009 a la fecha. La señora Madero, por ejemplo, de 69 años y con una militancia de 31 años en el partido y exembajadora de México en Canadá, perdió ante la embestida de estos nuevos panistas, los cuales en Nuevo León, muestran una actitud fuerte, dura, beligerante y de sólido trabajo hacia esa masa amorfa llamados ciudadanos. Sí, con los cuales y al final de cuentas, ganan las elecciones. No está exenta la crítica agria. Tatiana Clouthier, por ejemplo, cuando supo del resultado donde se daba ganador a Mauro Guerra Villarreal, sin pelos en la lengua señaló: “El PAN está podrido, tomado por grupos que lo tienen de rehén para enriquecerse y para beneficio personal”.
Y note usted que la anterior declaración bien la pueden firmar aquí varios panistas críticos, como el matemático Miguel Ángel Wheelock, quien una y otra vez se ha puesto del lado de los ciudadanos y alejado del mundillo de corrupción de una cúpula panista que aquí, por lustros, han dominado los vapuleados del Grupo Laguna (Guillermo Anaya, Luis Fernando Salazar, Jesús de León Tello…). Con la elección nacional, la cosa no fue muy diferente con Ricardo Anaya, quien con su perfil joven, puede y debe entregar buenas cuentas con miras a las próximas elecciones, tanto estatales como la presidencial.
Esquina-bajan
En Coahuila las cosas no marchan mal; no; cada día marchan peor. Los abuelos de sí mismos, Rosendo Villarreal y Ernesto Saro son los principales asesores de un demudado Isidro, “Chilote”, López Villarreal, que al tratar de reconstruir la imagen urbana del Centro de Saltillo, cavó su tumba. Nunca han podido vender una imagen de trabajo, profesionalización y manos limpias; será porque no lo hay. Y la tercia anterior deletreada son bebés de pecho comparados con el cacique azul, el lagunero Guillermo Anaya Llamas, el cual ve de lejos a Coahuila y se conforma con las migajas (abundantes para él) que dejan caer del banquete opulento los priístas. Él y nadie más es el responsable de las recurrentes derrotas.
Luego de su trabajo legislativo en México, luego de su alto puesto como Diputada federal, ¿Esther Quintana volverá a su eterno lugar de aguafiestas y amargura hacia el poder, o de verdad tejió una red de promotores, estructura y casas de ejecución y campaña en el Estado con miras a lograr una Senaduría o de plano, la Gubernatura de Coahuila? ¿Dónde está ahorita Dora Martínez? ¿Está recorriendo su Distrito para ganarlo en la próxima elección? ¿Revivirán un cadáver como a Óscar Mohamar, el autollamado “muñeco”, que no supo atesorar en su momento la ingente cantidad de votos depositados para él, votos que la ciudadanía le confió?
Señor lector, se avecinan las elecciones en Coahuila y si no hay una decisión en contra del centro de México (Manlio Fabio Beltrones les va a dar un manazo), aquí el Clan Moreira ya impone a su candidato, con lo cual serían 18 años de moreirato en la figura de Miguel Ángel Riquelme, el cual no levanta. Pero, ¿a quién ponerle enfrente? A Silvia Garza, la senadora panista invisible a la cual nadie saluda en los restaurantes locales por que nadie conoce. Poner en la urna a Guillermo Anaya como ficha reciclada. Poner a un demacrado y avinagrado Jorge Zermeño. Poner a un descastado “Chilote” López Villarreal…
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Renovarse o morir. Miguel Ángel Wheelock no irá por el PAN, pero prepara sorpresas…